La embustera

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La aparición ayer de Cristina Fernández en un repostaje que le hizo Luis Novaresio en el portal de noticias Infobae y que tuvo una enorme repercusión en todos los medios, sirvió para terminar de comprar el nivel de pérdida del sentido de las proporciones del que –hace rato- padece la ex presidente.

Desubicada, maleducada, interrumpidora serial, aprovechadora de la buena educación ajena para hacer gala de la peor suya; fue, en fin, una especie de resumen en dos horas de lo que contiene y trasmite este personaje deleznable: mentira, cinismo, egolatría, falsedad, impostura, altanería, odio, postura actoral impostada (gracias a las enseñanzas de otra corrupta –Andrea del Boca-).

Fernández dijo no recordar la frase de Aníbal Fernández cuando su ex jefe de gabinete afirmó que Argentina tenía menos pobres que Alemania. No solo el hecho se constituyó en un hazme reír generalizado en todo el país, sino que fue reproducido por todos los medios, aquí y en el exterior, como una especie de excentricidad más de la Argentina. Además, se basó en estadísticas que ella misma había publicitado apenas unos días antes en una reunión internacional de la FAO. Pero ahora no se acuerda.

La ex presidente pareció enojarse cuando Novaresio le dijo que ella era una empresaria, igual que Macri. “No, no, perdón: a Cesar lo que es del Cesar ya Dios lo que es de Dios; yo he sido una dirigente política toda la vida”, dijo, sin que se le moviera un pelo.

¿Cómo hizo su inmensa fortuna, entonces? Si solo fue una dirigente política y no otra cosa, con la máxima aspiración de ser una funcionaria pública (con los sueldos de un funcionario público), ¿de dónde sacó el dinero, las propiedades, los hoteles, las tierras, las joyas y el nivel de vida del que disfruta?

Como todo argumento de defensa para justificar su enriquecimiento dijo “Yo fui sobreseída”, olvidando que lo fue en una causa que la mayoría del foro argentino considera que debería ser considerada como de “cosa juzgada írrita”, es decir, que contiene los elementos de aquellos casos en donde el pronunciamiento final está seriamente sospechado de parcialidad. Tanto como que fue dictado por un juez muy discutido como Norberto Oyarbide en un trámite que tomó como base de decisión un informe contable de parte firmado por el contador de los Kirchner, Alfredo Manzanares (hoy detenido con prisión preventiva), y cuya apelación, sospechosamente no fue presentada por el fiscal Taiano el mismo día en que le secuestraron a su hijo.

Dijo que inundó a los argentinos con cadenas nacionales para compensar a toda la prensa que tenía en contra cuando desde el gobierno se había conformado un verdadero conglomerado de prensa oficial destinada a elogiar su gestión.

Desconoció que fuera un delito que, en su calidad de presidente, dispusiera la contratación de sus propios hoteles (sobre cuya propiedad tampoco dio ninguna explicación coherente) por parte de empresas que dependían directamente de ella como jefa del Estado.

Trató de explotar sensibleramente el tema de Santiago Maldonado haciendo hincapié en la solidaridad con la familia cuando ella jamás fue capaz de levantar un teléfono para siquiera llamar a alguno de los familiares del estrago de Once y se escapó, junto a su marido, al Calafate para refugiarse debajo de la cama cuando el 30 de diciembre de 2004 se producía la tragedia de Cromagnon.

Por supuesto que enfrentar a una embustera de semejante magnitud es muy difícil y todos debemos ponernos en el lugar de Luis Novaresio. Pero, desde afuera, -y lo vuelvo a remarcar: desde afuera, conociendo el paño y sabiendo lo difícil que es estar ahí, en vivo- dio la impresión de que nuestro colega debió haberle advertido que no estaría dispuesto a seguir manteniendo un pretendido diálogo en donde constantemente la ex presidente le cortara el hilo del razonamiento, la lógica de las preguntas y la posibilidad lisa y llana de hablar.

De vuelta, con las salvedades del caso y sabiendo que desde aquí todo es mucho más fácil yo le hubiera dicho: “Señora si usted, por una vez en la vida, me deja hablar le voy a contar una anécdota: la policía norteamericana tiene un sistema de dar tres advertencias antes de actuar. Voy a hacer lo mismo a partir de ahora; le voy a advertir y a contar las veces que me interrumpe; a la tercera vez que lo haga me voy a levantar y me voy a ir, dejándola sola para que usted haga lo que me parece que pretende: una cadena nacional en lugar de un reportaje”

Pero, repito, desde aquí es muy fácil dar lecciones y decir lo que uno hubiera hecho en el lugar de otro.

Si me gustó cuando Luis le dejó bien en claro –frente a un argumento completamente tirado de los pelos de pretender vincular la reforma laboral con el narcotráfico- que las condiciones para la explosión exponencial del narcotráfico se habían producido durante su gobierno y por las condiciones sociales que ella había generado.

Y finalmente algo que va al corazón de lo que esta señora –y muchos como ella- tienen metido en el tuétano. Fernández dijo “¿cómo puede ser que a un gobierno elegido tres veces por el pueblo” (incluso remarcando aquí los porcentajes por los que había sido elegido) “se lo quiera presentar como una asociación ilícita?”

Parece que en el fondo de su razonamiento radica la matriz de que los votos borran los delitos y que, amparados en ellos, las personas pueden violar las normas del código penal transformándose en impunes por la supuesta bendición “del pueblo”.

Pues no señora: no es así. Usted puede haber sido votada por el 100% del padrón e igual ser la peor de las delincuentes. Es más hay muchas más posibilidades de que así suceda porque si eso ocurre es posible (como de hecho ocurrió) que usted se sienta que está por encima de la ley.

Usted y su marido fueron los jefes de una banda criminal constituida antes de ganar los sillones del Estado, precisamente para camuflarse en la política y tener acceso a recursos que nunca hubieran podido robar ni aunque hubieran dado un golpe comando a los 25 bancos más grandes del país. Solo las fortunas del Estado les permitían acceder a semejante botín y armaron la banda para eso. Ningún endoso ciudadano la pone al margen de la ley. Ese es el chip que debe cambiar en su cerebro. Usted no es una ciudadana que por el hecho de ser votada no pueda ser la jefa de una banda. De hecho lo fue y lo es. Y ojalá la Justicia deje plena constancia de eso más rápido que tarde.


  • Norma Corrieri

    Totalmente de acuerdo con vos Carlos. Siempre tan claro en tu editorial. Esta mujer no cambiará nunca es una atropelladora y lo peor es que esta convencida de que es dueña de la verdad.
    La única verdad es que destruyó un país, de eso tal vez se sienta digna de recibir un premio nobel.