Chicago, el viento no importa

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El día que llego a Chicago llovizna y el cielo está muy cubierto. Ya habíamos tenido que esperar una hora extra en nuestra salida desde el aeropuerto de Miami porque el tiempo en Chicago estaba muy feo. La pista sobre la que desciende el Boeing 767 aparece de golpe en mi ventanilla, porque las nubes no despegaban más de 50 metros del piso.

Vengo a la convención de turismo más grande de los Estados Unidos conocida por su sigla IPW y que todos los años organizan en conjunto la Asociación de la Industria de Viajes y la agencia federal Brand USA, un organismo mixto público-privado de promoción del turismo norteamericano. La sede rota todos los años y las ciudades pelean mucho para ser anfitrionas.

Cuando llego al cuarto del hotel Sheraton Grand, justo al borde del Chicago River, y abro las cortinas descubro que estoy en medio de las nubes. Estoy en el piso 30 y no alcanzo a ver nada, ni la calle, ni los edificios de enfrente, ni el río que debería aparecer a la derecha de mis ventanas.

Pero ya tengo decidido no perder tiempo. Me cambio, me pongo ropa de abrigo, calzo mi mochila -en la que no me olvido de meter la cuponera de Chicago City Pass que te permite buenos ahorros- y salgo. La lluvia paró, pero no hay dudas de que hace frio. Un termómetro de la calle marca 5 grados centígrados.

Enfilo hacia la N Michigan Ave, apenas a unas cuadras de la puerta del hotel. Estoy justo en uno de los extremos de la “Magnificent Mile”, el nombre que remite a todo el tramo de esta avenida que va desde el Chicago River, por el sur, hasta North Lake Shore Drive, por el norte.

La “Milla Magnífica” es para caminarla sin apuro, disfrutando de sus cuidadas vidrieras, donde es posible encontrar grandes nombres de la moda, afamadas tiendas por departamento, bares y restaurantes.

A las pocas cuadras me topo con el Apple Store, como siempre lleno de gente jugando con los dispositivos que se despliegan en las grandes mesas del salón. En la cuadra siguiente el Disney Store y más allá Neiman Marcus.

El tiempo ha mejorado notablemente. El famoso viento de Chicago debe haber limpiado las nubes que hace un rato cubrían todo el cielo. Sigue haciendo frio pero ahora se filtra algún rayo de sol que empieza a darle color a todo.

Llego a la intersección de Chesnut St que era el propósito de mi destino. Aquí se la levanta la enorme estructura de acero negro llamada John Hancock Buliding una de las torres más altas de ciudad, junto con la ex Sears Tower, hoy Willis Tower. En la planta baja un enorme local de Best Buy con los típicos equipos electrónicos. A mitad de cuadra por Chesnut, se encuentra la entrada al edificio que permite el acceso al Observatorio del piso 96. La City Pass me permite ahorrar tiempo de colas y algunos dólares.

Increíble lugar con una vista espectacular no apto para los que padecen de vértigo. Me saco una foto en la “tilting glass platform” que no es otra cosa más que un “balcón” deslizante herméticamente cerrado y completamente de vidrio, en donde parece que estás suspendido en el aire. La experiencia es genial. Son ocho posiciones para otras tantas personas de una estructura que se desliza hacia el vacío unos 45 grados saliéndose de la línea de edificación y que te permite tener una vista impresionante de la ciudad, del lago Michigan y de Magnificent Mile.

Desde los otros tres costados del edificio se ven los otros tres puntos cardinales, pero allí, al menos por ahora, no hay sistema Tilt.

En el piso hay un coffee shop ideal para tomar un café desde donde se pueden seguir teniendo vistas espectaculares.

Hay también un planetario súper entretenido con toda la explicación sobre las constelaciones, las estrellas y los viajes espaciales. Y por supuesto no puede faltar la consabida tienda que está bárbara, con muchísimas cosas para los chicos y para los grandes también.

Al bajar como algo rápido en The Cheesecake Factory y llego hasta las costas del Lago Michigan en North Lake Shore Drive. Contemplo esa inmensa masa de agua, con la enorme playa de arena dorada y pienso que cualquiera que cayera aquí del espacio exterior no podría creer que ésta es una ciudad mediterránea. Las costas del estado vecino -Michigan- con la ciudad de Detroit a su vera, ni siquiera se ven desde el Observatorio de la torre Hancock y lo que uno parece tener enfrente es un enorme mar celeste.

Inicio el camino de regreso por la vereda de enfrente de “The Magnificent Mile”, paso por la Chicago Water Tower que fuera originalmente construida para alojar una enorme bomba para extraer agua del Lago Michigan, potabilizarla y distribuirla en la ciudad. Es la segunda torre de agua más antigua del país, después de la de Louisville Kentucky. El edificio sirve ahora como Oficina de Turismo de Chicago y como sede de una galería de arte conocida como “City Gallery in the Historic Water Tower” que contiene trabajos y fotografías de artistas locales.

Sigo caminando y siguen apareciendo tiendas de primeras marcas, Polo Ralph Lauren, Banana Republic, Tiffany & Co, Saks Fifth Av, Crate & Barrel, Cartier, Boss… El frío sigue, por eso paro unos minutos en Starbucks para buen café con muffins porque sé que mi próximo propósito es hacer el paseo por el Chicago River y va a estar realmente fresco.

El recorrido puede -y debe- hacerse a pie y en barco. El paseo por la orilla queda en un subnivel, por lo que se accede por escaleras. Parto desde el puente en Michigan Av enfrente del edificio Wrigley y el Chicago Tribune. Se pueden apreciar los distintos edificios y hay muchos bares y lugares para escuchar música -los famosos “blues”-, en medio de un ambiente muy seguro. Regreso en una embarcación con una platea aterrazada descubierta desde donde se pueden apreciar, cómodamente sentados, todos los edificios que bordean al río por donde se realiza el tour, el mismo que se “pinta” de verde en marzo durante el St Patrick Day.

Chicago es una ciudad que tiene muchos elementos para ser competitiva de New York. Es un centro de moda, financiero, comercial, tiene edificaciones espectaculares… Pero hay un partido en esa comparación que se juega a muerte: el que va entre las pizzas “estilo Chicago” y las pizzas “estilo New York”. La gran diferencia es la misma que hay entre nuestras “media masa” y “piedra”. La primera más gruesa y la segunda bien finita. Chicago es la casa de la pizza “media masa”; New York la de la pizza a la piedra. Probablemente la comparación, en cuanto a elegir un ganador, jamás pueda resolverse porque muchos entendidos la definen como una experiencia de comida completamente diferente, tan diferente como comer una galletita o una torta de chocolate.

El resultado se complica más porque tanto en Chicago como en New York también hay lugares que hacen excelentes pizzas del estilo opuesto, con lo que la palabra final siempre dependerá del gusto de cada uno.

En lo personal prefiero la pizza a la piedra, lo que aquí llamaríamos “New York style”. Pero como fanático de la pizza que soy, me voy a “Giordano’s”, a tan solo una cuadra de la Magnificent Mile en E. Superior St. y N. Rush St., para probar una buena media masa.

El lugar se ufana de tener la mejor pizza “Chicago Style” desde 1974, usando las técnicas traídas de Italia y los mejores ingredientes. Cuando llega el plato no lo puedo creer: esto es más que una pizza; es una especie de tarta rellena. El queso es exquisito (luego conversando con el gerente me cuenta que está especialmente hecho para ellos en una granja de Wisconsin) y, la verdad, tengo que admitir, estuvo buenísima.

 

Al día siguiente la organización de la Convención tiene pensado para la prensa acreditada un paseo en barco por el Lago Michigan. Parece que la Travel Industry Association y la Brand USA tienen banca hasta con el clima, porque amanece un día brillante, ideal para un crucero.

Antes recorremos el Navy Pier, un lugar fantástico. Esta área recreativa de 20 hectáreas de entretenimientos reúne  museos, actividades culturales, restaurantes y tiendas. Es un lugar perfecto para un momento de diversión familiar.

Allí está también el Parque Pier en donde se puede dar una vuelta en la rueda de la fortuna de 45 metros que ofrece vistas espectaculares de la ciudad y del Lago Michigan. También hay un divertido carrusel musical, el Wave Swinger -un juego que se eleva y gira- un campo de golf en miniatura, barcos a control remoto y mucho más.

Los más chicos pueden explorar las maravillas educativas del  museo para niños, el “Chicago Children’s Museum”. Allí pueden visitarse el Jardín Gigante, la Expedición de los Dinosaurios, el Laboratorio de Inventos y trepar por la Goleta de la familia Klover. Pasamos por el Amazing Chicago’s Funhouse Maze, donde se puede  disfrutar del Laberinto de Espejos y el Tunel Giratorio.

No es el caso nuestro, porque el crucero incluye el almuerzo pero quien quiera puede almorzar en Bubba Gump’s Shrimp Co., en Harry Caray’s Tavern, o en Jimmy Buffett’s Margaritaville. La última incorporación al panorama gastronómico de esta zona es City Porch, ubicado en la mitad del Museo de Vitrales Smith.

El crucero es fantástico. El día es brillante y el “skyline” de la ciudad se recorta sobre un cielo azul profundo, sin una nube. Hace frío de todos modos, así que la comida es bienvenida. Abundante y rica, la comparto con mis colegas argentinos que han llegado como todos los años para cubrir el evento.

 

Los que siguen estas columnas se habrán dado cuenta ya que considero a la bici uno de los mejores elementos para conocer una ciudad. Si bien uno puede alquilar bicis en puestos municipales como los que hay ahora en Buenos Aires, en donde podes sacarla en un lugar y devolverla en otro, todo automáticamente, prefiero tomar un tour guiado con la gente de Bobby’s Bike Hike Chicago. Elijo el tour de la mañana que comprende el downtown, el Lincoln Park, la playa y algunas zonas más.

Al llegar dividieron el tour en dos partes, familias con niños por un lado y todos los demás por otro, lo cual fue muy bueno. Nuestro tour guide fue Eddie, un tipo alegre, con muy buena onda y que se nota que le gusta lo que hace. El tour es suave, no exige físicamente, así que es muy recomendable para hacerlo en familia. Si hubiera tenido tiempo, me hubiera encantado tomar otros tours en bicicleta que ellos ofrecen.

 

Fanático de los deportes como soy no me pierdo la visita a The Soldier Field y al Wrigley Field. El primero es un estadio de fútbol americano en la zona de South Side dentro del Burnham Park. Allí juega de local el equipo de los Chicago Bears de la National Football League. También fue sede del Chicago Fire de la Major League Soccer desde 1998 hasta 2005. El estadio tiene capacidad para 61,500 espectadores, lo que lo convierte en el estadio de la National Football League de menor capacidad, detrás del Oakland-Alameda County Coliseum que cuenta con una capacidad de 63,023 espectadores. Para recibir a los Bears el estadio se remodeló. Se construyó una tribuna más, lo que hizo que cambiara su forma de U por una que lo hace parecer más a una bala. También se agregaron asientos a las tribunas existentes lo que hizo que el campo estuviera más cerca de las gradas y se sustituyó la superficie de pasto por césped artificial AstroTurf. El césped sintético fue retirado en 1988 y se reincorporó el pasto natural. Con motivo de la Copa Mundial de Fútbol de 1994 se le añadieron más asientos individuales, lo que redujo su capacidad a 66,944 espectadores.

En 2001 el Chicago Park District, dueño del estadio, anunció la intención de remodelarlo, situación criticada por el diario local Chicago Tribune, aun cuando los dueños argumentaban que la remodelación era necesaria.

Para cuando se terminaron los trabajos, en 2003, la reacción fue desigual, por un lado el periódico neoyorquino New York Times lo clasificó como uno de los 5 mejores edificios construidos en 2003 mientras el crítico de arquitectura del Chicago Tribune lo llamaba “la monstruosidad en la orilla del lago.” En 1987 el estadio había sido declarado como Hito Histórico Nacional, pero el 24 de septiembre de 2004, debido a la remodelación de 2003, el comité consultivo federal por unanimidad decidió retirarlo de la lista. Así el 17 de febrero de 2006 el Soldier Field perdió oficialmente la designación de Hito Histórico Nacional.

El Wrigley Field es el nombre de uno de los estadios de ligas mayores de béisbol. Es la casa de los Chicago Cubs desde 1916. Está ubicado en la zona residencial de Lakeview. Abrió sus puertas en 1914 con el nombre de Weeghman Park, nombre que ostentó hasta 1920. En ese año cambió al nombre de Cubs Park, que sólo duró hasta 1926, en que tomó el nombre que lo ha hecho legendario hasta hoy.

La superficie es de pasto natural y tiene capacidad para 41,118 espectadores. Lo más curioso del estadio está fuera de él. Uno de los extremaos de la cancha tiene tribunas muy bajas y enfrente hay edificios de viviendas particulares. ¿Qué hicieron los vecinos? Consiguieron un permiso municipal para construir, en las azoteas, plateas con vista directa a la cancha, casi con mejor perspectiva que las del propio estadio. Los días de partido los consorcios cobran una entrada y los fanáticos la pagan para ver a su equipo favorito desde ese lugar. Only in America!

El estadio tiene un área VIP con un pub espectacular para ver el partido desde privilegiados ventanales mientras se come y se toman litros de cerveza.

 

La Sears Tower llegó a llevar la cucarda de ser el edificio más alto del mundo, hasta que las torres Petronas, diseñadas por el argentino Cesar Pelli, en Kuala Lumpur, la destronaran hace ya muchos años. Hoy ya no lleva el nombre de la icónica tienda de departamentos que ha sido cambiado por el de Willis Tower.

La vista de la ciudad es excepcional. Es increíble la velocidad en la que suben los ascensores al piso 100. El mirador de la Torre Willis, llamado el Skydeck, abrió el 22 de junio de 1974. Ubicado en el piso 103 de la torre, está a 413 metros de altura y es una de las atracciones turísticas más famosas de Chicago. Los turistas pueden experimentar cómo el edificio se balancea en un día ventoso. Pueden ver hasta las planicies de Illinois y hasta el Lago Michigan en Indiana, Michigan y Wisconsin en un día despejado. El Skydeck compite con el piso de observación del John Hancock Center, que es 98 metros más bajo. Unos 1,3 millones de turistas visitan el Skydeck anualmente. Un segundo Skydeck en el piso 99 es usado cuando el piso 103 está cerrado.

En enero de 2009, los dueños de la Torre Willis comenzaron una renovación del Skydeck, para incluir la instalación de unos balcones de vidrio, extendidos aproximadamente un metro y medio sobre Wacker Drive desde el piso 103. Las “cajas” de vidrio permiten mirar a través del suelo hasta la calle, a 412 m por debajo. Las cajas, que pueden soportar 5 toneladas  de peso, abrieron al público el 2 de julio de 2009. Una cámara ubicada en uno de los ángulos del techo te saca una foto para la que podes posar como se te antoje: muchos ponen cara de terror, otros de caída libre, otros se acuestan en el piso para dar la sensación de estar volando, en fin, la imaginación no tiene límites.

 

Si bien Chicago es una ciudad que mantiene la escala humana y no abruma, el Millenium Park aporta aún más belleza a su impactante arquitectura urbana. Tiene hermosas esculturas y un gigantesco anfiteatro donde se suelen brindar espectáculos musicales.

Este parque es el mejor lugar para relajarse de la intensa vida de la ciudad. Ideal para disfrutar en familia. El Cloud Gate (The Bean, coloquialmente) es una de las varias atracciones en el parque. Se trata de una escultura pública del artista indo-británico Anish Kapoor. Fue construida entre 2004 y 2006, pesa 98 toneladas  y está compuesta por 168 placas de acero inoxidable soldadas entre sí. Su exterior está pulido, por lo que no tiene aparentemente costuras visibles. Es ideal para sacar fotografías con efecto “ojo de pescado”.

El parque tiene una gran pista de patinaje sobre hielo donde se puede patinar todo el tiempo que uno quiera por solo 12 dólares del alquiler los patines.

Cruzo el parque y visito, en mi último día en la ciudad, el Chicago Cultural Center. La entrada es gratis. Fue una antigua biblioteca y reúne gran parte de la exquisita elegancia de la ciudad. La arquitectura te atrapa; uno queda maravillado por su espectacular cúpula vidriada. Hay una sala decorada con mosaicos que llevan frases de autores de diferentes disciplinas de la ciencia y la cultura. El Centro sirve en ocasiones de auditorio para música de cámara y es la sede de la Bienal de Arquitectura.

Antes de volver al hotel visito, a solo una cuadra y media del Millenium hacia el oeste por Jackson St., un local de Barnes & Noble, una de las cadenas de librerías más famosas de los EEUU. Compro un libro sobre la arquitectura de Chicago, la ciudad en donde nacieron los rascacielos.

Famosa por sus vientos, puedo dar fe de que Chicago tiene tantos atractivos y es una urbe tan excepcional, que el viento es lo de menos.