La crisis en Brasil y las preguntas argentinas

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La cuestión que estalló en Brasil, que viene hirviendo en un denso caldo de cultivo hace tiempo ya, pero que ayer cobró una fuerza desaforada por la revelación de audios que comprometen directamente al presidente Tener, tiene diversas derivaciones para la Argentina.

En primer lugar, claro está, las económicas; aquellas que hacen impacto en la industria y en las economías regionales por ser Brasil nuestro mayor socio comercial, en otras palabras, nuestro principal comprador.

Como ocurriría con cualquier empresa o cualquier negocio familiar, cuando por cualquier motivo el principal cliente se resiente uno paga las consecuencias, porque aquel, obviamente, tomará medidas restrictivas y precautorias que van a incidir directamente en nuestro negocio.

La situación ocurre cuando, justamente, una serie de variables empezaban a dar la impresión de que la situación económica brasileña comenzaba a dar señales de mejoramiento.

La pérdida de riqueza del sector privado en un solo día –reflejada por el desmoronamiento del valor de las acciones representadas en el índice BOVESPA- ha sido inmensa. El real también se depreció contra el dólar, lo cual no nos ayuda para nada desde el punto de vista comercial.

La mala suerte del gobierno de Macri en ese sentido (respecto de las condiciones internacionales con las que interactúa) ha sido francamente proverbial, notoria.

Después de establecer una relación fluida con Obama y con los EEUU, se encontró con el impredecible de Trump; en la región Venezuela se ha vuelto un polvorín en manos de un dictador y ahora Brasil descubre a su presidente en grabaciones que dan el visto bueno a actividades corruptas. Si se comparan estas condiciones con aquellas que hicieron cálido en nido del kirchnerismo uno francamente se agarra la cabeza.

Pero al lado de estas cuestiones que tienen que ver estrictamente con lo material, con lo económico y con lo relacionado con los flujos de dinero, lo que ocurre en Brasil también tiene repercusiones de otra índole en la Argentina.

En efecto los escándalos de corrupción que involucran a empresas relacionadas con la obra pública brasileña tienen derivaciones locales que aún no se conocen con precisión. Ese es un dato inquietante si se lo analiza a la luz de la diferente velocidad con la que uno ve actuar a la Justicia de uno y otro país.

Sin ir más lejos hace 48 hs un juez federal decretó la falta de mérito contra el mayor responsable del manejo de dineros públicos en el terreno de las licitaciones y de las obras públicas como fue Julio De Vido, en ese caso, en la causa Sueños Compartidos.

¿Por qué no se avanza más rápido en la Argentina en este terreno en donde ex funcionarios públicos están acusados de haber robado miles de millones al pueblo?

Hace 20 días en jefe de la Policía de la Ciudad quedó detenido como consecuencia de que las iniciales de su nombre aparecían en un cuaderno de un comisario de Saavedra, mientras que Cristina Fernández y decenas de sus funcionarios que no pueden justificar un décimo de sus posesiones andan dando vueltas por el mundo dando “conferencias” y dictando cátedra sobre lo que debería hacerse.

Sin ir más lejos, este último caso brasileño, nos entrega la imagen de un país desmoronado por una grabación, cuando en la Argentina las pruebas se juntan por colecciones de cuerpos en los juzgados -incluyendo, grabaciones, videos, bolsos con millones de dólares revoleados a las 3 de la mañana en conventos extraños, horas y horas de diálogos que Nisman juntó y organizó solo para cavar su propia fosa- y no pasa nada… La gente tiene la sensación de que quienes cometieron todas esas tropelías están cerca de salirse con la suya.

Es muy extraño lo que está ocurriendo, o, mejor dicho, lo que no está ocurriendo. ¿Cómo es posible, concretamente, que la ex presidente no esté presa?, ¿cómo puede ser que Julio De Vido sea el presidente de la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados siendo justamente la “energía” lo que De Vido destruyó durante su gestión?, ¿cómo no hay medidas procesales contundentes después de lo que se averiguó en la causa Los Sauces, Hotesur y la Ruta del Dinero K?

Dicen que en Brasil una vía para salir de este tsunami de credibilidad, en donde nadie del mundo político parece haber quedado en pie, es justamente la Justicia. A tal punto que tres personajes provenientes del poder judicial (el juez Moro, la presidente de la CSJ y un ex titular de ese tribunal Joaquim Barbosa) se mencionaron como posibles salidas para completar el periodo de Temer.

Más allá de la viabilidad constitucional de esas alternativas –que parece no ser mucha- lo cierto es que el ámbito de la Justicia parece haberse abstraído del desastre, justamente porque ha dado  muestras de actuar.

¿Puede decir lo mismo la Argentina en donde los meses pasan, las groseras pruebas -muchas aportadas por la acción de la prensa- se acumulan y los jueces no toman determinaciones sustantivas? Claramente no. Y eso aporta una diferencia significativa con Brasil que podrá estar atravesando una severa crisis política pero que parece ha guardado una reserva de honor judicial que cuesta encontrar entre nosotros.