La calle

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El kirchnerismo ha convocado para hoy, 29 de enero, a la “marcha de los ñoquis” en queja por los despidos en áreas del Estado donde el gobierno de Fernández había nombrado a miles de agentes acomodados, de su signo y simpatía política con el solo objeto de encontrar en esa jugada una nueva manera de complicar la situación del gobierno de Cambiemos.

Siguiendo el inveterado principio que siempre alumbró su gestión, esto es, “los argentinos no me importan nada, solo me importa mi proyecto de poder”, Fernández y sus amanuenses movieron esa ficha jugando con las personas –como hicieron siempre- como si fueran piezas de un tablero de ajedrez: las colocaron allí a sabiendas de que Macri iba a tener que tomar medidas con ellas y que eso daría pasto a fabricar el verso de la “insensibilidad social”, el “despido de trabajadores”, “la concepción neoliberal insolidaria”, etcétera, etcétera. Todo fue calculado; nada fue hecho al voleo.

El gobierno de Fernández no buscaba siquiera entregar cifras de desempleo desfiguradas para mejor: solo buscaba plantar una semilla de discordia con un timer que estallara después del 10 de diciembre.

Esa estrategia se enmarca perfectamente dentro de la idea del “revolucionismo” que intenta llevar un clima de malestar a las calles para que la gente genere un estado de efervescencia que atente contra la gobernabilidad y la proyección de los planes del nuevo gobierno.

Fernández y su gobierno sabían perfectamente que las miles de personas que aparecían publicadas en el Boletín Oficial antes de que ella abandonara la presidencia iban a ser despedidas. La ex presidente jugó con esas personas como si fueran carne de cañón, animalitos de un laboratorio de pruebas. Nunca se interesó por cómo se llamaban o qué sería de sus vidas. Ella solo enfocaba su atención en lo que seguiría luego, cuando la situación de hecho le permitiera a sus agitadores hablar de “la gente que Macri dejaba en la calle”.

La calle es un elemento esencial en la estrategia del kirchnerismo. No habrá elemento, por mínimo que sea, que no vaya a ser utilizado para generar un clima de caos y de “impopularidad”. Tal es el caso de Milagro Sala, una delincuente que debería estar presa hace rato y que fue parte de una red de tráfico de dinero hacia el poder que ojalá pueda ser desbaratada a través de la aplicación exitosa de una ley del arrepentido, proyecto que será enviado al Congreso el 1 de marzo próximo.

Resulta obvio que Sala se hizo multimillonaria. Pero para ese propósito hacía falta mucho menos dinero del que ella recibió. ¿Dónde está esa diferencia?, ¿quién fue su destinatario final? Eso es lo que debe averiguarse y lo que debe saberse.

La exigencia sobre la excarcelación de Sala, bajo el argumento de que los delitos que se le imputan tienen penas que están alcanzadas por ese beneficio, olvida que las excarcelaciones en la Argentina no son automáticas y que si bien son una prerrogativa del juez, no son una obligación para él. El juez puede negarse a conceder la excarcelación cuando suponga que el imputado puede fugarse o, también, cuando de su conducta se derive que pretende obstruir la marcha del proceso.

En ese sentido el juzgado que lleva la causa de la líder de la Tupac Amaru entendió que debe seguir detenida cuando comprobó que un certificado médico que presentó para respaldar su solicitud de excarcelación era falso. De ese hecho el juez concluyó que Sala tiene intenciones de obstruir el accionar de la Justicia.

No obstante el “callejismo” del kirchnerismo lo llevó a organizar un acampe en la Plaza de Mayo hasta que Sala sea liberada, porque la consideran una “presa política”. Llama la atención cómo esas mismas organizaciones se callaron cuando un periodista, Juan Pablo Suarez, fue detenido en Santiago del Estero en pleno gobierno de la presidente Fernández por el mero hecho de difundir un video de la policía provincial, cuando Zamora era el gobernador del estado. Obviamente mucho menos han dicho de Leopoldo López en Venezuela detenido y condenado a 14 años de prisión, aun cuando el fiscal que lo acusó, pidió asilo político y confesó de que se trató de un juicio armado con todas las pruebas falsas.

La Justicia mandó a desalojar la Plaza de mayo y el gobierno dijo que cumplirá lo instruido por los jueces. Más vale que se cuide. Porque un paso en falso allí puede agregarle  más leña al fuego.

¿Comprende la gran sociedad todos estos vericuetos? El hombre común que debe levantarse cada día para ir a trabajar para buscar su sustento, ¿discierne estos golpes bajos, esta urdimbre de tácticas que tienen como objetivo final impactar en su conciencia? No lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que hay muchos perdedores del modelo K que harán todo lo posible para recuperar sus posiciones de privilegio: mentirán, se harán los preocupados socialmente, apelarán a los derechos humanos, a la sensibilidad y a envolverse en la bandera argentina “para defender a La Patria”. Patrañas.

Si alguien jugó con todos nosotros para beneficio personal fueron ellos. El gobierno de Cambiemos deberá ser muy astuto para enfrentar esa astucia. Astuto, profesional, abierto, confiable y sobre todo no encerrarse en su propio círculo. Escuchar, corregir y siempre actuar con la ley en la mano y sobre todo con la mejor gente disponible para cada tarea, más allá del amiguismo y de las cercanías políticas que muchas veces pueden ser muy leales pero no estar a la altura de los desafíos por resolver.