Hablemos de esto, por Dios

villas miseria

El populismo radicalizado de los Kirchner que, sin ninguna duda, cuando la jefa de la banda entregó todo el poder ideológico a la tendencia chavista de La Cámpora, pergeñó un horizonte venezolano para la Argentina, empezó bien por los cimientos de ese edificio maléfico.

Desde el principio supieron que la generación de una masa inculta, mal nutrida, pobre (y muchas veces directamente indigente) con salud precaria y en condiciones paupérrimas de vida era un vértice absolutamente imprescindible para su plan. Era una gema, una joya de la que solo podían extraerse ventajas.

Por empezar, hacía coincidir la expansión inagotable de esa masa desgraciada con la cultura popular nacionalista-católica según la cual la pobreza es una virtud. Eso les daría una pátina de superioridad moral y de empatía con una creencia que forma parte de nuestras tradiciones más cimentadas.

Por supuesto que la pobreza no es una virtud: la pobreza es una catástrofe. Y no me la empiecen a dibujar con que la tradición nacionalista–católica se refiere a la “pobreza de espíritu” y no a la material porque eso es un verso. La pobreza es una catástrofe siempre: la material y la de espíritu. Y no sé si no es peor ésta última porque de un espíritu pobre no se puede esperar más que decepciones, depresión, pesimismo y negrura.

La pobreza de espíritu no tiene nada que ver, por lo demás, con la austeridad y la humildad genuinas, que, justamente, suelen acompañar a los grandes de verdad y a los que probablemente sean materialmente ricos.

Para continuar con las ventajas que traía la creación de una gran fábrica nacional de pobres, digamos que ellos serían dependientes del poder clientelar del Estado, encarnado –desde ya- en la banda kirchnerista y en sus secuaces, como estuvo encarnado en Chávez y ahora en el impresentable Maduro en Venezuela.

Para asegurarse la procreación geométrica de pobres nacidos en condiciones paupérrimas, los Kirchner idearon los planes pagaderos por embarazo: a más embarazos, más planes; a más planes más ingreso. Este cuadro generó una situación según la cual una familia pobre, dependiente de un plan tenía cuatro hijos, esos cuatro tenían ocho, eso ocho dieciséis, y así sucesivamente.

Esos chicos ya son gestados en condiciones en las que la madre no ingiere la cantidad de proteínas mínimas necesarias para la formación cerebral normal del feto.

A su vez, cuando esos chicos nacen, tampoco ingieren, durante los primeros cinco años de vida, esas proteínas que acompañan la elasticidad de la corteza cerebral con lo que desde su primera niñez están condenados a la desigualdad, a la droga, a la villa miseria, al paco y, eventualmente, al crimen.

Existen estudios médicos de fuentes irreprochables que demuestran que en los bolsones de pobreza que rodean a Buenos Aires los chicos tienen a los seis o siete años los dientes marrones como si tuvieran 60 años, por falta de calcio.

La fábrica nacional de pobres comenzada por el peronismo y perfeccionada maquiavélicamente por el kirchnerismo genera día por día una bomba de tiempo  que terminará estallando cuando los que cobran cheques del Estado (porque su capacidad intelectual no les permite ser productivos) superen de tal modo y en tal cantidad a los productores de bienes y servicios (porque estos si nacieron, se criaron y se alimentaron con las dosis necesarias de nutrientes que luego los habilitan a competir en el mundo real) que la producción de estos últimos sencillamente no alcanzará para repartirla entre todos aun cuando los “productivos” sean reducidos directamente a la servidumbre y no hagan otra cosa más que trabajar para alimentar a los demás y no a ellos mismos. Es como aquel famoso chiste que dice que aun cuando hoy comemos mierda, el futuro será peor porque la mierda no va a alcanzar para todos.

Algo de eso ya ha comenzado a ocurrir porque la Argentina vive bajo una proporción de 8/42, es decir una situación en donde 8 millones de personas trabajan como burros para alimentar a la totalidad de la población.

Se calcula, por estudios de fuentes irrefutables, que la tasa de reproducción en la porción afluente de la sociedad es de 1.7 hijos. En el caso de las familias pobres esa tasa es de 5. En una palabra mientras la tasa de reproducción de los productores de riqueza crece (a lo sumo) aritméticamente -2,4,6,8, etcétera-, la tasa de reproducción de los que reciben planes del Estado (fondeados por la riqueza que producen los primeros) es geométrica -2, 4, 8, 16, 32, 64, 128, etcétera-.

Si esta bomba no se detiene estallará en otra orgía de populismo radicalizado que volverá a dirigir al país a Venezuela.

La forma de detener este desatino es con un plan monetario que desaliente la natalidad de las porciones pobres de la sociedad porque de lo contrario esa porción seguirá generando pobres de modo geométrico.  Habría que suspender ya los planes de asignación de recursos monetarios por embarazo y, al contrario, premiar monetariamente a quienes demuestren que no se han embarazado.

Solo si esta bola de nieve maquiavélicamente creada por el kirchnerismo se detiene, el país puede tener algún futuro; de lo contrario va camino de esclavizar a una parte de la población para mantener al resto y, en el extremo, ni aun así será viable.

Está claro que parte del maquiavelismo (y que constituye otra de las ventajas de esta verdadera “win-win situation [pronunciada por la jefa de la banda como “uain-uain situeshion”]) es que cualquiera que ose salir a decir que esos planes serán suspendidos y reemplazados por otros que premien el no-embarazo será catalogado como la última basura de la Tierra, dada nuestra tradición católica de cartón, amiga de las poses antes que de las realidades y proclive a evitar tomar los problemas por las astas.

Sea como sea, amigos míos, estamos frente a un problemón de dimensiones descomunales. Para darse cuenta de eso solo habría que decir que quien pretendiera explicar que esta iniciativa es en beneficio de los niños, sería rotulado como un facho mentiroso; mientras el que sigue produciendo zombies en cadena, incapaces de valerse por sí mismos cuando sean adultos y muertos en vida por la droga, el paco y el crimen, se lleva las palmas y queda como el muchacho bueno de la película…  Así nomás, tan al revés están los tantos en este país.

Esta debería ser la prioridad de gobierno número uno del país. Mientras no se tome conciencia de lo que estamos generando, seguiremos bailando graciosamente en la cubierta del Titanic, como si el asistencialismo y la solidaridad fueran a ser suficientes para salvar al buque del naufragio. Lo que no sabemos es que la rajadura del casco es de tal magnitud que ninguno de esos placebos funcionará. Al contrario, agrandarán aún más el agujero y el país se hundirá en un pozo de miseria, crimen y pauperización del que solo se salvarán los que escapen.