¡Guarda! ¡Llegó el puerta a puerta!

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Como si fuera algo asÍ como la llegada de un Apolo 11 argentino a la luna, el país festeja con la boca abierta la apertura de las compras por correo puerta a puerta, algo que en el mundo civilizado es moneda corriente hasta para los chicos.

Y no es cierto que el kirchnerismo lo prohibió por la escasez de dólares: es al revés, los dólares escaseaban por el tipo de mentalidad que llevó a imponer, entre otros, ese cepo estúpido. Es el tipo de concepción que espanta el dinero, el éxito, la vida colorida, las diferencias, la diversión.

Ahora se ha restablecido pero tampoco de modo libre sino con restricciones por monto, por kilos, por persona y por año.

No obstante, en términos generales, digamos que esta estúpida libertad permitirá, a partir del mes que viene, comprar por Internet U$S 1000 por vez cinco veces al año. Nada del otro mundo.

Sin embargo, aunque no se pueda creer, ya salieron algunos llorones a decir “¡¡Y… por familia son U$S 4000 dólares por cinco veces son U$S 20000…!!

Díganme algo, muchachos, ¿si ni siquiera están capacitados para competir contra U$S 20000 para que viven?, ¿cuál sería su ideal de país?, ¿tener a todo el mundo en una jaula antigua y oxidada a expensas de sus bolsillos llenos? ¡No querido!, ¡no es así la cosa…! No puede ser así.

Es más, resulta francamente inentendible cómo el gobierno no ha echado mano a esta herramienta de política económica para combatir la desgarradora inflación que padecemos.

La inflación, como todo el mundo sabe, es un fenómeno monetario y económico que se produce por exceso de moneda y por restricciones a la competencia.

Por lo tanto las soluciones a ese cáncer deben provenir de un achicamiento en el ritmo de expansión monetaria y por una apertura de la competencia de oferentes.

El BCRA viene trabajando bastante en línea con lo que debe esperarse de un Banco Central en estas circunstancias habiendo achicado notablemente el ritmo de crecimiento de la emisión de billetes. El mantenimiento de tasas altas también contribuye a la absorción de pesos y el ingreso de dólares trata de neutralizarse con la emisión de letras (arma ésta de extremado doble filo por la acumulación de deuda en pesos en la cuenta de resultados del Banco).

Pero la política económica viene contribuyendo muy poco al combate inflacionario. Los ministerios de Hacienda y de Producción en manos de Prat Gay y Cabrera, deberían convocar seriamente a los oferentes de bienes y servicios para proponerles un programa de aumento sustancial de la oferta de bienes o, de lo contrario, elaborar un programa progresivo de rebaja de aranceles para que los consumidores tengan opciones para abaratar sus bolsillos.

No es para nada justo que toda la sociedad sea rehén de los manejos oligopólicos de unos cuantos oferentes que cobran $ 3000 un sweater. Y que encima se ponen nerviosos porque un sistema puerta permitirá importar a una familia U$S 20000 al año.

Ni hablar en aquellos productos en donde la Argentina no es naturalmente competitiva para producir y ha inventado un enjambre contra natura de regulaciones para que unos cuantos se den el gusto de jugar a ser “industriales”.

No hay plafón para esos lujos. Es obvio que una programa de esa naturaleza será atacado desde los cuatro costados por poner en peligro las fuentes de trabajo. Lo que la Argentina necesita son empleos, no “fuentes de trabajo”. “Fuentes de trabajo” suena a aguantadero artificial que se cae a pedazos en cuanto el país trate de parecerse a algo normal. Y lo normal es que la gente tenga “empleos”, no fuentes de trabajo. Las fuentes de trabajo suenan a fuentes de ingreso insostenibles en situaciones de libertad. Y como la situación ideal de los países debe ser la situación de libertad, solo deberían existir “empleos” que son los que generan un producido capaz de pagarlos y de multiplicarlos.

El aparato productivo argentino debe llegar a la adultez de una buena vez. Y si para lograrlo el país debe adecuar su legislación laboral y su gestión jurisdiccional del trabajo para que los jueces no le den la razón sistemáticamente a una sola de las partes, pues habrá que hacerlo. Porque aquellos que se sienten “protegidos” por la existencia de “fuentes de trabajo”, de leyes laborales “progresistas” y por jueces que siempre les dan la razón, deben saber que todo ese andamiaje que creen que funciona a su favor lo están pagando con un nivel de vida paupérrimo, con inflación, con antigüedad de los servicios, sin inversión en los sectores estratégicos de la economía (lo que repercute en que no haya “empleos” porque si alguien quisiera venir a poner una fábrica de heladeras le van a decir que con mucho gusto, pero luz para las prensas no le pueden dar porque energía no hay) y a la larga con una vida miserable.

Hay que competir muchachos. Solo así se agrandará la oferta y la inflación caerá por presión de los precios hacia la baja y por adecuación de los costos a lo que el país puede pagar. De lo contrario será seguir en el mundo de los Kirchner en donde se decía que no había magia cuando en realidad la magia era lo único que sostenía esa fantasía autoritaria.


  • mrlutz

    Carlitos querido!! si Ud. hubiera puesto un título distinto al editorial, por si mismo hubiera dicho todo. Le sugiero:
    “¡Guarda! la eficiencia golpea a nuestra puerta!!

  • mrlutz

    el mismo día que Ud escribía este editorial, por el canal de la BBC se trasmitía la noticia que AMAZON UK estaba implementando el envío hasta 2 kg de peso mediante drones, dentro del territorio británico.
    Dentro de la distancia establecida, su pedido podría despacharse a la media hora de haberla concretado
    desde su computadora.
    Semanas atrás un funcionario del correo alemán informaba que las entregas utilizando drones era de un futuro cercano…

    ¿que podemos decir desde esta reserva india en la que habitamos?
    que se nos ríen en la cara…. Mientras en otros países se piensan en acelerar las entregas domésticas,
    aquí pensamos como cerrar las compras internacionales, como en una época se prohibían la recepción de trasmisiones satelitales que no fueran recibidas en las estaciones de Balcarce o Bosque Alegre y desde allí enviadas a nuestros televisores… ¿lo recuerda no? simultáneamente, Eurovisión trasmitía a distintos países llegando a cada hogar que poseyera una pequeña antena parabólica.