Guapos fáciles

El nombre que lleva la ley que impide negociar con los holdouts condiciones diferentes a las del canje de 2005/2010 es todo un símbolo: la ley se llama “cerrojo”.

Un cerrojo es un candado, una cerradura que cierra el paso hacia la libertad.

¿Cuál fue la libertad que el kirchnerismo (tan afecto, por otra parte, a esa práctica constante) quiso cercenar aquí?

Pues muy simple: la de poder establecer algún tipo de salida negociada con aquellos que no habían entrado al canje. Se trató de un intento por atarle las manos al país, ponerle una roca en los tobillos y lanzarlo al agua.

Los Kirchner se sintieron algo mas que los emperadores de la Argentina; creyeron que lo eran del Universo.

En efecto, bajo los efluvios de no se que clase de humo, supusieron que, desde su Alta Torre, podían emir una especie de bando urbe et orbi, según el cual las cosas serían como ellos dispusieran o, simplemente, no serían.

Obviamente al mundo le importó un rábano semejante altanería y le soltó la mano a la Argentina, bajo el imperio del popular principio “¿querés guerra?, pues la vas a tener”.

La guerra consistió en presentarse a los tribunales que la propia Argentina había elegido como competente para intervenir en caso de conflicto y obtener allí -como no podía ser de otra manera- una sentencia favorable, en principio, por U$S 1400 millones de dólares.

El caso se apeló y se perdió en todas las instancias, incluida la CSJ de los EEUU.

El chiste de hacerse el bravucón y de encadenarse a sí mismo comenzaba a acumular intereses.

A eso se les sumó el cúmulo de otros acreedores que, estando en las mismas condiciones, dijeron “yo también quiero el mismo trato” (los famosos “me too”).

Entre los me too y el tiempo transcurrido por la canchereada de pegarse un tiro en el pie con la ley cerrojo, la sentencia de 1400 millones se trasformó en una de casi 10 mil millones: las delicias del populismo nacionalista que termina en idioteces como ésta.

Ahora el gobierno propuso una oferta de pagar 6.5 mil millones de dólares, lo que supone una quita del 25% sobre el capital más los intereses y los punitorios.

Dos fondos de los que están en litigio la aceptaron. Falta el resto, entre los que se encuentran los duros de Aurelius, NML y Paul Singer.

Pero, aunque parezca mentira, el mayor obstáculo para salir de la situación externa que más compromete el desarrollo argentino, no está en las manos de Singer y sus muchachos sino en nuestras propias manos.

En efecto, si el Congreso no deroga la ley cerrojo toda negociación y propuesta a los acreedores será ilegal y la Argentina no podrá arreglar nada; ni siquiera reanudar el pago de los bonos de los canjes, congelados por Griesa desde junio de 2014.

Ahora parece que, con la fractura del FpV en el Congreso, parte de los diputados y de los senadores que antes sobaban las medias de la Sra Fernandez, ahora estarían dispuestos a votar el fin de la ley cerrojo.

Bienvenidos. El tema es que el chiste de hacernos los matones con el mundo nos va a costar, en el mejor de los casos, 5000 millones de dólares.

¿Qué debería decirle “el pueblo” a esa gente que se la ha dado de taita con plata ajena?

Obviamente esto ya está, ya fue. Ahora poniendo estaba la gansa.

Pero el tema debería servirnos de experiencia para no volver a vivar a un conjunto de beavucones que se la dan de machos y cuando las cosas salen mal, los das vuelta y no les sacas ni una moneda.

El pueblo debe dejar de ser tan estúpido y creerse el primer verso que le vendan con moños mezcla de gritos y patrioterismos. Debe pensar antes de endosar a guapos de cuarta que funcionan bajo el principio de “anda que lo matamos”. “Andá vos con tu plata”, debería ser la respuesta en esos casos. Porque eso de hacerse el patriota con la guita ajena y después desaparecer, no va más. Es hora de dejar de hacérsela tan fácil a quienes no arriesgan nada y con cuatro gritos pretenden llevarse todo.