Gobierno, por favor, cállate.

Protesta

El intringulis que se ha desatado alrededor de la concentración del sábado 1 de abril -que nadie sabe dónde y quien la originó- y que se propone darle un respaldo al presidente del mismo tipo y clase que utiliza la destituyente oposición kirchnerista para hartar a la gente y pavimentar un camino hacia el helicóptero, constituye un ejemplo en chiquito de lo que está ocurriendo en este momento en la Argentina política: de un lado, un facción cargada de malicia, furia, venganza, rabia y odio dispuesta a no dejar ninguna carta por jugar con tal de que conseguir su objetivo de voltear al gobierno antes de culminar su mandato para recuperar el poder; y por el otro, un gobierno que cree en la república, que no entiende que se enfrenta a la maldad convertida en fuerza política y que aun supone que es posible –en esta instancia de la Argentina- alcanzar la suavidad democrática utilizando solo los resortes institucionales que dispone la Constitución.

Hebe de Bonafini acaba de decir que “los pueblos solucionan sus problemas más graves en las calles. Ni con la Justicia ni con los parlamentos”. Lamentablemente es el idioma que entiende el tercio fascista del país; el tercio al que hay que terminar de apagar como se apagan las ultimas chispas de un pucho mal apagado.

La opción debe ser contundente: “¿querés el idioma de la calle? ¡Ahí lo tenés, así que cerrá la boca y adaptate definitivamente a vivir en democracia! Te ganamos en el terreno nuestro –las urnas de la República- y en el tuyo –en el muchedumbrismo de las calles-. Basta: déjate de joder. Terminá con esta historia de hartar a la gente para voltear al gobierno y volver al poder para robar”

Resulta obviamente lamentable tener que llegar a esto para defender la Constitución. Lo digo yo antes de que me lo diga nadie: la gente no debe estar en las calles marchando, ni concentrándose, ni apiñándose para defender la normalidad. Es exactamente al revés de cómo lo dice la golpista, amiga del genocida Milani, Hebe de Bonafini. Lo suyo es fascismo puro.

Pero es como si el país necesitara un último partido “fascismo vs república” en donde la república juegue de visitante y con el reglamento del fascismo. Allí en ese terreno hay que vencerlos; vencerlos mal, elocuentemente, sin dejar lugar a ninguna duda… Meterles una goleada histórica, inolvidable…      Aplastante.
Pero, ¿qué ocurre?. El gobierno sale al ruedo a opinar sobre esa convocatoria con mensajes contradictorios: “No es nuestra manera”; “no es conveniente porque agranda la grieta”;  “no creemos en las manifestaciones…”

Por su puesto que no creemos en las manifestaciones, imbéciles. Por su puesto que no son nuestras maneras, idiotas. Pero aquí está en juego el país; el futuro de todos nosotros, y, claro está, el de ustedes mismos como gobierno viable.

Quien me ha seguido en estas columnas que llevan ya más de 20 años, saben lo que he pregonado contra lo que yo mismo bauticé como muchedumbrismo. Lo considero una de las perores manifestaciones –si no la peor- de la vida en sociedad. Pero cuando quien me enfrenta y quiere destruirme no habla otro idioma, tengo que hablar el idioma de él para doblegarlo. Sabiendo que es lamentable, que no debería ser así, pero admitiendo también que hay veces que en la vida las cosas se consiguen con herramientas paradojales; con tácticas que, a priori, contradicen el fin que persigo.

El fascismo ha planteado esto en términos de “enemigos”. Sus voceras oficiales, Cristina Fernandez y Hebe de Bonafini lo han dejado claro y explícitamente expuesto. Bonafini habló de “volar la Casa de Gobierno” como si, de pronto, se sintiera reencarnada en las actividades de sus hijos.

Lo mejor que podrían hacer las espadas principales del gobierno en esta ocasión es callarse. Dejar de enviar mensajes contradictorios a la gente cuyo único efecto será confundir y disminuir la cantidad de apoyo en las calles.

Dije “cantidad” y de repente caí en la cuenta de que efectivamente estas batallas se ganan por una “impresión” de “cantidades”. No habrá ningún contador oficial en las esquinas de Buenos Aires que nos diga exactamente cuanta gente salió. Como tampoco los hay en las manifestaciones pagadas por el fascismo. Lo que importa aquí es la “impresión”. La impresión debe ser, valga como nunca la redundancia, impresionante, contundente, indiscutible. Y para ello la gente debe estar convencida de salir y animada por un espíritu de defensa de la ley.

No hubo “contadores oficiales” en el Mall de Washington -el paseo de la capital norteamericana que termina en el Lincoln Memorial- cuando el reverendo Martin Luther King dio su discurso “I have a dream”, pero al término del mismo todo el  mundo sabía que el sistema de apartheid de hecho en que vivía la sociedad norteamericana había terminado. Fue un último partido, usando métodos “de fuerza”, para terminar con la fuerza de la desigualdad.

El gobierno parece no tener muy claro a quién se enfrenta. Actúa y se expresa como si del otro lado hubiera gente civilizada, democrática, razonable. ¡No! Del otro lado hay ladinos, mal paridos, ladrones, mafiosos, resentidos sociales. A esa gente no se la doblega con las suavidades del diálogo. Ellos son los primeros que no quieren el diálogo.

No les importa tensar la cuerda para provocar una reacción contra sus propias manifestaciones pagadas y que en las escaramuzas haya un muerto. No les importa nada. No les importa dejar a los chicos sin clases; no les importa joder a la gente: solo les importa recuperar el poder para seguir robando y para seguir metiendo odio en la sociedad.

Es tiempo de que el odio sea aplastado. De nuevo: aplastado como un pucho mal apagado. Al odio hay que vencerlo con la fuerza del número. Que el odio perciba que perdió el partido. ¿Renunciará a sus propósitos? No, nunca lo hará. El odio es una bilis indigerible. Pero al menos se llamará a sosiego. Sabrá que dos tercios del pueblo está dispuesto a defender la democracia y la república aun cuando el fascismo lo obligue a ese partido de visitante y con su propio reglamento. Aun así hay que ganarles. Y en este partido lo mejor que puede hacer el gobierno es callarse. La sociedad que quiere que el populismo nunca más haga pie en la Argentina, lo defenderá mejor de lo que él mismo pueda hacer.


  • Jorge Manuel Leguizamon

    Mucha Palabreria para Dedicarle al Sumidero su Destino de Deshecho .

  • Pocho

    Así te queríamos ver Mira. Promoviendo y alentando sin el menor tapujo salir a la calle a defender a Macri, después de dos semanas de ni siquiera pronunciarte sobre el desastre económico que está montando en todos los indicadores desde que llegó a la presidencia….

  • Marcos Sampaolesi

    claro claro… los manifestantes “quieren voltear” al gobierno. Se cansan de choriar, aparece un escándalo de corrupción/conflictos de interés familiar cada semana, se cansaron de incumplir promesas, no convocan a una paritaria nacional, violando la Ley, no le tiraron UNA soga a la gente, todas medidas para sus amigos y los sectores más ricos del pais, pero es culpa de la gente que se manifiesta..
    “los K los quieren voltear” a pesar de tener minoría en las cámaras, le apoyaron TODAS las propuestas, que sin el kirchnerismo no hubiera podido sacar adelante, y lo poco que no pudieron lo sacaron por decreto, pero no… la culpa de que la economía se vaya al caño es de la gente que se manifiesta..
    Estaba la izquierda, los K, los maestros, los gremios, por poco no se juntan los judios con los nazis en esa marcha, pero no.. la culpa es de los “K” que los quieren voltear..

    HÁGANSE CARGO DE ALGO! LACRAS! hagan la marcha dale! vas a ver que ni garpando juntan más de 100 personas!

    • Pocho

      Pero tal cual. Encima durante 3 semanas este cipayo de Carlitos Mira se borró olímpicamente porque literalmente es gobierno que el defiende a capa y espada (aunque a veces quiera, sin éxito, disimularlo) se cae solo por incapaz, corrupto y mentiroso. Y ahora vuelve para apoyar la marcha aunque él “no crea en el muchedumbrismo”.

      Y vuelve con frases que rayan la falta de respeto:
      “de un lado, un facción cargada de malicia, furia, venganza, rabia y odio (..)y por el otro, un gobierno que cree en la república, (…)y que aun supone que es posible (…) alcanzar la suavidad democrática utilizando solo los resortes institucionales que dispone la Constitución”.

      Sí, Charly, cree tanto en la Constitución que quiere inventar los artificios más bajos para rajar a la Procuradora de la Nación. Cree tanto en la carta magna que apenas asumió (procesado, of course) intentó meter dos jueces por DNU. Cree tanto en la Constitución que no respeta la Ley de Financiamiento docente. Y cree tanto en la República y su consecuente división de poderes que vetó NADA MÁS que 5 leyes hasta ahora. Y eso que el Congreso lo acompañó SIEMPRE.

      La gente no es estúpida, Charly…