Francisco y el triunfo de Macri

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¿Por qué el Papa Francisco no saludó a Mauricio Macri al ganar la presidencia? Monseñor Guillermo Karcher, el encargado de ceremonial del Vaticano, explicó que eso se debía a una cuestión de protocolo. Falso. Seguramente Monseñor Karcher fue educado en un momento del mundo en donde buscar una noticia costaba horas y horas de archivos en los diarios. Archivos físicos. Horas de ensuciarse los dedos con tinta para buscar algo guiados solo por algunos elementos dispersos.

Nada de eso es así hoy en día. Una simple entrada en un campo blanco de búsqueda demora solo unas décimas de microsegundos para entregar un sinnúmero de respuestas relacionadas.

Frente a lo increíble del hecho, frente a la perplejidad de la respuesta ensayada, cientos de miles pusieron en marcha el procedimiento poco costoso de tomar una computadora, una laptop o cualquier dispositivo móvil y llenaron el campo blanco de búsqueda con las palabras mágicas “el Papa saluda al presidente…”

Inmediatamente aparecieron los antecedentes: “El Papa Francisco felicita al presidente de Italia por su elección” (https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-francisco-felicita-a-nuevo-presidente-electo-de-italia-80473/), “El Papa Benedicto XVI felicitó a Obama por su reelección” (http://panamericana.pe/internacionales/116236-papa-benedicto-xvi-felicito-presidente-obama-reeleccion; http://yucatan.com.mx/internacional/felicita-benedicto-xvi-a-obama-por-su-reeleccion)

Toda la teoría de Karcher se fue al piso en menos de lo que canta un gallo. “Los diarios mienten”, dijeron algunos, en una variante kirchnerista del pensamiento. ¿Qué interés podría tener un diario en decir que un Papa saludó a un presidente electo cuando no lo hizo?, ¿para qué?, ¿qué hecho trascendente le va en eso?, ¿qué ejemplar de más o de menos venderá el diario por decir semejante cosa, probablemente en la página 32?

Francisco no está personalmente contento por el triunfo de Macri. Se trata de un hecho autoevidente. Mandó, antes del ballotage a votar a conciencia, “ya saben lo que pienso”, agregó, como recordándole a  todo el mundo sus públicas simpatías con el peronismo. Parece que allí no había protocolo.

También parece paradójica la respuesta oficial del Vaticano cuando Francisco es aclamado por romper los protocolos. Él mismo se jacta de ello cuando la ruptura genera simpatías. Desde “hagan lío”, hasta dormir en Santa Marta, ha desafiado varios de los supuestos de sus antecesores.

Pero en el rubro felicitar al presidente electo de su país parece haberle agarrado un súbito fanatismo por el respeto a normas que, como vimos, no existen de todos modos.

El Papa no es solamente un jefe religioso; en un jefe de Estado. En ese carácter, Barack Obama, David Cameron, Mariano Rajoy, Michelle Bachelet, Juan Manual Santos, Enrique Peña Nieto, Horacio Cartés, y otros tantos han saludado al presidente electo argentino como una muestra de afecto protocolar. Sí, sí, justamente, “protocolar”.

Para un cristiano católico como yo -cada vez más cristiano y menos católico- resulta feo sospechar la mera existencia de un Papa sectario. Hemos vivido en este país tantos años de sectarismo que presumirlo nada menos que en la silla de Pedro, hace asomar un sentimiento de pavura.

Francisco recibió siete veces a Cristina. La última a 15 días de las PASO y después de decir que no recibiría a ningún político argentino y de quejarse porque su figura estaba siendo explotada propagandísticamente.

Mauricio Macri, salvo por una visita con su familia, jamás especuló con una foto con el Papa, como sí hicieron Cristina, Insaurralde, Larroque, La Campora y cuanto impresentable haya pasado por Roma, en una argentinada barata, típica de lo peor de nuestra idiosincrasia.

A pocos días de las elecciones, en una declaración enigmática, Francisco dijo que estaba rezando para que “se pinche el globo”. ¿Se refería realmente a Huracán por su posibilidad de pasar a la final de la Copa Sudamericana? Ese partido se jugó el 19 de noviembre y los dichos del Papa son el día anterior, a cuatro días de las elecciones en donde el partido conocido por sus “globos” se jugaba la presidencia contra Scioli.

Por supuesto que nada de estos retorcidos pensamientos se presentarían si el Papa con la altura del que está más allá de las terrenalidades políticas hubiera levantado el teléfono y hubiera dicho: “Felicidades, Mauricio… rezaré por ti desde esta misma noche…”. ¿Qué protocolo que el Papa no hubiera roto ya en otras ocasiones, se hubiera violado?, ¿qué drama dogmático derivado de la Verdad de las Sagradas Escrituras se hubiera dejado de lado porque un Papa humano le diera una palmada de aliento al hombre que deberá enfrentar el drama de la división, de la pobreza y de la mentira que deja la presidente a quien él le dio tanta cabida y tanto de su valioso tiempo?

Esa presidente lo basureó, lo ninguneó y –luego de que se diera cuenta de su enorme popularidad- lo usó como usó todo en su vida: como carne de cañón de su poder.

El ex candidato a vicepresidente por el FpV, Carlos Zannini, dijo que a Macri lo votó el “centro del país, rico y concentrado” y que al FpV “lo votó el país pobre y desvalido”. Una confesión brutal; casi un sincericidio: la confirmación de la pobreza que deja y con la que especuló un gobierno sin escrúpulos.

La verdadera misión del Papa debería ser estar al lado de los que buscan sacar a los pobres de esa condición; no al lado de los que los explotan y que, manteniéndolos en la miseria, los usan para conservar su poder. ¿O acaso el jefe de la Iglesia más grande del mundo también denosta la pobreza al  mismo tiempo que es incapaz de respaldar espiritualmente los sistemas económicos que podrían terminar con ella? ¿Acaso sería un “problemita” terminar con la pobreza, como claramente lo sería para regímenes como los que la Sra de Kirchner y Zannini expresaron por tantos años?

El Papa dispone aún de una oportunidad. Ojalá suene fuerte su saludo, su felicitación y su rezo por Mauricio Macri el día en que el presidente electo asuma. Todos estaremos esperando escuchar su voz.