El santificado estado financista

Una sospecha inusitada comienza a rodear las sorprendentes finanzas del Estado Vaticano.

Hace un par de años el responsable económico de la Santa Sede, el cardenal Australiano George Pell reveló a la revista británica Catholic Herald, que se había sorprendido al enterarse de que cientos de millones de euros habían sido descubiertos en un lugar oculto de la ciudad santa.

“Hemos descubierto que la situación es mucho más saludable de lo que parecía porque algunos cientos de millones estaban guardados en cuentas particulares de cada departamento y no aparecían en el balance”. Pell dijo que de no haber sido por ese hallazgo el Vaticano estaría al borde de la quiebra.

La sospecha hoy en día es que el IOR, o Banco del Vaticano, estaría siendo utilizado como parte del engranaje financiero kirchnerista para lavar los activos robados en la Argentina.

Las verdaderas razones por las que Benedicto XVI renunció al papado fueron estrictamente financieras: una deuda de 700 millones de euros que hasta ese momento parecían impagables.

El IOR no está controlado por el Banco Central Italiano ni tampoco está sujeto a las reglas internacionales en cuanto al lavado de activos y al origen de los fondos.

En los antiguos años ’70 el Vaticano, también jaqueado por problemas económicos, llegó a un arreglo con el banquero de la mafia Michel Sidona para que este utilizara las entidades financieras del Estado para lavar dinero y así contribuir al balance de las cuentas vaticanas.

El Banco vaticano fue creado a fines de la Edad Media por los Borgia para romper la dependencia con los príncipes florentinos. En 1975 el banco estaba en serios inconvenientes y eso arrastraba toda la estructura financiera del Estado.

El cardenal de Milán, Giovani Montini, muy allegado a Licio Gelli de la P Due (P2), acudió a él una vez nombrado Papa (como Paulo VI). Gelli acordó con Sidona crear dos bancos, el Ambrosiano, dirigido por Roberto Calvi y el Andino de Perú. El primero se dedicó a lavar activos de la mafia y el Andino los de la familia Somoza de Nicaragua, los Castro de Cuba y de otros dictadores latinoamericanos. Ambos bancos prestaban esa plata al Vaticano. En 1978, cuando Paulo VI muere, Juan Pablo I comenzó a sospechar de estas maniobras ni bien asumió y terminó súbitamente muerto 33 días después de haber asumido en perfecto estado de salud.

En 1981 se produce la caída de Licio Gelli y allí se suceden el “suicidio” de Calvi en Londres (apareció colgado debajo de un puente) y Sidona terminó en prisión.

Desde entonces el Vaticano se financió gracias al arzobispado de Boston y su banco el First National. Fue casualmente ese arzobispado el que tuvo una cantidad innumerable de denuncias de pedofilia sin que los Papas tomaran medidas conducentes contra los curas pedófilos. No obstante el financiamiento se cortó porque el Arzobispado de Boston entró en serios problemas financieros por las demandas civiles de abuso que fueron presentadas ante los tribunales de Massachusetts.

La situación es sugestivamente contemporánea a la renuncia de Benedicto.

En esas circunstancias asume Francisco y lenta pero mágicamente las cosas comienzan a mejorar, incluso hasta llegar a la inocente y alegre “confesión” del Cardenal Pell, hablando de “millones que estaban ocultos y ‘aparecieron’”, poniendo en situación más que saludable las cuentas del Estado.

Coincidentemente opera en Bergoglio una transformación política notable. De ser el Arzobispo crítico de Buenos Aires, el cardenal primado de la Argentina denostado por Néstor y Cristina Kirchner, se convierte en poco menos que su confesor privado. La recibe en sus oficinas de Santa Marta siete veces y luego desfilan ante él centenares de personajes kirchneristas de dudosa calaña.

Un convento bajo su “jurisdicción” resulta ser una guarida de bolsos con dólares. Una madre superiora decide recibir en plena madrugada esos bolsos sin chistar, como si el propio Jesús se lo hubiera pedido.

El IOR no puede ser investigado por la justicia italiana, ni debe presentar balances a ninguna autoridad bancaria ni italiana ni internacional por eso el esquema estaba armado para la victoria de Daniel Scioli, que Francisco alentó desenmascaradamente. Al poco tiempo de asumir, Francisco recibió a Guillermo Moreno, por entonces en la embajada argentina en Roma, y acordaron que Scioli fuera el candidato y en ningunear a Massa (candidato en 2013) para posibilitar el camino hacia una “Cristina eterna”. Lo hicieron viajar a Roma al ex intendente de Tigre y Bergoglio no lo recibió. Pero Massa ganó de todos modos.

Hoy se sospecha que parte de los fondos saqueados en la Argentina puedan estar siendo utilizados para fomentar desórdenes de la mano de las organizaciones sociales afines a Francisco, (Grabois, Vera, etc), planeando incluso graves incidentes para antes de fin de año, con el fin de poner en serios problemas sociales al gobierno de Mauricio Macri y así interferir el curso de la Justicia en los casos contra Cristina Fernández.

La victoria de Macri complicó el flujo de fondos y es preciso que el populismo vuelva a ocupar los sillones del Estado para asegurar la fluidez de los fondos.

La jugada de volver a hacer operable el IOR y salir de las “sofisticaciones” de Sidona (creando el Ambrosiano y el Andino) tiene futuro en el tiempo siempre y cuando el flujo de fondos no se corte y para eso es necesaria la continuidad de la operatoria corrupta que origine los fondos negros en la Argentina.

El cardenal australiano Pell le haría un enorme bien a la moral católica y de paso a la Argentina si se pusiera a averiguar de dónde vienen esos millones que tan gratamente lo sorprendieron y que aparecieron como de la nada.