¿El Papa mala persona?

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¿Puede el Papa ser una mala persona? ¡Pero quién podría pensar eso! ¿El Papa Francisco, mala persona? ¿Pero, a quién se le ocurre?

Ustedes saben que una de las funciones del periodismo consiste en aguijonear a la sociedad, en sacudir el status quo de los mantras que se repiten como loros, pero que nadie se detiene a pensar.

Ayer en su programa de radio el equipo de Jorge Lanata recordaba frases presuntamente dichas en películas célebres que nunca se dijeron en la realidad, pero que todo el mundo asegura haber escuchado.

Así por ejemplo la supuestamente pronunciada por Isabel Sarli en “Carne”, cuando, recostada en el piso, todo el mundo cree que dice “¿qué pretende usted de mí?”. O la de Humphrey Bogart en Casablanca “Tócala de nuevo, Sam”. O la de Marlon Brando en el padrino a Santino: “Que parezca un accidente”. Son todos inventos. Nunca existieron. Nunca esas frases fueron parte del guión de esas películas. Sin embargo, medio país las repite sin discusión, como si fueran una verdad revelada.

No quiero decir que la gente repita como loro que el Papa es bueno, pero sí que es muy difícil suponer que alguien discuta la bondad casi intrínseca del Santo Padre.

Sin embargo, Francisco, según lo informado por Ricardo Roa esta mañana, va a recibir a Hebe de Bonafini, la extraviada ex madre de Plaza de Mayo reconvertida a guerrillera confesa.

La especulación de Roa es que Francisco utiliza un doble estándar para manejarse de modo muy diferente según lo haga para el mundo o para la Argentina.

Siguiendo ese razonamiento, el periodista entiende que el embrión que da nacimiento a esa divergencia es la historia de antipatías de Bergoglio con Macri.

Pero cómo ¿un Papa con “antipatías”? Y no solo con antipatías, sino que se basa en ellas para decidir a quiénes les da una audiencia; decidiendo dárselas a quienes son los enemigos declarados del presidente. ¿Es acaso eso de buena persona? ¿O al menos de buen cristiano? ¿Acaso Francisco antepone sus tirrias personales a la prédica del buen pastor? Es más ¿puede un Papa tener “tirrias”?

La verdad es que si esto es cierto Bergoglio habrá defraudado a quienes alguna vez vieron en él a una persona sensata y con sentimientos nobles. No vale tener sentimientos nobles para con aquellos con los que estoy de acuerdo. ¡Y ni hablar en el caso de un Papa!

Que nosotros, los mortales normales, tengamos efectivamente inclinaciones de simpatía por los que piensan como nosotros y reparos –y hasta “tirrias”- por los que no comparten nuestras concepciones de la vida y del mundo, es comprensible. ¡Pero que el Papa Francisco, el señor de la mano extendida, el representante de Jesús en la Tierra, baje al barro de los odios personales porque tal o cual no coincide completamente con su visión! ¡Es demasiado!

Y mucho más que esos sean los parámetros según los cuales discierne a quien recibe y a quien no. Parecería que el Papa quiere emitir una señal de daño a Macri, si es que efectivamente se dispone a recibir a Bonafini: “como Bonafini te odia y representa todo lo opuesto a vos, entonces la recibo”

¡Qué feo, Papa Francisco, qué feo…!

Bonafini ha dicho de todo de Bergoglio. Es más ha dicho de todo del Cristianismo a secas. Ha celebrado brindando con champán el ataque del fundamentalismo islámico a las Torres Gemelas, ha escupido gigantografías del ex Arzobispo de Buenos Aires en las plazas públicas de la ciudad, ha mandado a sus acólitos a orinar y a defecar en la Catedral de Buenos Aires…

¿Qué el Papa debe perdonar? Por supuesto que debe perdonar. El tema es que Francisco perdona en un solo sentido.

En muchos lugares del mundo está instalada la figura del Papa con un renovador de la fe cristiana que tanta falta le hacía al mundo. Su figura es venerada por jefes de Estado, por otros jefes religiosos, por multitudes de todo el mundo.

Pero nosotros lo conocemos. Lo conocemos de antes. Conocemos sus simpatías… Y sus tirrias. Sería interesante que Francisco las controle. O que al menos no las haga tan evidentes. De lo contrario para muchos de nosotros no será, como dijo Jesus, “profeta en su tierra” (Mateo 13:57).