El otro costado de lo que dijo Prat-Gay

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Más allá de las consideraciones que tienen que ver con el necesario “arqueo de caja” que el ministerio de Hacienda le debía a toda la sociedad en cuanto al verdadero estado financiero de la Nación al momento de la transmisión del mando, la conferencia de prensa de Prat Gay de ayer reveló una especie de patrón de comportamiento presupuestario del nuevo gobierno.

El ministro reveló que, por indicación del presidente, los dos pilares fundamentales para decidir la dirección del gasto, debían ser las coberturas sociales a los más necesitados y la inversión de capital.

Esta última referencia debe ser la primera vez que se hace en democracia. En efecto, debe ser la primera vez que un ministro de hacienda tiene la expresa directiva de reservar parte de los recursos a la inversión en capital.

Eso significa que se privilegiará la recuperación del “capital de trabajo” de la Argentina que ha sido completamente diezmado. Como si el país fuera una empresa -mal que le pese a los puritas del romanticismo- el país necesita recuperar la savia que nutre los procesos productivos y la competitividad de la economía. Y esa savia es, en efecto, la inversión de capital.

Es más, el ministro hizo una serie de análisis que los economistas llaman “ceteris paribus” (frase que deriva del latín y quiere decir “mientras el resto permanezca igual”) que obviamente no es lo que luego ocurre en la vida.

El propio Prat Gay advirtió esta circunstancia justamente para entregar un aspecto aún más optimista de su análisis en el sentido de que no puede saberse cuán positivamente reaccionará la economía cuando se le comiencen a sacar de encima todas las trabas, regulaciones, impedimentos, prohibiciones y controles con los que el kirchnerismo sembró a la Argentina durante doce años.

La situación remite a la genial frase de Alfio Basile cuando en alguna oportunidad se le criticó cómo había “parado” el equipo. Ocurrente y rápido como pocos, “el Coco” respondió: “yo lo paré bien, lo que pasa es que, cuando el partido empieza, los jugadores se mueven…”

En la economía sucede algo parecido. Los análisis y proyecciones se hacen sobre una situación teórica que necesariamente implica un estado “ceteris paribus” de todas las otras variables que, necesariamente, empiezan a moverse “cuando empieza el partido”

Una vez que millones de cerebros son liberados de ataduras estúpidas, nadie puede asegurar qué cosas crearán, que mecanismos imaginaran para empezar a hacer más fácil lo difícil y más barato lo más caro. Todo eso tiene una repercusión inmediata en el giro económico imposible de medir “ceteris paribus”.

Esa liberación en conjunción con la inversión de capital es la noticia más importante que contuvo la aparición del ministro ayer. Sus propias metas, por ejemplo de inflación, podrían mejorar si las variables estáticas que él necesariamente debe tomar hoy para hacer una proyección, comienzan a moverse positivamente de un modo más que proporcional. Sería lo mismo que el comentario previo de un partido, en donde necesariamente el comentarista debe sacar conclusiones previas sobre el dibujo de un equipo “parado”.  Pero nadie sabe si, cuando ese equipo empiece a moverse, se sucederán una serie de factores multiplicadores que modificarán positivamente el análisis.

Del mismo modo sucede con la inversión de capital. Sin ese lubricante ninguna compañía puede funcionar; y un país tampoco. Que Prat Gay haya anunciado ayer que ese será uno de los pilares de las decisiones presupuestarias, también introduce un elemento inasible en el impacto final sobre el producto.

En efecto, nadie sabe a ciencia cierta cómo impactará en la mente de un inversor saber que la infraestructura, por ejemplo, recibirá una inyección de capital de tal o cual magnitud.

Hasta ahora habíamos tenido recursos cuya utilización era decidida por criterios más o menos demagógicos pero que estaban reñidos con la lógica económica. Y eso vale incluso para decisiones de inversión en aparente capital. Un ejemplo de ello lo constituyen, sin ir más lejos, las represas Kirchner y Cepernic en Santa Cruz.

Rodeadas de la apariencia de una inversión de capital, dichas obras respondían a oscuros contratos con China, con empresas misteriosamente relacionadas con el anterior gobierno, con la épica política y con beneficiar sospechosamente al socio de la presidente Lázaro Baez, que había comprado esas tierras por chauchas y que recibiría una indemnización millonaria cuando esos terrenos se inunden.

A veces puede resultar muy lírico intentar manejar el país con los patrones de la poesía, pero lo que finalmente termina entregándole un buen nivel de vida a todos -incluso a los amantes de la poesía- son las decisiones de dura política económica que deben regirse, no por el florido lenguaje de la demagogia, sino por la certera influencia de los números.