El final del cepo

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Finalmente terminó el cepo cambiario. Los grilletes de la esclavitud a la que el aparato productivo estuvo sometido cuatro años cayeron en una tarde de liberación.

Obviamente falta mucho para que la Argentina sea un país normal, no solo en general -lo que es obvio- sino en materia de compra y venta de divisas.

Lo que ocurrió ayer puede describirse como una enorme operación de retroactividad a las condiciones imperantes en octubre de 2011 cuando la iracundia suicida se apoderó de la Sra. de Kirchner.

Esas condiciones estaban lejos de ser las de un país completamente libre pero, al menos, no contenían las características de irracionalidad que siguieron al establecimiento del cepo.

Por empezar la Argentina sigue siendo un país con control de cambios, es decir un lugar donde todos los importadores y exportadores del país tienen que pasar por el BCRA para negociar sus dólares.

Esa es una condición de libertad condicional que también debería desaparecer con el tiempo.

Pero estoy yendo muy rápido. Obviamente hay interrogantes más cercanos por develar.

El primero y más preocupante es el de la inflación o el del traslado a los precios del ajuste de lo que era el dólar “oficial”.

Eso nos lleva a una cuestión crucial que debería quedar clara desde ahora: quien devaluó fue el duo Kirchner-Kicillof y el que produjo el ajuste de precios fue ese mismo binomio impresentable con la desaforada impresión de pesos. Esa explosión de papel y tinta de colores se coló en las góndolas de los supermercados sin que ningún dique de contención la atajara.

En ese sentido ya aparecieron Calo y Moyano queriendo instalar la idea de que la devaluación fue ayer. No señores: la devaluación ocurrió hace tiempo y, especialmente, Caló se hizo el distraído porque quienes la habían causado eran sus jefes.

Por supuesto que en el proceso debe haberse colado algún vivo. Pero los padres del problema todos sabemos quiénes fueron.

Ahora vuelve al escenario la posibilidad de los aprovechadores de siempre. Y aquí, efectivamente, hay que decir que si todos vamos a actuar con los mismos niveles de bajeza, a la Argentina le va a costar mucho salir del pozo en que se encuentra.

Si no hay una contribución magnánima y amplia de todos los sectores el camino será difícil.

En ese sentido, la administración de Mauricio Macri le sigue debiendo al país una explicación detallada del país que recibió: la gente necesita saber la verdad cruda y no sería justo que, dentro de un tiempo, los Kirchner empiecen a contar con la ventaja de que muchos no tengan claro qué responsabilidades atribuirles a unos y cuáles a otros. Ese inventario no puede postergarse. Ellos no hubieran sido tan condescendientes.

Algunos pormenores de la noticia anunciada ayer sorprendieron. El limite de 2 millones de dólares por persona y por mes para comprar dólares no se esperaba. Los rumores hablaban de 50 mil. Lo mismo la eliminación del 35% de recargo al uso de la tarjeta de crédito en el exterior.

De todos modos esa atención desmesuradamente puesta en la compra de dólares es el equivalente a la que el esclavo tiene por los vicios de la vida libre. La real valía de la especie de libertad cambiaria que empezamos a vivir ahora debe buscarse por el lado de la venta de dólares y no por su compra. Ahora quienes quieran desprenderse legalmente de divisas podrán hacerlo a un precio competitivo y no a un número caprichoso impuesto desde la insania.

La vida esclava destruye muchos patrones humanos de normalidad. Y no porque el esclavo haya prestado “conformidad” a su amo durante años la esclavitud se transforma en legítima.

Esas malformaciones que producen los grilletes deberán ir desapareciendo con el tiempo. De aquí hasta allí, los argentinos -todos nosotros- deberíamos estar a la altura de las circunstancias para que el retorno de un país normal no solo sea cercano sino posible.