El fenómeno paraguayo

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El martes y ayer miércoles estuve en Asunción, Paraguay. Llegado el mismísimo día del partido clave que por la noche jugarían la Argentina con Ecuador y Paraguay con Venezuela, me encontré con una ciudad que francamente no esperaba.

Era mi primera vez en Asunción y debo confesar que me sorprendió en varios aspectos. Algunos de ellos saltan a la vista: se trata de una urbe en crecimiento. Hay una notable cantidad de obras en construcción, algunas muy vanguardistas y otras que uno percibe que nos nuevas, que están recién estrenadas.

El magnate guatemalteco Mario López -el llamado “Slim centroamericano”- invirtió 250 millones de dólares (en la que es la inversión privada, extranjera más grande de la historia del país) para construir dos torres corporativas de diseño ondulado y novedoso y un Centro Comercial de tres pisos -el Paseo La Galería- en la nueva zona “de onda” en la ciudad: el barrio de Las Carmelitas y Santa Teresa.

Las grandes marcas internacionales tienen presencia en Asunción y el régimen legal para crear una empresa y ponerla a funcionar es simple y rápido.

En cuanto empiezo a averiguar algunos números empiezo a entender más. El impuesto a las ganancias en Paraguay es del 10%; son deducibles una cantidad de gastos sencillamente impensables en la Argentina. Se espera un crecimiento para este año del 4% del PBI y ese número podría ser aún mayor en 2018.

Paraguay creció por encima de la expansión regional, en los últimos años, favorecido por la estabilidad de los precios (inflación), además de un ciclo agrícola favorable, así como su fortaleza macroeconómica.

La economía local pudo sortear la crisis económica de los países vecinos (Argentina y Brasil), lo que le da más fortaleza. Lo importante es que pueda sostener ese proceso en el tiempo, ya que el crecimiento promedio del 4% para un país con el ingreso per cápita de Paraguay, la expansión es aún baja. Por eso el país apuesta a una expansión de entre el 5% o 6%, para avanzar en el bienestar de la población, trabajo pendiente del país.

Para alcanzar estos números, el gobierno del presidente Cartés es muy consciente de poner el ojo en los gastos. No hay dudas que el crecimiento del gasto público se traducirá en déficit fiscal y eso seguramente atentaría contra la estabilidad económica.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó un crecimiento económico de 3,9% para Paraguay este año y de 4% para el 2018, que comparte junto con Bolivia los puestos con mayor crecimiento del continente, tanto este año como para el próximo. Tras su presentación del informe “Perspectivas Económicas Mundiales” WEO 2017, las proyecciones económicas para Latinoamérica aumentaron de 1% a 1,2% para este año y 1,9% prevista para el 2018.

Con esto, el FMI sostiene que Paraguay está entre las economías con más fortalezas y crecimiento, pese a que se redujo levemente la proyección de 4,2% a 3,9%. Paraguay será el segundo país con la tasa más elevada, por debajo de Bolivia que crecerá 4,2%, según estimaciones. En el 2018, Paraguay y Bolivia compartirán crecimiento del 4%, en la cima, mientras los demás países crecerán por debajo del 2%, en promedio.

Según se indicó desde Washington, durante la reunión semestral del FMI, en cuanto a Brasil, después de recuperar la senda del crecimiento en la primera mitad del 2017, se espera que alcance el 0,7% este año, cuatro décimas más que lo calculado en julio; y 1,5% en el 2018, un aumento considerable después de que el organismo redujera esa cifra a 1,3% hace tres meses. En Argentina, el FMI prevé un repunte del crecimiento hasta 2,5% en el 2017 frente a la contracción de 2,3% que experimentó en el 2016, y se espera que se mantenga ese 2,5% también en el 2018.

Pero al lado de estas cuestiones numéricas existe una cuestión de orden legal en Paraguay que favorece las decisiones de inversión y, en la misma medida, aumenta el costo de oportunidad que tienen países como la Argentina.

En el dinámico mundo de los negocios se estudia muy bien donde poner el dinero de una inversión. No se trata de cuestiones que pasen por los afectos o las simpatías. El gobierno de Cambiemos puede concitar la adhesión romántica de muchos que le reconocen haber rescatado a la Argentina de la locura kirchnerista. Pero de allí a decidir venir a atornillar activos productivos aquí hay un largo trecho.

Y ese trecho se dibuja con los trazos del orden jurídico. En la medida que países como Paraguay le presenten al inversor sistemas legales más elásticos y flexibles, en donde hay espacio para la negociación y en donde la prepotencia sindical no sea un factor paralizante, la Argentina va a experimentar dificultades para atraer esas inversiones si no cambia.

Lo más gracioso del tema es que esas rigideces que hoy ostensiblemente aparecen en el orden jurídico argentino, especialmente en el orden laboral, se viven en el país como “conquistas sociales” irrenunciables, cuando en realidad son las culpables de que no haya más trabajo, mejores salarios y mejor nivel de vida general en la población.

No hay dudas que ese es el mayor desafío hasta sociológico que enfrenta el presidente. Y para ganarlo no solo tiene que imponerse en batallas internas sino esperar que los vecinos cometan algunos errores de los que al parecer -y como lo demuestra el caso paraguayo- se están cuidando bastante.

Es como esas clasificaciones del fútbol en donde no solo debes ganar sino esperar a ver cómo salen los otros. La gran esperanza es que, haciendo esos cambios, la escala de la economía argentina es muy superior, por supuesto, a la del resto de la región, con excepción de la de Brasil.

Ojala esos ojos puedan abrirse, ver lo que ocurre en los patios vecinos y actuar rápido para revertir la decadencia en la que, paradójicamente, nos han hundido las “conquistas sociales”.