El desideratum de la hijaputez

Probablemente este comentario debería estar encabezado por la advertencia de que contiene lenguaje soez y vulgar, porque sí, efectivamente, van a encontrar ustedes a partir de las próximas líneas, un vómito visceral de puteadas e insultos, porque algunas cosas -en efecto-  hay solo una forma de decirlas.

Voy a empezar por transcribir la frase que da origen al comentario. Se trata de una sentencia para la posteridad de Vladimir Illich Ulianov, alias Lenin, que, con toda naturalidad, dijo: “Usaremos a los idiotas útiles en el frente de batalla. Incitaremos el odio de clases, destruiremos su base moral, la familia y la espiritualidad. Comerán las migajas que caerán de nuestras mesas. El Estado será Dios”.

Son varias las cosas que atraviesan mi cabeza cada vez que leo esta frase. En primer lugar, creo que hay que ser un hijo de remil nieto de puta para tener la cara como para pensar semejante cosa y, no solo de pensarla, sino de trasmitirla, actuar en consecuencia y dejarla escrita para la posteridad.

Hay que tener mucho odio y mucho líquido bilioso que sube y baja por la tráquea de un  organismo, a su vez, putrefacto, para lanzar al Universo semejante hijaputez.

Solo un reverendo hijo de mil putas, resentido social, cargado de rencor, puede siquiera pensar una cosa así, y, mucho menos, desde ya, actuar en consecuencia para expandir ese odio y hacerlo universal.

La frase conlleva varios sincericidios y admisiones tácitas acerca de la mierda que es el comunismo, en nombre del cual el mundo lleva contados ya más de 400 millones de muertos.

En primer lugar, la referencia a los “idiotas útiles”, de la cual se infiere que Lenin tenía plena conciencia de que el comunismo era para que lo crean los pelotudos y algunos lo defiendan con la pasión del idiota. Para ese idiota -que ya había pasado por la etapa de creerse la enorme mentira comunista (con lo cual cumplía el primer requisito, esto es, ser un idiota)- tenía preparado un rol: el de luchar en el “frente de batalla”. Ese conjunto de pelotudos sería su carne de cañón, a los que mandaría al muere para lograr él ver cristalizado su odio.

El idiota útil es aquel que cree una pelotudez (por eso es idiota) y la defiende con pasión (por eso es útil). La cabeza no le da para ver que su propia humanidad ésta siendo usada por un conjunto de recalcados hijos de puta para aprovecharse de ellos y subirse a la mesa del poder, de las decisiones y de la riqueza.

Que el plan consistía en que una casta privilegiada (que Lenin integraba antes que nadie) se lograra sentar en esa mesa, lo admite él mismo cuando dice “comerán las migajas que caerán de nuestras mesas”: a confesión de parte relevo de prueba. Lo que el comunismo pretende no es modificar para bien la vida de los que tienen menos, sino robarle su riqueza a quienes tienen más. ¿Para dársela a los que tienen menos? ¡NOOOOOO…! ¡Para quedársela ellos y que la sociedad esclava coma las migajas que ellos dejan! Así, por otra parte, es como, de hecho, ha funcionado el comunismo en todos los lugares donde la humanidad tuvo la desgracia de conocerlo, desde Lenin y Stalin hasta Castro y Chávez. Y así, también, se explican sus fortunas y sus lujos mientras la gente se muere de hambre. Aquí la función del idiota útil consiste en decir: “no importa vos te morís de hambre, pero, ahora, aquel hijo de puta, que antes era millonario, ahora también se muere de hambre”. Esa es la raíz de su odio bilioso.

En otro sincericidio, Lenin dice que “incitarán el odio de clases” que “destruirán la base moral” de la sociedad; que destruirán “la familia” y la “espiritualidad”.

Para quienes tengan dudas de quién y cuándo empezó todo; de quién instaló y cuándo empezó el odio en el mundo, no tienen más que repasar el contenido de esta frase. ¡Y pensar que hoy tenemos que escucharlos hablar de “represión” y de “derechos humanos”! ¡Qué hijos de mil putas son! Resulta que acusan a los demás de lo que ellos comenzaron, incitaron y estimularon; abiertamente, sin tapujos.

Si el mal realmente existe como entidad ontológica, no caben dudas de que el mal es el comunismo: un conjunto de mentiras, de burradas, de ignorancias y de odios, todo mezclado, para configurar la peor peste que, sin dudas, ha conocido la historia de la humanidad.

Finalmente, en otra admisión que ni siquiera necesitaría mayores comentarios, Lenin dice que su objetivo es lograr que el “Estado sea Dios”. Como el “Estado” no es mas más que una mera ficción jurídica, que no tiene  entidad corpórea, ni cerebro ni órganos vitales propios, lo que resulta obvio es que Lenin se refiere a las personas que ocupen las poltronas del Estado, es decir, él mismo.

Eso es, finalmente, el comunismo: un conjunto de desfachateces, trasmitidas con pasión por un grupo envidioso de idiotas útiles que se propone tomar el poder para robar la riqueza de los demás, darle de comer migas a una sociedad esclava y encumbrarse ellos en una vida similar a la de los reyes de la Edad Media.

Ni siquiera hay que enfrascarse demasiado en explicaciones complicadas para desenmascararlos: su propio creador lo puso en blanco y negro con unas palabras que, si la hijaputez fuera una frase, habría que elevarla al lugar más alto del podio; aquel desde todo lo demás parece superfluo e innecesario.