Dicharacheros

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Ayer ha sido un día de “dicharacheros”, de gente que ha decidido ponerse hablar para decir lo que sabe sobre hechos políticos o de corrupción que han caracterizado los últimos años de la Argentina.

En EEUU, en el marco del llamado FIFA Gate, Alejandro Burzacco fue muy puntilloso en mencionar con pelos y señales a quiénes había coimeado para obtener para su empresa “Torneos y Competencias” los derechos de transmisión de una cantidad innumerable de partidos de fútbol en el orden nacional e internacional, del que se derivó también parte de la trama que explica la corrupción que anidaba en el fondo del programa Fútbol para Todos. Uno de sus ex funcionarios, Jorge Delhon, se suicidó como consecuencia de los hechos revelados en New York.

Como no podía ser de otra manera el nombre de Julio Grondona apareció en la declaración al ser señalado por Burzacco como uno de los destinatarios de los dineros sucios y como co autor del master plan que idearon con Néstor Kirchner para hacer del fútbol una arma más dentro del enorme aparato de propaganda kirchnerista.

Quedó confirmado también que Grondona recibió un millón de dólares por votar a favor de Qatar como sede del Mundial 2022 y por haber hecho lobby para conseguir también el voto de Jorge Leoz, el entonces presidente de la Conmebol.

En el orden local se confirmó el papel de “dicharachero” oficial (testigo protegido) que va a pasar a tener a partir de ahora Alejandro Vanderbroele, el señalado testaferro de Boudou que, viendo la suerte que corrieron sus jefes -el ex vicepresidente y Nuñez Carmona- decidió que lo más inteligente era sostener una charla amigable con los jueces.

Vanderbroele puede ponerle luz a varios hechos oscuros que rodean a Boudou, que todo el mundo sabe o al menos sospecha seriamente (o que en algunos casos están probados por otros documentos e indicios judiciales) pero que seguramente recibirían un respaldo definitivo si el nuevo “conversador” decide contar lo que sabe.

El caso de Vanderbroele se parece mucho al de Fariña que, cuando asumió su rol como testigo protegido, descargo una andanada impresionante de información, lujosa en detalles, sobre Lazaro Baez y la ruta del dinero K.

Otro que decidió abrir la boca pero en el sentido epistolar del término fue Aníbal Fernández quien, siguiendo el ejemplo literario de su ex compañero de gabinete Julio De Vido, eligió el formato carta para expresarse.

En una confusa redacción, Fernández le entró con todo lo que tenía a la Sra. Cristina Fernández a quien acusó de haber hecho campaña “con el culo en la mano”, como dando a entender que a la señora se le frunció el ceño y se fue al mazo antes de empezar el partido.

Resulta particularmente sintomático cómo todos los encumbrados personajes que dominaron la Argentina por más de una década se están comiendo como lobos entre sí. Julio De Vido y su esposa fueron muy claros respecto de la desilusión que los embarga cuando ven la actitud que le han visto asumir a la ex presidente respecto de su situación.

En algún caso hasta resultan cómicas las acusaciones cruzadas sobre quien le soltó la mano a quien: hay quienes dicen que es triste ver a ex funcionarios que vivieron de los Kirchner y se hicieron millonarios gracias a ellos hablar ahora pestes de ellos y hay otros que -con razón- resaltan que la primera que los echó a la hoguera fue ella asegurando que no ponía las manos en el fuego por ninguno.

Otro que no es exactamente aun un “dicharachero” pero que declaró ayer 10 horas ante el juez, es Diego Lagomarsino que, de especialista informático, pasó a ser el tipo que le llevó a Nisman el arma que se utilizó para completar su muerte. Quizás no falte mucho para que Lagomarsino considere sus opciones y llegue a la conclusión que le conviene convertirse en un “dicharachero”, aun cuando su caso es ligeramente distinto.

Lagomarsino parece ser un agente bien entrenado mentalmente, preparado para resistir andanadas de acusaciones. No hay dudas de que jugó un rol clave en la muerte del fiscal y cada vez hay más certezas de por qué fue el elegido para desempeñarlo.

Lo cierto es que ayer confluyeron aquí y en el mundo personas de distinto origen y posición que evidentemente sopesaron sus posibilidades y llegaron a la conclusión de que sostener una conversación amigable con los jueces era la mejor de sus salidas.

En el caso argentino la figura de los personajes arrepentidos no está bien regulada y convendría que la Justicia pusiera un ojo de atención en como encuadrar la calificación de estos testimonios.

No sea cosa que algún abogado pícaro, valiéndose de esas lagunas, encuentre allí, dentro de algún tiempo, las causales suficientes para derrumbar todo el avance de la investigación.

Si esos recaudos se toman no hay dudas de que llegaran muchos más capítulos interesantes a esta novela de dicharacheros.