De nuevo el Papa

Papa-Francisco

Es increíble pero Bergoglio no deja de azuzar. Parece que le encantara dedicar parte de su tiempo a generar discordia para con el gobierno de la Argentina

La última, más allá de la carta protocolar por el 25 de mayo que ni siquiera él debe haber escrito, consistió en una artera comparación de la Argentina con Venezuela y con Brasil. Solo alguien que a propósito quiera enviar un mensaje ladinamente confuso sobre la situación del país pudo haber lanzado ese comentario.

Venezuela es un país devastado por el socialismo del siglo XXI, por ese mismo modelo que –desde el punto de vista socioeconómico no difiere demasiado de lo que Bergoglio debe tener en la cabeza como ideal de ordenamiento social-.

Ese país ha llevado a la pobreza (una pobreza igualitaria eso sí, del mismo tipo de la que debe alabar el Papa) que no tiene parangón en el continente. Solo Cuba o Haiti, podrían competirle en ese terreno a los disparates del chavismo, encarnado ahora por el lunático presidente Maduro.

En Venezuela la gente se pelea en colas interminables por un rollo de papel para limpiarse el traste, a ver si nos entendemos. La gente muere por la calle a manos de escuadrones paraestatales que balean opositores por la espalda. Allí el presidente amenaza con cerrar la asamblea legislativa, ahora en manos de la oposición.

Venezuela es un país militarizado, con un odio que baja desde el poder, tan fuerte como para gritar desde un atril que la gente salga como hordas a la calle a ocupar las pocas empresas que quedan en pie… Según Bergoglio la Argentina está en una situación parecida. ¿Cómo calificaríamos a la persona que dice eso si no fuera el Papa?, ¿qué adjetivo utilizaríamos?

Algunos comentaristas que han comenzado un furibundo salto de triple mortal confundiendo el papel de aguijón que debe cumplir la prensa con un “nuevo coolismo” -típicamente argento, por otra parte-, dicen que al Papa hay que interpretarlo desde su posición “pastoral” y desde un punto de vista absolutamente religioso…. ¿¡Ah sí?! ¡Qué interesante! ¿Así que yo debo creerme el inverosímil verso de que “el Papa no hace política”? ¡Por favor señores, no seamos inocentes!

Es más, casi diría que nada de lo que haga o diga el Papa puede ser interpretado de otra manera que no sea como que está haciendo política. Y más aún cuando se refiere a la Argentina. ¿Qué mensaje religioso hay en comparar a Argentina con Venezuela y con Brasil?  

Este último es un país atravesado por un juicio político que ha removido a su presidente y que se encuentra en una crisis política inédita para sus propios antecedentes desde hace por lo menos 25 años. ¿Cuál es la crisis institucional que vive la Argentina más allá de la que quisieran ver concretada los que han confesado que quieren que a Macri le vaya mal?, ¿qué cuestión que afecte el funcionamiento de las instituciones está ocurriendo en la Argentina?, ¿cuál es el paralelismo que encuentra Bergoglio en este aspecto entre los dos países? ¿O será Bergoglio otro de los que espera que al presidente le vaya mal porque su éxito significaría demostrar que el orden socioeconómico que defiende el Papa no sirve para sacar a los países de la postración y de la pobreza?

El ex arzobispo de Buenos Aires también habló de revanchismo. ¿Acaso insinúa Bergoglio que el gobierno de Cambiemos es una especie de nueva revolución de 1955?, ¿qué pretendía que Macri hubiera dejado a todos los ñoquis y agentes encubiertos que Fernández había nombrado en la administración preparados especialmente para volverlo loco? ¿O acaso supone que el presidente debería intervenir para frenar las actuaciones judiciales que investigan las defraudaciones, robos y corrupciones cometidos por la banda que dirigieron los Kirchner durante doce años?, ¿será que el Papa supone que si la Justicia investiga todo aquello ejerce alguna forma de “revancha” con la anuencia del presidente? ¿Pero qué clase de disparate es ese?

Bergoglio también está haciendo política con declaraciones como esa y todos los que lo nieguen no trasmiten otra imagen que no sea la de trabajar para que el gobierno de Cambiemos encuentre la mayor cantidad posible de obstáculos.

También son exageradas las consideraciones intelectuales que pululan en el amplio opinódromo nacional sobre Bergoglio. El actual Papa no es un hombre particularmente brillante. Al contrario muchas de sus expresiones denotan una formación bastante aldeana, sin acceso a las múltiples manifestaciones de la innovación y la creatividad. Es muy posible que si recién se inventara la bombilla eléctrica, Bergoglio pidiera prohibirla para proteger a los fabricantes de velas.

Sería bueno que dejemos de repetir como loros creencias infundadas, como aquella que dice que el ex arzobispo de Buenos Aires tiene una inteligencia más allá del promedio de los mortales. Me permito dudar de eso.

Ningún hombre inteligente confunde a Venezuela o a Brasil con la Argentina de hoy. En todo caso, fundamentalmente en el caso venezolano, Bergoglio tuvo muchos momentos anteriores a este para hacer esa comparación en periodos en donde nadie se la habría discutido. Pero hacerlo ahora, solo lleva a concluir en algo muy parecido a la mala intención, más que a la inteligencia.

Del mismo modo, el Papa podría haber marcado el “revanchismo” cuando esa era la principal herramienta del gobierno que presidía la Argentina hasta diciembre del año pasado. Cuando miles eran perseguidos por sus opiniones, no se escucharon posiciones tan firmes como las que Bergoglio parece blandir ahora.

Si hubiera un “Papa de la política” no caben dudas que Bergoglio estaría en su sitio. Pero como justamente su principal misión aquí se supone que es pastoral, el ex arzobispo de Buenos Aires tal vez aparezca algo fuera de foco en el trono de Pedro.