De manual

Si algo faltaba para confirmar el giro cubano-bolivariano que Cristina Fernández le imprimirá a un eventual regreso suyo al poder (con la llegada incluso de agentes de inteligencia cubanos y venezolanos al país), era la intervención de la jefa de banda ayer, desde su aguantadero legal en el Senado, aludiendo a la participación de la embajada de los Estados Unidos en el avance de las causas contra su persona en especial la conocida como “causa de los cuadernos” que tramita ante el juez Bonadio. Una ocurrencia, digamos, «de manual».

Está, a esta altura, más que claro que la organización criminal que encabeza Fernández tiene como objetivo embarrar la cancha de esa causa para hacerla caer. Las comprobaciones en su contra en ese juzgado son de tal magnitud  que la única alternativa que les queda es encender un enorme ventilador de enchastre para tratar de ensuciar a todo el mundo, presentar una imagen de “igualación” en donde todos queden como delincuentes y, en ese zafarrancho, salir indemnes.

La movida es de tal burdez que hasta un chico podría notarlo. Por empezar la causa que pretende ensuciar al fiscal Carlos Stornelli fue presentada en Dolores.

¿Por qué fue presentada en Dolores cuando el delito descripto se consumó en Puerto Madero? Porque allí opera un juez kirchnerista de clara filiación con Justicia Legitima -Alejo Ramos Padilla- que podía ser funcional a los intereses de Fernández.

Para eso se valieron de que el empresario denunciante es de Mar del Plata, pretendiendo con ello justificar la violación de la jurisdicción interviniente. Ahora ese juez ha llamado a declaración indagatoria a Carlos Stornelli bajo la figura de extorsión y espionaje.

Los mecanismos de destrucción de la causa se encadenaron con el rol asignado por la organización delictiva a Ramos Padilla y el que horas más tarde asumiría en el Senado la propia jefa.

Se trata de una sincronización perfecta para bombardear la causa de Bonadio y eventualmente hacerla caer. La jefa de la organización criminal dio otra pista que podría estar explicando ciertos comportamientos de la Corte Suprema de Justicia en los últimos meses.

Desde su aguantadero, reclamó que el trámite sea tomado por la propia Corte bajo el fútil argumento de la intervención de la embajada de un país extranjero (Estados Unidos) lo que habilitaría la competencia originaria y exclusiva de la Corte.

Desde hace un tiempo ya (por lo menos desde Septiembre del año pasado) es notorio que la Corte ha impreso un cambio de rumbo a sus sentencias. La rosca palaciega motorizada por el monje negro de ese antro -Ricardo Lorenzetti- terminó por conformar lo que se llama “la mayoría peronista” integrada por el propio Lorenzetti, por Juan Carlos Maqueda y por Jorge Rosatti.

No sería extraño que el mecanismo que tiene por objetivo liberar de culpa a la delincuencia kirchnerista haya ya planeado una opción “Corte” que se apoye en la nueva mayoría peronista.

Por lo demás, cabe recordar que lo que comenzó siendo un conjunto de prolijas anotaciones encadenadas por un remisero en distintos cuadernos, ya ha pasado a ser una larga historia de confesiones personales escalofriantes que han llevado a más de un pez gordo a la cárcel y que ha puesto a más de un protagonista del saqueo K a cantar verdades, incluidos la viuda del secretario privado y personal de Néstor Kirchner, Daniel Muñoz, y el mismísimo contador de la orga, Víctor Manzanares.

Resulta obvio que Carlos Stornelli podría ser la reencarnación misma del propio Al Capone y eso no sería suficiente para cruzar con la blasfemia de la mentira las verdades de la causa. Si Al Capone dijera que vio como Fulano de Tal acribillaba a balazos a una beba de un año, el hecho de ser un capo mafia evasor de impuestos no invalida lo que vio y de lo que da testimonio.

Decir que todo lo que investigó Stornelli es mentira porque chateaba con el falso abogado D’Alessio, es más o menos lo mismo  que decir que una persona nunca podrá decir la verdad porque cometió un delito: si cometió un delito debería tener su castigo dictado por el juez natural que le corresponda, pero eso no quiere decir que frente a un determinado hecho no esté diciendo la verdad.  

La causa de los cuadernos acumula una impresionante cantidad de prueba concordante, coincidente, proveniente de distintas fuentes, y que respalda, a su vez, lo investigado en otras causas que desenmascaran la enorme corrupción y delincuencia del kirchnerismo.

La radicalización de todos estos ladrones bajo consignas populistas y clasistas, que levantan banderas demagógicas y dictatoriales para encubrir lo que no es más que un impresionante historial delictivo, debería ser seguida muy atentamente por todos para que no caigamos en un engaño estúpido y de principiantes.

Envolverse en las banderas del comunismo radical, atacar al “imperio”, acusar a los Estados Unidos de todos los males, denunciar una conspiración intergaláctica para perjudicarlos no solo a ellos sino a todos nosotros -a la “Patria” misma- no es más que una patraña barata coordinada por seres desesperados. No es más que el mismo cuento que inventaron otros delincuentes antes, como Lenin, los Castro, el Che Guevara y Chávez, para robar las riquezas de otros y decir, al mismo tiempo, que su Norte es la defensa del “pueblo”. Deberíamos estar hartos de ese cuento ya. Todos los pueblos inteligentes y verdaderamente progresistas del mundo hace tiempo que se hartaron de eso, desenmascararon a estos delincuentes e iniciaron el camino del desarrollo para todos.

Solo un conjunto de imbéciles muy probablemente motorizados por no otra cosa que la envidia y el resentimiento, continúan haciéndose eco de este enorme engaño dándole, con eso, paño y espacio a lo que no son otra cosa que una lacra, una maga de ladrones.

Subirse a la escalera de la demagogia para robar el dinero público debería ser el cuento del tío más obvio de la historia mundial. Pero, créase o no, aun le sigue dando réditos a algunos delincuentes cuyo sitio no debería ser otro que la cárcel.