Catalina Island, un tesoro californiano

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Desde el puerto de San Pedro en Los Angeles, el Catalina Express demora una hora en llegar a Santa Catalina Island -o directamente “Catalina”, como la llaman los lugareños-, distante 35 kilómetros de la costa del sur de California. Los ferris tienen salidas regulares durante todo el año desde cuatro puertos continentales (Long Beach, Dana Point, Newport Beach y San Pedro). Durante el cruce, hay que mantener los ojos bien abiertos porque con frecuencia se observan delfines y ballenas.

Con sus palmeras exuberantes, playas de arena blanca, las aguas más cálidas del verano, y puestas de sol que emocionan, Catalina se destaca como un isla ideal para una escapada de fin de semana que permita disfrutar todas las atracciones deseables para un refugio apartado -alojamientos agradables, restaurantes de mariscos frescos, gran cantidad de deportes acuáticos para toda la familia- y además algunos hallazgos inesperados, entre ellos, la historia de una estrella (aquí vivió Marilyn Monroe), aventuras extraordinarias en áreas silvestres e, incluso, una bodega de vinos propia.

 

Vida Marina

Llego al muelle de Avalon, la capital, y la vista me recuerda una Riviera del Mediterráneo como si, de golpe, una hora después de salir de Los Angeles hubiera llegado a Europa.

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Visitar una ciudad que solo se puede recorrer a pie, en bicicleta o en carrito de golf dice mucho sobre el ritmo de las cosas. Si bien los residentes de Avalon pueden desplazarse en autos, camionetas y camiones pequeños (aquí se puede detectar el camión de reparto de Fed Ex más pequeño del mundo), los turistas no pueden rentar autos para desplazarse. De hecho, los automóviles están tan mal vistos que hay una lista de espera de 14 años para tener uno en la isla. Por suerte, la ciudad principal de Avalon tiene una superficie de apenas una milla cuadrada, lo que permite caminar con tranquilidad hasta la mayoría de las atracciones.

Pero lejos de ser eso una molestia es una gran ventaja. Saben que mi gran aliada de los viajes es la bici, así que alquilo una para toda mi estadía. En el lodge donde paro –un bed & breakfast exquisito- hasta me dan la llave de la puerta de calle para entrar si llego tarde por la noche, así que calculen ustedes el nivel de familiaridad que tiene el lugar que estamos a punto de descubrir.

Otra forma para recorrer esta pintoresca roca es aventurarse a subir y bajar los caminos empinados y sinuosos de Avalon en unos carritos que parecen de juguete, donde 8 kilómetros por hora se juzga una velocidad adecuada para el ritmo de vida de la isla. Incluso sin un carrito, hay mucho para hacer a pie a lo largo de la hermosa costa de esta isla: visitar tiendas de recuerdos, deleitarse en las heladerías, recorrer las galerías o hacer una visita guiada a pie al histórico Casino de Avalon.

Enfilo con la bici a Descanso Beach, que es el centro de diversas actividades y deportes acuáticos. Está a más o menos 2 kilómetros del puerto de Avalon. Allí se pueden alquilar kayaks y hacer paddleboard (hay lecciones y paseos guiados), lo que es una excelente manera de avistar delfines, focas, leones marinos y, con suerte, peces voladores.

Me alquilo un equipo de snorkel y entro en un mar brillante, azul. Aquí se puede tener contacto con una excepcional y abundante vida marina. Si bien las aguas del Pacífico californiano son agradablemente refrescantes aquí (22°C en verano), la mayoría de los buceadores y practicantes de snorkel usan trajes de neopreno para explorar el mundo submarino; la isla ofrece equipos e instructores.

Si buscás una manera novedosa de ver peces Garibaldi de color naranja brillante y otras criaturas del mar, te podés sumar a la aventura SeaTrek: mediante un casco especial de buceo podés caminar, literalmente, por el fondo del mar mientras respiras aire por la escafandra.  Los que prefieren mantener los pies secos, hay excursiones en bote con fondo de cristal o, incluso, un entretenido recorrido en minisubmarino desde el puerto de Avalon.

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Por la tarde tengo el dato preciso para tomar un ferry desde el puerto de Avalon a una pintoresca atracción. En el extremo occidental de la isla esta la rústica villa “Two Harbors”. Esta aldea, aislada del mundo es famosa por su oferta de excursiones nocturnas en botes de vela o de motor, al igual que por la práctica de snorkel, buceo y kayak. El lugar es soñado. La tarde va cayendo y deslizarse con el kayak me da una sensación de serenidad difícil de explicar. El silencio solo se corta por el suave golpe de las olas en el casco del Kayac.

De regreso en la “ciudad” me espera una invitación en el Ristorante Villa Portofino para comer. Pedimos unas ostras frescas y vino espumante y disfrutamos de una puesta de sol en una mesa con vista al puerto.

 

Un día deportivo y noche de casino

Al día siguiente, llego con mi bici al Catalina Island Conservancy, una organización fundada en 1972 y que constituye uno de los fideicomisos de tierras privadas más antiguos del sur de California. Hoy protege el 88 % de la Isla Catalina a modo de reserva cuidadosamente administrada. La isla es el hogar de más de 60 especies de plantas, animales e insectos endémicos que no habitan ningún otro lugar de la Tierra, el denominado “interior” de Catalina alberga especies raras, entre ellas, el zorro de Isla Santa Catalina. 

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De allí tomamos una ecoexcursión guiada en jeep y recorremos caminos de terracería con naturalistas experimentados, quienes comparten sus conocimientos e información sobre los zorros y otras especies nativas, así como sobre los residentes más inesperados de la isla, una ruidosa manada de bisontes americanos (cuyos antepasados fueron llevados a Catalina en 1924 como extras para una película).

Al regresar ya tengo un pase para visitar el célebre “Aeropuerto en el cielo”, una pequeña pista de aterrizaje construida sobre un pico en el centro de la isla. Los ciclistas de montaña pueden adquirir un pase de un día para explorar 64 kilómetros de senderos y caminos. La experiencia es dura, pero incomparable. Lo mío fue una vuelta moderada para tener idea y dimensión del interior profundo de la isla, de ese que no tiene que ver con la arena blanca y el mar azul. 

La tarde es ideal para una rueda de golf de 9 hoyos. Cada uno de los nueve hoyos cuenta con dos grupos de tees de salida para organizar un juego de 18 hoyos. Se trata del campo más antiguo al oeste de las Rocallosas.

Esta sinuosa cancha, gracias a las colinas escarpadas y cubiertas de matorrales de Avalon, parece un complejo privado, pero sus nueve difíciles hoyos están abiertos para el público en general. También hay un green de práctica con sombra, del que gustan mucho los papás que viajan con chicos (de hecho, Tiger Woods jugó en él de pequeño). El campo de golf es también sede del histórico Catalina Country Club, una linda opción para un almuerzo relajado al aire libre, incluso para quienes no jueguen al golf. Este lugar, construido originalmente como sitio de descanso para los Chicago Cubs (quienes entrenaron alguna vez aquí) es un indicio de los primeros propietarios de la isla, la familia Wrigley, a la que pertenecía el magnate de los chicles, también propietario de los Cubbies entre 1920 y 1981 y quien le dio el nombre al que probablemente sea el estadio de beisbol más pintoresco del país en Chicago, Illinois.

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La noche se presenta ideal para conocer el Casino. Desde su majestuoso entorno ubicado en el extremo norte del puerto de Avalon, este impactante edificio circular se erige como un centinela que da la bienvenida a quienes llegan desde el continente desde poco antes de la Gran Depresión. Este majestuoso edificio Art Decó fue el sueño de William Wrigley Jr., quien compró una participación mayoritaria de Isla Catalina en 1919. Wrigley entendió que el casino constituía una manera de lanzar un hechizo mágico sobre todos los visitantes, como una forma de decirles: “miren, aquí está la belleza, la relajación y la diversión”, y también una vía de escape —al menos por un rato— para los tiempos difíciles que atravesaba el país.

En su interior, el millonario organizaba bailes y espectáculos espléndidos. Hoy la tradición continúa, y los invitados a los eventos anuales (muchos ataviados con atuendos de época) siguen bailando en el gran salón del casino, o ven películas de estreno en el teatro de la planta baja que está adornado con elaboradas pinturas. (Los viernes y sábados por la noche, se puede asistir una hora antes del show para presenciar un espectáculo en vivo con el impresionante órgano de tubos del teatro).

Las caminatas guiadas también son una excursión obligada y permiten descubrir la historia de Avalon y su conexión con Hollywood. La excursión “Tras Bambalinas” permite espiar los camerinos que han estado cerrados durante 70 años y caminar sobre el escenario donde músicos famosos, como Benny Goodman, tocaron para sus admiradores.

 

Dónde quedarse 

Como les decía estoy parando en un Bed & Breakfast que es como para pedir que te lo envuelvan para llevártelo a tu casa, el The Old Turner Inn. Situado a apenas unas cuadras del Casino y a tres minutos a pie de Green Pleasure Pier. Este estilo Cape Cod B & B fue construido en 1927 y renovado en 1987, Está amueblado con muebles ingleses y antigüedades americanas.

Las 5 habitaciones tienen una decoración tradicional, conservadora y baño privado con azulejos. Todas las unidades cuentan con Wi-Fi gratuita y la mayoría cuentan con chimenea.

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El desayuno está incluido, y hay una recepción con vino gratuito por la noche, con unos livianos hors d’ oeuvres todos los días. Creo que es el lugar ideal para quedarse en una isla como esta.

Pero el “Turner” no es el único lugar donde hospedarse.

Entre las opciones de Catalina, se encuentra el Avalon Hotel, un edificio con estilo de arquitectura californiana, cuidadosamente restaurado, que combina una lujosa madera de caoba con los azulejos artísticos distintivos de Catalina. Su terraza cubierta podría ser el lugar perfecto para relajarse tomando una cerveza.

También visité las habitaciones frente al mar del Snug Harbor Inn que incluyen bañera para hidromasaje y chimenea. El Hotel Metropole, llamado así por el gran hotel original de la isla (que se incendió en 1915), fue reconstruido en un estilo costero suntuoso: si querés darte un gusto inolvidable, te pueden reservar la casa de playa con 2 dormitorios y 2 baños, donde podés disfrutar de la vista panorámica del mar desde tu terraza privada.

En lo alto de Avalon, con fantásticas vistas del crepúsculo sobre el puerto y el casino, se encuentra The Inn on Mt. Ada, ubicado en la mansión original de Wrigley, con detalles originales, como la disponibilidad de helados para los huéspedes, aperitivos, vino y champaña californianos todas las noches. Si preferís mayor amplitud, existe la opción de rentar un departamento en la elegante zona de Hamilton Cove; muchos departamentos incluyen carritos de golf que te permiten llegar a Avalon en 5 minutos… Si es que en algún momento te dan ganas de levantarte de tu silla en la terraza o junto a la pileta. El exclusivo Descanso Beach Club alquila elegantes cabañas privadas con servicio de valet en la playa y otros amenities similares.

Para quienes quieran un destino más remoto, está Two Harbors, al norte de Avalon, para quedarse en la Banning House Lodge, que posee una amplia vista del istmo de Catalina y del Catalina Harbor.

 

Un poco de historia y aventura 

Dedicado al arte, la cultura y la historia de la isla, el Museo de Catalina constituye un excelente medio para orientarse al visitar Avalon por primera vez. Actualmente situado en el primer piso del Casino de Catalina, el museo incluye una pequeña sala de cine digital, galerías históricas y una sala especial, con espectáculos muy variados, entre ellos, muestras de residentes famosos, como Norma Jean, más conocida como Marilyn Monroe.

El paseo permite conocer a los habitantes originarios de Catalina, la tribu Pimungan, así como a los primeros colonos europeos, que trabajaban como mineros o cazadores de nutrias. También, obviamente, está presente el legado de William Wrigley, Jr., quien adquirió la mayor parte de los derechos de la isla en 1919 y la convirtió en el destino vacacional isleño que es hoy. La familia Wrigley todavía es propietaria y administra gran parte de la isla.

Al salir monto mi bici y voy a visitar el monumento al famoso Mr Wrigley ubicado en el jardín botánico de la isla, cerca del campo de golf, en el extremo este de la ciudad.

 

Vida Silvestre

El último día de Catalina va a amortizar el alquiler de mi bici con holgura. Cañones remotos, cimas azotadas por el viento, cuevas y playas secretas: este es un lugar donde podes recargar la batería de tu mente en lugar de la de su teléfono. El interior inmaculado —nombre que se le asigna al 88 % de la isla que no ha sido explotada— está administrado por Catalina Island Conservancy y conforma una pequeña zona silvestre, perfecta para un día de senderismo alejado del mundo, a la que se puede acceder solo mediante un permiso. Aunque no se esté en condiciones de caminar todo el recorrido de 60 kilómetros que permite atravesar la isla, se puede hacer un trayecto mucho más corto. Así que munido de los mapas, los consejos del personal de Catalina Island Conservancy y del permiso de senderismo gratuito y obligatorio, me lanzo a la aventura del conocimiento.

Para alejarse verdaderamente de todo, habría que evalúar pasar una noche en uno de los cinco campamentos de la isla o en las zonas de camping a las que se puede acceder por kayak o botes, pero, bueno, mi tiempo solo da para esto.

Más cerca de Avalon está Hermit Gulch, una buena opción para los que no tienen experiencia en campamentos o tienen chicos pequeños. Two Harbors, sobre un acantilado con vista al océano, ofrece cabañas tipo tienda de campaña, así como lugares para acampar. Little Harbor ofrece un campamento frente a la playa, en una hermosa zona agreste con vista al mar.

Pero el tiempo sí me da para hacer la difícil caminata hasta Parson’s Landing, a la sombra de pinos y eucaliptos. El regreso hasta donde dejé la bici lo hago en kayak.

Vuelvo al centro del Conservancy y estoy listo para la última aventura de la estadía; la ecoexcursión de Catalina en tirolesa, un descenso de casi 1,220 metros por el cañón hasta Descanso Beach.

Ya con el atardecer encima, vuelvo al Lodge para hacer mi bolso y alcanzar el ferry de vuelta a Los Angeles. Catalina me deslumbró, por eso nunca hay que dejar pasar un buen dato.