El caso García Belsunce

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El regreso del caso García Belsunce a la información de estos días, quince años después del asesinato de María Marta y después de que la Justicia haya enviado a la cárcel a su viudo y perseguido por encubrimiento a varios miembros de su familia, resulta francamente aterrador.

Máxime cuando ese regreso se dispone de la mano del pedido de declaración indagatoria de Nicolás Pachelo y de su entonces pareja, Inés Dávalos Cornejo.

La hipótesis de Pachelo como asesino de María Marta en ocasión de robo, fue sostenida por el hermano de María Marta, Horacio García Belsunce, contra viento y marea y apoyado en evidencias que ya estaban en la causa desde hace quince años.

Pachelo y Dávalos no son citados por hechos nuevos que han aparecido ahora y que fueron descubiertos como consecuencias de investigaciones originales. No: Pachelo y Dávalos son citados en base a cuestiones comprobadas hace quince años, como que Pachelo estaba en el country a la hora del asesinato y no en el Patio Bullrich con su madre como declaró en la causa; que dos adolescentes que estaban corriendo por los senderos del country lo vieron en las cercanías de la casa de María Marta aproximadamente a la hora del hecho y que Dávalos fue la única que se negó a cumplir con el examen de ADN que la Justicia le pidió a ella y a las mujeres de la familia García Belsunce para ver si se podía establecer una coincidencia con el ADN femenino hallado en la casa.

Toda la familia García Belsunce cumplió con la prueba; Dávalos no.

¿Cómo pudo ocurrir esto?, ¿Cómo puede ser que una señora por su propia voluntad se niegue a cumplir con una orden dispuesta por la Justicia para despejar dudas sobre el autor de un crimen?

¿Y cómo puede ser que la Justicia, no solo lo permita, sino que descarte el seguimiento de esa pista y termine condenando a cadena perpetua a un hombre que hoy puede resultar inocente?

La familia García Belsunce fue destruida por este caso. Guillermo Bártoli uno de los cuñados de María Marta, murió de un cáncer que seguramente contrajo como consecuencia de haber sido considerado un encubridor del crimen y condenado a la cárcel. El propio Horacio, que trabajaba  en los medios en aquel momento, tuvo que dejar de ejercer el periodismo y llegó a trabajar como remisero; se divorció de su mujer y también vio su propia familia derrumbada.

Horacio pidió una y mil veces que Pachelo y su mujer fueran citados. Se apoyaba en las mismas evidencias que los fiscales toman ahora. ¿Por qué la Justicia desestimó esos pedidos si las pruebas de que Pachelo estaba en el country aparecían en filmaciones de cámaras de seguridad ya en aquel momento? ¿Por qué la Justicia no conminó a Davalos a presentarse a la prueba de ADN y convalidó su decisión unilateral de defecarse en la tapa del piano?

Todo esto resulta francamente increíble. Pero hoy, visto lo que está sucediendo, no puede caerse en otra conclusión que no sea la de volver a poner sobre el tapete las cuestiones políticas involucradas en el hecho.

El juicio por el crimen de María Marta coincidió temporalmente con el gobierno de los Kirchner. A su vez la familia García Belsunce era una familia tradicional de la Argentina. Horacio padre, era una eminencia del Derecho, fue presidente de la Corte Suprema, miembro al mismo tiempo de tres academias nacionales (de Derecho, de Historia, y de Ciencias Morales y Políticas) y fundador de una dinastía de apellido.

Horacio hijo era un periodista fuertemente crítico del gobierno kirchnerista y semanalmente se despachaba contra los sacrilegios morales, económicos y jurídicos que los Kirchner cometían a diestra y siniestra sabiéndose los únicos dueños del poder de aquella Argentina.

Con los hechos que tenemos ahora a la vista es imposible no sospechar que, durante aquellos años,  se quiso destruir a esa familia como se destruye un emblema. Si esta teoría no se trae a la discusión o, al menos, no se la analiza como parte probable de la verdad, no se explica lo que está ocurriendo hoy, quince años después del hecho.

Repito: todas las evidencias en las que se apoyan los fiscales de hoy para citar a Pachelo y a Davalos a indagatoria obran en la causa desde que se descubrió que María Marta había sido asesinada. Que Pachelo mintió diciendo que estaba en el Patio Bullrich con su madre (que luego sugestivamente se suicidaría) estaba probado en el expediente no ahora, sino hace quince años.

Que Pachelo está filmado por las cámaras de seguridad del country saliendo del lugar a las 18:59 está acreditado no ahora, sino hace quince años. Los testimonios de los que lo vieron cerca de la casa de María Marta aproximadamente a la hora del crimen no son de ahora sino de hace quince años. Quienes los dieron en ese momento eran adolescentes de 17 años que hoy probablemente ya tengan formada una familia propia. Que la Sra. Dávalos se negó a hacerse la prueba de ADN no es de ahora sino de hace mucho tiempo…

¿Qué ha ocurrido aquí? ¿Puede ser cierto que la Justicia argentina se haya prestado a caer en el torrente populista y que, como parte de ese engranaje, haya estado dispuesta a dar un fallo “aleccionador” a una familia tradicional y “opositora” de la Argentina?

¡Qué alguien aclare esto rápido por favor! El solo hecho de barajar estas alternativas le hace correr a uno frío por la columna vertebral. Estar en manos de señores que desde sus sillones en el foro de la Justicia pueden subirse a una ola populista por el solo esto de “estar a tono con los tiempos” resulta estremecedor. De ser así, nunca una democracia se habría parecido tanto a una dictadura.