Campaña de la no-campaña

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Este comentario va a ser muy corto. Porque los hechos hablan por sí mismos.

No hay dudas de que una de las situaciones más denigrantes para el ser humano debe ser sentir vergüenza de uno mismo; ser uno mismo consciente de la bajeza que personifica y de lo conveniente que resulta aparecer lo menos posible ante los demás porque la propia presencia es sinónimo de ignominia y oprobio.

Y tampoco hay dudas -porque la prueba empírica así lo demuestra- que eso es lo que debe sentir en la profundidad de su ser Cristina Fernández que ha decidido desarrollar esta campaña política en ausencia, muda, sin apariciones en televisión, sin estar en la calle, sin sus famosos tuits. Nada. Ausencia total. Silencio total. Vergüenza asumida. Culpa admitida.

Su mejor herramienta, para conseguir arrimar votos, es no mostrarse, no aparecer, no hablar: la campaña de la no-campaña. ¿Qué prueba más contundente se precisa para llegar a la conclusión de que si hiciera lo contario espantaría a todo el mundo?

Cristina Fernández es como un espantapájaros de votos: aparece y pierde; se guarda y gana.

No más preguntas, dirían en un juicio. La acusación descansa. Que la evidencia pronuncie su veredicto.