Boston, la historia y el futuro

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Boston es, probablemente junto a Filadelfia, la ciudad histórica por excelencia de los EEUU. Muchos de los capítulos más importantes de la independencia y de los hechos que condujeron a la formación del país ocurrieron aquí.

La ciudad es una típica comunidad de Nueva Inglaterra. Es grande, pero conserva lugares y costumbres de pueblo pequeño y aún pueden recorrerse lugares que parecen extraídos de postales.

Boston está a cuatro horas de auto viniendo desde New York, en un viaje muy agradable y escénico en varios de sus tramos. Si la opción es el avión, el viaje tarda una hora.

Hace frío en estos días de mi visita, pero no hay nada que no pueda solucionarse con un buen abrigo y unas buenas ganas de caminar y descubrir la historia que guardan estas calles, estos edificios y estos senderos marcados por siglos de evolución hacia lo que el país se ha convertido hoy.

Boston cautiva por su estilo, por su clase y, además, ha sido pensada para que, quien la visita, se incorpore de algún modo a la historia. Con un poco de imaginación uno puede retrotraerse a aquellos días formativos, llenos de ideales y de futuro. 

El llamado Freedom Trail es un recorrido trazado que permite visitar dieciséis de los lugares más importantes de la historia de los Estados Unidos. A través de sus cuatro kilómetros y siguiendo las líneas del suelo, uno puede disfrutar y aprender de la historia sin perderse. Es una línea hecha de ladrillos rojos que pasa por el centro de la ciudad, empezando en el parque central Boston Commons y terminando en el parque de Bunker Hill. Se creó en 1958 para que la gente que visita Boston tuviese una manera fácil de poder ver los monumentos más importantes.

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Se puede hacer con un guía turístico pero yo prefiero hacerlo por mi cuenta, ayudado por una aplicación que me bajé en mi teléfono, que hasta incluye un mapa y una explicación con audio. En cualquier caso, es un recorrido imprescindible, ya que además permite conocer otros rincones que hay que ver en Boston. Me encuentro con infinidad de negocitos pequeños, todos muy cálidos que venden recuerdos, adornos para la casa, todos con alguna alegoría histórica y con los infaltables colores azul, rojo y blanco. Desde veladores, acolchados, edredones, perfumes para ambientes ¡y hasta mercados de frutas orgánicas!, todo te los vas encontrando siguiendo la mágica línea roja del piso.

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El Back Heritage Trail, otro de los infaltables recorridos de la ciudad, permite conocer los orígenes de la llegada de los africanos a la ciudad de Boston, remarcando los lugares con mayor importancia en su historia.  Al principio fueron comprados como esclavos y se fueron asentando en la zona de Beacon Hill. Pero tras la Revolución Americana todo cambió, y se convirtieron en hombres libres. La ruta me lleva por las casas, escuelas y centros (a la mayoría no se puede entrar) que fueron importantes en el desarrollo de esta comunidad en Boston. Además es una zona muy bonita y muchas de las casas son espectaculares, por lo que mi teléfono no deja de disparar fotografías.

Muchos conocen desde ya, la historia del asalto al barco de té que fue arrojado al océano como acto de rebelión frente a la presión impositiva inglesa sobre sus colonias. La noche del 16 de diciembre de 1773 es para muchos la antesala de la Revolución Americana. Esa noche los colonos americanos tiraron por la borda toda la mercancía de té, en señal de protesta contra los británicos.

El museo que rememora tal momento no es solo un museo con forma de barco, sino que dispone de un sistema interactivo de aprender sobre aquel momento. Lo más divertido es que uno mismo puede imitar ese momento lanzando el té por la borda. Tienen muchas actividades diferentes y el 16 diciembre, por supuesto, es el mejor momento para hacer una visita y sentirse un revolucionario.

No hay que perderse un paseo por la parte más antigua de la ciudad, calles como Boylston Street y las zonas de Back Bay y Beacon Hill, están llenas de casas y diseños arquitectónicos que hoy no podrían reproducirse. Además, algunas de estas casas sirven hoy de museo, como por ejemplo “Otis House Museum” o “Gibson House Museum”.

Muchas de las paradas del “Freedom Trail” atraviesan estas zonas, pero, para quien ande con el tiempo corto, un rápido paseo por estas calles es una especie de deber porque te sentís trasladado a otro momento de la historia.

Paul Revere es uno de los personajes más históricos de los Estados Unidos. Era un prestigioso orfebre en plata que también fue contratado por la ciudad de Boston como mensajero y el 18 de abril de 1775 fue a caballo desde su casa hasta Lexington para avisar a Samuel Adams y John Hancock que los ingleses venían a detenerlos. Se dice que por el camino iba gritando, “The British are coming!” para alertar a la gente. La casa se ha preservado como un museo, la lástima es que no se permite tomar fotos adentro.

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Para quienes tengan tiempo, al costado histórico de Boston no le puede faltar una visita a Plymouth, donde se produjo el desembarco original de los primeros peregrinos británicos en el Mayflower. Allí hay toda una reproducción de la aldea original y hasta se hace una presentación teatral.

Estos colonizadores pensaban que la Iglesia de Inglaterra había adoptado demasiadas prácticas del catolicismo, y llegaron a América huyendo de la persecución en tierras inglesas con la intención de fundar una colonia basada en sus propios ideales religiosos. Un grupo de puritanos, conocidos como los peregrinos, cruzaron el Atlántico en el Mayflower y se establecieron en Plymouth en 1620. La colonia de Boston, mucho más grande y también puritana, se estableció definitivamente unos 10 años más tarde.

El mismo día aprovecho y visito Salem, la famosa ciudad de las brujas, que también jugó su papel en la historia americana.  Se ubica en la costa norte de Massachusetts por encima de Boston. Se hizo famosa por sus juicios de brujas de 1692, durante el cual se ejecutaron a varios vecinos por supuestamente practicar la brujería. Puntos de referencia de este episodio incluyen la Casa de la Brujas, que era la antigua casa de un juez de primera instancia y que hoy ofrece un tour interactivo muy interesante.

Pero obviamente no todo se reduce a la historia en Boston. Tenía el dato de la destilaría Samuel Adams (la cerveza, como no podía ser de otra manera lleva el nombre de un patriota) y enfilo para ahí.

El tour es gratis y dura lo suficiente para aprender sobre el proceso de la cerveza, pero sin extenderse y hacerse pesado. Además, tras la visita, todos fuimos a una sala donde probamos las diferentes cervezas y nos regalaron un vaso. Y si queres completar la visita con un sitio histórico de la marca, a pocos metros se encuentra Doley’s Café, el primer bar que apostó por esta marca.

El Prudential Tower -o como es conocido coloquialmente “The Pru”- se construyó en 1964 y cuando lo vi me recordó a esos rascacielos antiguos que salen en las películas y series de los 80 y 90. A diferencia del otro rascacielos de la ciudad, el John Hancock Tower, (se llama igual que el de Chicago) al “Pru” sí se puede subir, aunque hay que pagar. El “Skywalk Observatory” se encuentra en el piso 50 y es el observatorio más alto de toda Nueva Inglaterra. Las vistas de 360 grados son impresionantes, porque la ciudad en sí misma lo es. Aprovecho y como algo en el restaurante “Top of the Hub” que está en el piso 52. La verdad es que es incomparable. Y los precios son medianamente accesibles (U$S 8 una copa de vino y platos desde U$S15)

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En materia de museos, Boston es una ciudad como armada para ellos. Solo visitando museos, se podría ocupar un viaje entero. Sin duda el más importante es el Museo de Ciencias -la atracción más visitada de Boston- donde hay más de 700 exhibiciones.

Otro imperdible por el simbolismo y la historia es el USS Constitution Museum. El lugar sirve a la memoria y también para instruir sobre el buque USS Constitution, mediante la recopilación e interpretación de las historias asociadas con él. Busca crear una experiencia positiva tanto para chicos como para adultos, inspirando en ellos el amor por la libertad que la Constitución simboliza.

Pero también otros son recomendables como el “Museum of Fine Arts”, el Instituto de Arte Contemporáneo, el Museo de Historia Natural de Harvard, “The Salem Witch Museum”, y otros más específicos para amantes de la computación, la policía, los bomberos, etcétera.

Sin dudas uno de los placeres ciudadanos más emblemáticos es el Boston Common. Se trata del pulmón de Boston, además de ser uno de los parques públicos más antiguos de Estados Unidos. Construido en 1634, alberga un cementerio donde descansan algunos personajes históricos. Justo al lado también está el “Boston Public Gardens”. Vale la pena pasear por él y recorrerlo viendo las diferentes estatuas que hay en el interior. La más conocida, sobre todo por los chicos, aunque también por los que lo fueron alguna vez, es la estatua de bronce de mamá pato y sus patitos en referencia al libro “Make Way for Ducklings”. Se dice que se sientan tantos chicos encima, que nunca necesitan lustrarla.

El parque tiene una laguna que lo divide en dos y en la que, montado en una barca con forma de enorme cisne, es posible dar un paseo durante los meses de verano. No precisamente en este momento.

Llama la atención una estatua ecuestre de George Washington realizada en bronce y colocada sobre una gran base de granito. Sin duda, es una de las más famosas de Boston.

Debajo de Boston Common y justo al lado de Chinatown se encuentra una de las zonas con más y mejor ambiente de la ciudad. El Distrito de los Teatros (“Theater District”) conocido por ser el Broadway de Boston. Allí se pueden ver los mejores musicales y obras como El Rey León, Mamma Mía o Kinky Boots. El edificio que más destaca es el Boston Opera House, sucesora de la antigua opera cerrada tras la Gran Depresión que había abierto sus puertas en 1928. En el mismo circuito también están The Paramount Center, el Savoy Theatre o el Modern Theatre – Suffolk University.

Aunque casi todas las ciudades más o menos grandes de Estados Unidos tienen su barrio chino (sin ir más lejos en NYC hay uno en Queens y otro en Manhattan y en San Francisco el más grande del mundo después de China) éste de Boston es el único en toda Nueva Inglaterra. Merece la pena visitarlo y comer algo en alguno de sus restaurantes. En enero o febrero de cada año (según el año nuevo de la luna), se celebra el Año Nuevo Chino y, al igual que en otras ciudades, se pueden ver desfiles y fiestas alegóricas.

El “North End” de Boston está repleto de lugares históricos que reflejan la importancia de la inmigración en la ciudad, judíos, portugueses, irlandeses o italianos entre otros. Aún así es conocido en Boston por albergar a “Little Italy”, lo que, como se pueden imaginar, conlleva la existencia de una multitud de restaurantes donde disfrutar de la que posiblemente sea mi comida favorita: la italiana.

Pero no solo hay gastronomía en el North End, la zona ocupa gran parte del “Freedom Trail” y su recorrido junto al océano es muy acogedor.  Las iglesias y mercados de estilo más europeo, hacen de la zona una de las más visitadas de la ciudad.

La Old North Church tuvo un papel muy importante en la Revolución Americana, porque fue aquí donde Robert Newman subió hasta el campanario y colgó dos linternas para avisar a la población que el ejército inglés venia por mar el 18 de abril de 1775, la misma noche que el famoso viaje de Paul Revere. La iglesia fue construida en 1723 y es muy simple por dentro y por fuera. Detrás tiene un patio muy lindo con varios monumentos y estatuas.

Trinity Church está situada justo en frente del rascacielos “Hancock Tower” y en el edificio se forma un impresionante reflejo de la iglesia cuando el sol se va poniendo. Fue fundada en el siglo XVIII, pero un incendio la destrozó por completo y la que vemos hoy día es la restauración de 1877. Entro para contemplar su arquitectura y tengo la yapa de escuchar su órgano que es francamente impresionante.

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Lo que no quería perderme era el paseo por el Charles River, que traviesa la ciudad. Es realmente relajante. Los edificios a su alrededor son fantásticos y están especialmente cuidados. Se aprecian los parques de la ciudad, con su prolijidad y su cuidado. El curso del río es ancho y tranquilo, con aguas quietas y muy celestes. Es realmente un paseo que vale la pena porque es la contracara del apuro con el que uno anda siempre por estos lugares que concentran tanta historia y en los que no se quiere perder nada.

Después del crucerito visito el Quincy Market, un mercado histórico de principios del siglo XIX que tiene una arquitectura única. Se encuentra en el centro de la ciudad y advierto un clima muy especial con artistas callejeros y tiendas rodeando el mercado. La cúpula del edificio central es una auténtica obra de arte y, aunque ya no funciona como mercado al estilo tradicional, tanto este edificio central como los dos laterales (North and South Market) conservan el encanto del pasado y tienen restaurantes con comidas únicas, bares y tiendas. Está lleno de gente, pero vale la pena pasar y entrar aunque solo sea a verlo.

El Financial District es la zona de rascacielos de Boston y la que define el skyline de la ciudad que se ve perfectamente desde el aeropuerto. Es una zona de oficinas, aunque podemos encontrar algunas atracciones como El Acuario de Nueva Inglaterra, que tiene un acuerdo con algunas empresas de barcos para poder ir a ver las ballenas a Bar Harbor. También se puede dar un paseo por el puerto o comer en alguno de los restaurantes de la zona, aunque claro, si no es horario de oficina, la zona estará más vacía con lo que se pierde parte de su encanto.

Como ocurre con muchas otras ciudades en el mundo, incluida Buenos Aires, la zona de los puertos de las urbes grandes en un momento se convierten en un despojo. Algunas incluso son directamente abandonadas, dependiendo de la actividad económica. Llega entonces el momento mágico del reciclaje, como ocurrió hace años con Puerto Madero.

En Boston ese lugar se llama Boston Seaport que ha pasado de ser una parte abandonada al otro lado del Downtown de Boston, a una de las zonas que más de moda se ha puesto. Además de ser de donde parte el Spirit of Boston, podes encontrar infinidad de restaurantes y discotecas. El puerto lo han remodelado por completo y es fácil encontrar terrazas con vistas al océano. Por último, si apetece un poco de arte contemporáneo, no se puede dejar de visitar el Instituto de Arte Contemporáneo, que además de infinidad de obras tiene un edificio impresionante.

La idea de cenar mientras navegás por el océano siempre suena divertida. En Boston, el Spirit of Boston es la mejor opción, y ofrece diferentes horarios para poder disfrutar de esta actividad. Elijo la opción nocturna con buffet. Primero se empieza con unas copas en la terraza del barco mientras veíamos el atardecer con la brisa del mar dándonos en la cara. Luego pasamos al buffet, donde disfrutamos de diferentes tipos de comida, no muy abundante, pero sí suficiente. En la cubierta de arriba había una discoteca con un DJ poniendo música para que la gente baile a piaccere.

Estar en Boston impone la obligación de visitar Harvard. Cambridge es el barrio donde se encuentra la Universidad. Se trata de una comunidad encantadora, llena de estudiantes, cuidada, organizada, con bares, negocios, miles de sitios donde llevar memorabilia de la Universidad y, por supuesto, The Coop, la gran librería de Harvard, atendida por los alumnos y que vende desde los libros necesarios para el estudio en las diferentes facultades hasta novelas y adornos, con la típica tipografía de la Universidad. Al encontrar este ambiente uno se pregunta por qué nuestras casas de estudio están destruidas, sucias, pintarrajeadas… ¿Por qué no podemos asociar el estudio al orden y la limpieza sino todo lo contrario?

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Allí nomás se encuentra otro monumento de la enseñanza, el Massachussets Institute of Technology (MIT) el lugar de donde han salido las mentes más brillantes en materia de innovación y creatividad tecnológica.

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Ya de regreso al hotel, masticando mi vuelta, pienso en lo paradójico de esta ciudad. Ha sido una de las cunas de la Independencia y por lo tanto uno de sus mayores activos es la historia que guarda en sus paredes. Pero al mismo tiempo es el hogar de las casas de estudio que preparan a los hombres y mujeres del mañana, incluso en las especialidades que más contribuyen a la modernidad mundial y a la actualización tecnológica. Es como si el ayer y el mañana hubieran elegido encontrarse en Boston.