De Bonafini, la energía y otras yerbas

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El juez Martinez Di Giogi ha dispuesto la captura de Hebe de Bonafini en el día de hoy para que declare en la causa de Sueños Compartidos.

Di Giorgi no tenía alternativa; estaba entre la espada y la pared o arriesgaba el escándalo que probablemente Bonafini esté buscando o incumplía la ley que. Como juez, está obligado a aplicar.

Podía haberse tomado un par de días para la efectiva búsqueda por la fuerza pública, pero no tenía mucho más margen.

Hebe ha actuado en este caso como lo ha hecho toda su vida: creyendo que su figura está por encima de la ley. Envió una carta al juzgado insinuando poco menos que la existencia de una “justicia de clase” que se la tiene jurada a gente como ella, cuando, en realidad, ha sido todo lo contrario: hace rato que por este y otros motivos Bonafini le debe varias explicaciones a la Justicia.

Se ha cansado de instigar al delito, a la sedición, a injuriar y a calumniar; ha promovido la toma del edificio de la Corte y ha llamado a voltear al gobierno. Nunca ningún fiscal ni ningún juez la mandaron detener. Es hora de que ese sobrevuelo por encima del orden jurídico aplicable a todos los demás ciudadanos, termine.

Esta señora ha abusado de su desgracia para que se le permita todo: su mala educación, sus groserías, sus mentiras, su fascismo, sus presuntas fechorías con dineros que pagamos todos.

Lo que existe en el país hoy es una democracia. La señora tiene todas las garantías del debido proceso que ella seguramente no le daría a quienes no piensan como ella en un país gobernado por sus ideas. Puede presentarse en paz, con un abogado a cargo nuestro, para que la defienda de las dudas que puedan caber en su contra.

Si sus argumentaciones convencen al juez de que su participación en aquella mala idea –por decir lo menos- no configuran un delito podrá irse a su casa a continuar con sus diatribas con tranquilidad. Caso contrario el proceso contribuirá y la señora seguirá gozando de las garantías de la ley; garantías –otra vez- que serían de muy difícil vigencia en un orden como el que Bonafini y su ideología buscan imponer.

También es hora de que los jueces apliquen la ley por lo que la ley es y no por la ideología que profesan. Esto va, dicho sea de paso, para la Dra Martina Isabel Forns, la jueza federal de San Martín que paró el aumento eléctrico. En declaraciones periodísticas confesó que ella tienen una ideología y que falló en coincidencia con ella.

Siguiendo ese razonamiento la jueza dijo que “no le consta” que las tarifas eléctricas estén “visiblemente” atrasadas… Señora: su duda se la puede responder cualquier ciudadano de cualquier provincia argentina a quien podría preguntarle cuanto pagaba la electricidad entes del aumento de las tarifas. Se encontraría allí con una sorpresa (aun cuando a esta altura creo que la única que queda por sorprenderse es usted) viendo la diferencia con las facturas de la Ciudad de Buenos Aires y del GBA a quien el gobierno K le dio un subsidio demagógico e inexplicable durante más de 10 años.

Si no le gusta consultar a los provincianos, podría consultar cuál fue la inflación del gobierno kirchnerista. Allí se encontraría con el simpático número de 1000%. Las tarifas eléctricas estuvieron congeladas durante todo ese periodo. ¿No le parece eso un “visible” atraso?

Y si tampoco quiere hacer ese cálculo, la invito a informarse sobre cuánto tiene que pagar la energía la Argentina cuando, gracias al plan maquiavélico que se instrumentó para liquidarla, la debe adquirir de proveedores internacionales.

Quizás, si su ceguera ideológica no se lo impidiera, estaría en las condiciones mentales de libertad que todo juez en principio debería tener para sopesar el caso que tenía enfrente.

No hay dudas que la Justicia es una cuestión en la Argentina. Todos deberían hacer un esfuerzo para que funciones de acuerdo a la Constitución. No solo quienes deben someterse a ella, sino también quienes deben impartirla.