Basta de esta estupidez

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No podía ser que Estados Unidos no estuviera presente en la campaña. La reverenda estupidez del imperialismo y de los planes innombrables de ocupación, de saqueo, de conquista cultural y cuanta tontería por el estilo ande dando vueltas, suelen ser un clásico en ciertos sectores de la política que aun creen que esa antigüedad tiene cabida en la sociedad.

Ahora aparecieron carteles en el centro de Buenos Airees con la inscripción “Patria o Macri” en donde la palabra “Macri” aparece pintada con la bandera norteamericana.

¡Puede ser posible que sean tan estúpidos!, ¡puede ser posible que aun estemos con esa sandez!

El gobierno durante doce años ha presentado esta idea de que los Estados Unidos eran una especie de encarnación del mal que vivía obsesionado por la conquista de la Argentina.

La historia demuestra que el país ha sido bastante poco importante para los norteamericanos en los últimos 80 años. Si la Argentina diseñó un plan para “enfrentar” a los Estados Unidos de resultas del cual el país lograra “emanciparse” de los norteamericanos en términos de relaciones bilaterales, comercio, cultura, negocios, estrategias frente a los conflictos internacionales, no caben dudas de que el plan ha sido exitoso.

En el caso particular del kirchnerismo, el gobierno del matrimonio patagónico no ha dejado prácticamente nada por hacer en el sentido de cortar esa relación aunque sea en los aspectos formales.

Néstor Kirchner, al grito de “me dura un round”, le declaró la guerra a George W. Bush en 2005 en Mar del Plata durante la Cumbre de las Américas en donde el gobierno del país organizador (la Argentina) era el principal fogonero de una “contracumbre” que se celebraba en el Estado Mundialista presidida por Hugo Chávez y Diego Maradona, enfundados en las banderas del Che, que pedían la cabeza de Bush y vociferaban barbaridades contra el país que presidía.

Ya con la Sra de Kirchner en la presidencia, el canciller Héctor Timerman, munido de un alicate industrial, violó propiedad militar norteamericana en un avión estacionado en Ezeiza que había traído personal para entrenar a fuerzas de la Policía Federal a pedido de ésta.

El maletín abierto por la fuerza contenía claves secretas del Pentágono y originó un conflicto mayúsculo como el que Estados Unidos no tenía ni siquiera con sus peores enemigos. El avión estuvo varias semanas detenido en el Aeropuerto, suficientes como para que el presidente Obama, en un viaje de la presidente a New York por la Asamblea de ONU, le preguntara cuándo pensaba devolverle lo que le pertenecía a su país. Una vergüenza.

Pero lo interesante, más allá de haber caído en estas chiquilinadas propias de adolescentes, es el resultado obtenido. Seguramente en la base del razonamiento de que Estados Unidos y la relación con ellos no podía ser otra cosa que fuente de infelicidad y desgracia para la Argentina, se encontraba la idea de que, destruida esa relación, el país se encaminaría a una independencia mágica y próspera que se convertiría en la envidia del mundo, empezando, por supuesto, por la propia envidia yankee.

Sin embargo, la realidad ha entregado una respuesta muy diferente. En las últimas ocho décadas el país no ha dejado de retroceder en el concierto internacional, su participación en el comercio mundial se ha ido a pique, su concepto internacional se ha deteriorado a límites alarmantes, hemos pasado de ser un acreedor a ser un deudor consuetudinario que muchas veces no puede pagar lo que debe y en, otros casos, no quiere pagar lo que debe; hemos caído a la lona en términos de ser receptores de inversión extranjera y nuestro nivel de vida ha sufrido alteraciones que no le han permitido desarrollarse y salir de la pobreza.

Es curioso también lo que paralelamente ha ocurrido culturalmente. El argentino es un “chirimbolero” importante. En su momento fue el país que más rápido cambio su parque de televisores blanco y negro a color, fue el de más rápido crecimiento en materia de telefonía celular, es el “desesperado” por los iPhones y los iPad (empezando por “Wado de Pedro, a quien no les daban las piernas, en otro viaje a la ONU, para llegar al Apple Store de la 5ta Av a las 3 de la mañana para comprar el iPhone 6), es uno de los cinco países más importantes de la comunidad Facebook y el segundo en el mundo en estar permanentemente conectado a esa red. Es el séptimo mercado mundial -fuera del NAFTA- en turistas a la Florida y uno de los principales en general en número de visitantes a los EEUU.

Todos esos “juguetitos” (los televisores, los teléfonos, las redes, la Internet) son de invención norteamericana. A la hora de buscarlos y disfrutarlos no parece tener efecto el virus antinorteamericano. Tampoco parece actuar ese foco infeccioso cuando centenares de argentinos deciden llevar a sus chicos a Disney o “morir” por New York.

Hay, evidentemente, un complejo no resuelto en el interior psíquico argentino respecto de los Estados Unidos. Lo que sí es una realidad es que destruir la relación con ese país ya se hizo y el resultado en términos de nivel de vida medio del argentino común está a la vista.

Acusar a Macri de ser la encarnación norteamericana no es de mentirosos, es de ignorantes. Y seguir blandiendo esa bandera del “antiimperialismo” responde al mismo mal. Se trata, cuando menos, de una antigüedad. El país ni siquiera cuenta para los norteamericanos. Hemos perdido todo peso en su radar, no movemos uno solo de sus amperímetros.

La región hace rato que se ha dado cuenta de la inutilidad de un enfrentamiento con quien es, nos guste o no, la primera potencia mundial. Países como Chile, Colombia o Perú están haciéndose socios de los norteamericanos a través de tratados económicos que amplían mercados y generan oportunidades, de los cuales el Acuerdo Transpacífico es una última versión que revolucionaria casi la mitad del producto mundial.

Si queremos seguir jugando a los soldaditos para darle el gusto a personajes como Zannini, un dinosaurio anclado en acontecimientos que tienen más de 60 años, será nuestra decisión. Pero también serán nuestras las consecuencias de semejante estupidez.


  • Luis Ferenczy

    Estimado Carlos: soy un ferviente seguidor de todos tus artículos que demuestran una claridad de conceptos referidos a la defensa de la Republica y sus instituciones. En este caso referido al cuco americano refugio de todos estos populistas acomodaticios, sin embargo creo que habría que comentar la entrega de nuestro territorio continental al gobierno chino que les permite tener una base a la cual no puede acceder el argentino por ser territorio extranjero!!!!!! y ni que hablar con el convenio de YPF con Chevron que contiene clausulas secretas a las cuales no podemos acceder como ciudadanos!!!!!!!!!! este es el nacionalismo que pretender defender???