Basta de embustes

El simple hecho de escribir esta columna es un ejemplo en sí mismo de la cantidad de energía inútil que gastamos los argentinos en temas que deberían estar completamente cerrados y pertenecer, para bien o para mal, a la historia.

La ignota filmmaker y dueña inexplicable de 5 millones de dólares hallados en su caja de seguridad del Banco Galicia, Florencia Kirchner, estrenó el “documental” “El Camino de Santiago”, que insiste en instalar la idea de que Santiago Maldonado fue capturado clandestinamente por la Gendarmería, torturado y muerto por ésta y luego tirado al rio Chubut, en donde fue encontrado el 17 de octubre de 2017.

Maldonado había sido visto por última vez el 1 de agosto de ese año en inmediaciones de la ruta 40 en donde junto a un grupo insurreccional de la RAM (que constituyen un grupo subversivo comunista que disfraza sus objetivos totalitarios bajo la máscara de reclamaciones territoriales mapuches) estaba cortando dicha ruta cometiendo el delito descripto en el artículo 194 del Código Penal.

Luego de dos meses de intensa actividad política alrededor de su caso, en la que grupos kirchneristas y de izquierda intentaron instalar la idea del “primer desaparecido de Macri”, el cuerpo del “artesano” apareció hundido en el río en una zona en donde la propia RAM había impedido acceder con anterioridad a las autoridades.

Trasladado a la morgue de la Corte Suprema, el cuerpo fue examinado por un equipo de 55 de los más prestigiosos peritos del país, incluidos aquellos que representaban a la propia familia Maldonado y a todos los organismos de derechos humanos que quisieron designar profesionales a su nombre para participar de la autopsia.

La conclusión de los médicos, forenses y legistas fue aplastante: Maldonado no presentaba muestras de castigo alguno, tampoco signos de que hubiese sido arrastrado de un lado a otro. Los restos en sus pulmones eran compatibles con el agua del río, y su cuerpo, fuera de los signos normales de descomposición, estaba en perfecto estado. No tenía ni un rasguño.

Sin embargo el adefesio comunistoide local -responsable de la enorme decadencia argentina y que se haya incrustado en todos los niveles de la vida nacional- consiguió que el juez no cambie aun la carátula del expediente (recordemos que es el mismo juez que salió del edificio de la morgue la noche del 19 de octubre a informar con lujo de detalles que Maldonado había muerto ahogado); que el testigo falso (el también falso mapuche que dijo ver con sus binoculares –que luego perdió extrañamente- cómo Maldonado era cargado en un Unimog de la Gendarmería y luego en una Traffic blanca) siga en libertad en lugar de estar ya enjuiciado y sentenciado por falso testimonio agravado por las circunstancias; y ahora que fondos provenientes del robo más grande del siglo al Estado argentino se hayan destinado a la divulgación consecuente de la misma mentira, con lo que estamos frente a un nuevo delito de tracto sucesivo.

Que el país soporte semejantes mentiras, que los mentirosos tengan lugar y que haya cierta duda razonable que estos esperpentos puedan volver al poder, constituye una muestra clara de lo enferma que está la Argentina.

Bastaría tomar solo el caso de Maldonado para medir la dimensión de los extremos a que esta gente está dispuesta a llegar: tergiversar a tal grado las comprobaciones incontrastables de la justicia y de la ciencia médica (integrada hasta por los propios representantes de la familia de Maldonado) con tal de esparcir una mentira atroz; debería ser suficiente para que nada que saliera de sus bocas fuera creído; que ninguna de sus obras fuera fiable y que todo lo que tuviera su perfume fuera condenado como los embustes más descarados.

A todo el que escuche una opinión de esta gente le recomiendo que la pase por el tamiz de “El Camino de Santiago” para alcanzar luego una conclusión. Todo, cualquier cosa que digan, debería ser contrapuesto con el “El Camino de Santiago” para tener una idea aproximada de la profundidad de las mentiras que son capaces de sostener, incluso con el empleo de dineros que seguramente habrán salido, también (como siempre), de nuestros bolsillos.

“El Camino de Santiago” debe convertirse en la brújula que todo argentino debe llevar en su bolsillo a la hora de juzgar lo que escucha. ¿Si fueron capaces de pensar, filmar, editar, componer y llevar al cine “El Camino de Santiago”, creen ustedes que no serían capaces de embustes parecidos con tal de mantener la vigencia del adefesio comunistoide que solo sirve para enriquecerlos a ellos y matarnos a nosotros? La respuesta es muy simple: sí serían capaces. De eso y de cualquier cosa que los salve de los barrotes de la cárcel y los deposite otra vez en los sillones del poder