Barcelona: Messi, Gaudí y más

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Si hay una ciudad que por diversos motivos está en el corazón de muchos argentinos es Barcelona.

La capital de Catalunya atrajo a muchos de los que emigraron en la crisis del 2001/2002, cuando España, al contrario, disfrutaba aun de un boom económico. Otros, claro está, se sienten identificados por el fútbol, por Messi y por un equipo que no ha dejado torneo por ganar. Algunos recuerdan que por aquí estuvo Maradona, también. Pero al lado de que lo que ha logrado la Pulga rosarina lo de Diego ha quedado atrás para la mayoría de los blaugrana.

Barcelona, es una ciudad llena de vida. Es tan apetecible para quien la visita en verano (su mejor momento, por el sol, las playas y la gente en las calles) como para quien prefiere el invierno, por sus museos, su gastronomía y sus Pirineos donde se puede esquiar a menos de dos horas. 

Pero un inicio de visita no puede sino comenzar por un hito. Y si hay un hito en Barcelona, ese es la Sagrada Familia de Gaudí. Gaudí ha sido el arquitecto más famoso de la ciudad y la mayoría de los edificios emblemáticos de Barcelona fueron diseñados por él. La Sagrada Familia es una catedral que empezó a construirse en 1881 y que se calcula que se terminará en el 2026.

La iglesia es una parada obligada para cualquier visitante a esta ciudad milenaria porque de alguna manera ha sido la cuna del arte moderno en el mundo. Eso sí: hay que sacar entrada y recomiendo hacerlo con anticipación, porque la organización no es muy buena y la gente se desmadra en colas desordenadas.

La Sagrada familia es arte en su máxima expresión. Para quienes prefieran no pagar, después de las 18:30 en horario de misa se puede acceder a la cripta donde está enterrado Gaudí y recorrer una parte muy pequeña de su interior.

Otra atracción turística diseñada por Gaudí es el Parc Güell. Un gran jardín que se construyó entre el 1900 y el 1914 en el que se pueden ver muchos detalles de su arquitectura de vanguardia. 

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Barcelona es una ciudad de arte y probablemente no hay mejor sitio para resumirlo que el Museo de Arte de Catalunya. Está enclavado en un lugar privilegiado, bonito, tranquilo, con unas panorámicas de toda la ciudad y rodeado de jardines y, a sus pies, la Fuente de Montjuic.

En las estancias del palacio se pueden contemplar magnificas obras de arte de diversas épocas y estilos e autores. Uno queda sorprendido con la cantidad de material que hay. Se necesita ir con tiempo para poder disfrutar de todo y muchas veces hay que repetirlo para los que realmente buscan una visita exhaustiva.

Uno no puede decir que ha visitado la ciudad si no ha paseado por la mítica calle de las Ramblas. La arteria empieza en la Plaça Catalunya, la más importante de la ciudad, y baja hasta el monumento de Colón, cerca del mar. A sus lados se levanta el barrio antiguo de Barcelona, la Ciutat Vella. Las Ramblas cruzan este barrio y lo dividen en dos partes: el Gótico y el Raval. El Gótico (a la derecha bajando por las ramblas) es algo más turístico.

Al que le gusta caminar, debe hacer este recorrido a pie. Tómese su tiempo y vaya descansando si le parece, pero no se apure, sino se perderá de un gran espectáculo callejero.

La zona que rodea la Catedral, cercando el Palau de la Generalitat hasta el Ayuntamiento, tiene la peculiaridad de llamarse Call Judio, porque fue construido por los judíos. Allí pueden notarse dos cosas: la primera la primera es que las calles son muy estrechas, a veces alguna no entra ni el sol, y la segunda es que las calles no son rectas. Cuentan por aquí que ese diseño fue hecho a propósito para poder esconderse si eran buscados y atacados.

No hay nada mejor que perderse en las pequeñas calles del Barri Gótic y el centro de Barcelona. Te podés encontrar frente a un bohemio escondido, con una plaza medieval como la Plaça del Rei o un enorme portal.

A veces la tranquilidad de esas callecitas se interrumpe con el ajetreo de un mercadito de plaza en el que, a veces, si uno tiene suerte, hasta se puede encontrar una formacion de Castellers, es decir esas torres humanas formadas por hombres entrelazados en forma de pirámide. También hay por aquí otras formas de divertir a los turistas. Una de las favoritas son las estatuas humanas, artistas que con disfraces extremadamente elaborados entretienen a los visitantes todos los días.

Estas callejuelas, donde es muy fácil perderse, son muy seguras durante el día, y siempre vas a encontrar a alguien que te oriente. Hay también sitios para comer y pequeños museos en cada rincón de la citadella.

También hay tiendas de flores, kioskos, bares, restaurantes. Para comer algo al paso les recomiendo parar en el bar Viena (al comienzo de la calle desde Plaza Catalunya) y probar el bocadito de jamón serrano.

Allí nomás, cerquita, se encuentra el Mercat de la Boqueria y la Plaça Real. Es un mercado de frutas y verduras que poco a poco se ha ido convirtiendo en una atracción turística, aunque sigue operando como mercado proveedor del barrio.

Es el mercado más grande de Catalunya y ofrece tanto productos locales como extranjeros. La Plaça Real es una plaza de forma trapezoidal con una fuente en el medio. Está algo escondida al lado de las ramblas y es perfecta para salir de noche. Hay varios pubs interesantes.

El Museu d’Història de Barcelona reproduce la etapa de la Barcino romana. Está en el Barrio Gótico. Aquí se puede descubrir la historia de cómo se construyó, creció y se desarrolló la ciudad de Barcelona. Se baja al subsuelo de la ciudad y se pueden ver las ruinas de lo que queda de la época romana y aún anterior. A través de los vídeos se hace más comprensible entender cómo se desarrollaba la vida en la ciudad. Está muy bien indicado. Está situado a pocos metros de la Plaça Sant Jaume. Muy bien comunicado con el transporte público. En el primer domingo del mes la entrada es gratuita. La visita acaba dentro del Palau de la Plaça del Rei. Se trata de un ameno viaje por la historia y por las épocas de la ciudad. Se puede “viajar” por el período románico y por el gótico hasta el siglo XX. Con una muy buena organización para el seguimiento de las “rutas”, el museo entrega una excelente relación costo/cultura. Un regreso al pasado para sentirse en las calles de la ciudad amurallada, en la Provincia de la Imperial Tarraco bajo el dominio de Roma.

Fanatico de Messi y del fútbol ansiaba pisar el Camp Nou. Este es un monumento del y al fútbol. Todo aquí es perfecto, desde la estructura de marketing hasta la prolija y pensada estructura en la que funciona el BarÇa. Es el estadio más grande de Europa con capacidad para casi 100.000 personas. Y la organización de la visita está perfectamente estructurada. El pase incluye una visita a la zona audiovisual, la zona interactiva (pantallas táctiles e información detallada por años), la sala de copas, el acceso al estadio pasando por los vestuarios, la sala de prensa y las cabinas de radio.

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El club ha anunciado una remodelación para hacerlo aún mejor de lo que es. La visita al campo de juego se hace con un audio guía para que no te pierdas ni un detalle. Después se puede pasear por el museo, que para los amantes del deporte en general y el fútbol en particular es imperdible. Me pasé tres horas que no me voy a olvidar más. 

Barcelona tiene con nueve playas. Y es uno de sus grandes activos en verano, cuando el tiempo es cálido y el mar y la arena son una invitación. Son muy accesibles y se puede llegar tanto caminando como en el metro.

Están buenas porque todas tienen baños y están muy limpias. La gente las cuida y las mantiene. La más famosa es quizás la que está junto a los dos pequeños rascacielos de Barcelona, la Platja de la Barceloneta. Allí hay varios buenos restaurantes en donde se puede almorzar para evitar el solazo del mediodía y luego de un buen descanso a la sombra regresar a la tarde para un poco más de diversión en la arena.

Para los que quieran otro estilo más natural y menos citadino, está la Costa Brava a una hora de la ciudad, en auto hacia el norte.

Otra excelente opción es la bici. Hay varios tours armados que permiten conocer y familiarizarse con la ciudad. Elijo el de “Flat Tire Bike Tours Barcelona”, un famoso negocio de alquiler de bicis en varias ciudades de Europa. Fue una buena experiencia que de alguna manera, como me ocurre en todos los lugares que visito, me da la posibilidad de sentirme como un local. Además enseguida te haces de un grupo con el que generalmente la pasás bien porque es gente que está de buen ánimo también. Nuestro guía, Benja, lo hace divertido y nos lleva a recorrer los principales sitios turísticos de la ciudad, incluida la Ciutat Vella, para verla desde una perspectiva diferente.

Visitamos el Barri de Gràcia, un pequeño y antiguo barrio que fue un pueblo en sí mismo antes de unirse completamente a Barcelona. Hoy en día es un lugar perfecto para salir a tomar unas copas con el ambiente quizás más auténtico de Catalunya. Noto que en algunos bares hay banderas independentistas, al lado de kebabs de los paquistaníes.

Luego de ver el monumento a Colón pasamos por el el Parc de la Ciutadella. Es enorme y con mucha vegetación y un lago en el medio donde se pueden alquilar botes. Benja cuenta que los domingos vienen cientos de jóvenes y no tan jóvenes para hacer malabarismo. Allí también vemos además del Zoo de Barcelona, el Palau del Parlament de Catalunya. 

La Basílica de Santa María del Mar es hermosa en sí misma y además se encuentra en una zona muy agradable para pasear. En el verano es ideal para disfrutar de los bares al aire libre que hay en los alrededores.

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La iglesia es un claro ejemplo del gótico catalán, naves austeras y majestuosas y el efecto mágico de la luz. Sorprende la imagen de Santa María, sencilla, entre tanta inmensidad. Es el mejor interior arquitectónico de Barcelona y posiblemente de todo el gótico peninsular: majestuoso y equilibrado, un gótico que anuncia el equilibrio renacentista.

Se puede decir que es una arquitectura sustentable, que se construyó en un tiempo relativamente rápido para los medios con los que se contaba en la época, teniendo en cuenta que los fondos principales se estaban invirtiendo en la Catedral que se estaba construyendo al mismo tiempo y que tardó mucho más tiempo en acabarse. Un auténtico antídoto para el exabrupto (genial, pero exabrupto al fin y al cabo) que es la Sagrada Familia. La entrada cuesta 5 euros, pero vale la pena pagarla, aun cuando a partir de las cinco de la tarde el ingreso es gratuito.

Al lado se encuentra el Fossar de les Moreres (el cementerio de las Moreras), muy importante para los catalanes porque allí yacen los caídos en la defensa de la ciudad en el sitio del 11 de septiembre de 1714. 

Barcelona tiene también un hito natural característico que es el Montjuic. Se trata de un pequeño monte de 184 m delante del mar que se ve desde cualquier punto de la ciudad, recuerda al famoso “Cerro” de Montevideo. Los judíos enterraban allí a sus muertos y de allí deriva su actual nombre en catalán. El monte está rodeado de un parque muy grande perfecto para explorar durante toda una mañana y llegar arriba del todo desde donde se tienen muy buenas vistas de la ciudad, sobre todo desde el castillo que hay en la cima.

Por el lado de “atrás” de la ciudad aparece otra elevación, un poco más importante, de unos 500 m, el Tibidabo, que separa a Barcelona del resto de la región autónoma de Catalunya.

Ideal para visitar en un día claro, en la cima tiene un pequeño parque de atracciones y una iglesia desde la que también se tienen vistas inmejorables de la ciudad.

De vuelta en la ciudad nos preparamos para nuestra última visita, el Palau de la Musica Orfeo Catalana.

Disfrutar de un concierto en el Palau de la Música es una de las experiencias más sublimes que se pueden tener en Barcelona. El escenario, la acústica y la belleza del lugar hacen de cualquier concierto un momento irrepetible e inolvidable.

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Espectacular, con un alto nivel en arquitectura y limpieza. Es ideal ir por las mañanas soleadas para disfrutar la magia de la luz y sus efectos en el interior.

El personal que guía los grupos es muy calificado y mejor que cualquier aparato electrónico. Hay que mirar todo con calma para apreciar cada detalle, pero irse de Barcelona sin verlo es como es como ir a París y no visitar la Tour Eiffel.

Barcelona tiene una gastronomía única, tanto regional como internacional. Me gustaría dejarles un par de recomendaciones de dos restaurantes de gran nivel, aunque no necesariamente caros. Uno es el Blavis, que tiene un gran ambiente, una muy cálida atención, es pequeño, de unas 15 personas como máximo. La comida es excelente: el steak tartar, la cochinilla pibil, las patatas bravas, las berenjenas, los postres. Y todo acompañado con un buen vino. Muy buena alternativa.

El otro es Viana Barcelona que descuella en la oferta del Barri Gótic. Buena comida, excelente atención y orgullo del trabajo bien hecho. Hasta la relación calidad-precio es buena.

Gran presentación de los platos, gran calidad de la comida, no muy abundante pero tampoco escasa. El dueño, siempre presente, servicial, amable y pendiente de todo. Las mozas rápidas, atentas y muy amables. El sitio es pequeño también, pero paga el dinero con creces.