Báez detenido

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La detención de Lázaro Báez y de Daniel Pérez Gadín ordenada por el juez Sebastián Casanello encierra múltiples aristas.

En primer lugar el hecho de que haya sucedido un día después del conocimiento de los llamados “Panamá Papers” que incluían al presidente Macri figurando como director en un par de sociedades off shore mínimas y extinguidas, dieron lugar a una reacción típica en los países pasados de descreídos: “viste, es de manual: ahora detienen a Báez para tapar lo de Macri”.

La Argentina que, efectivamente, tiene derecho a tener ese pensamiento malformado en la cabeza, es un país enfermo que, aparentemente, ni siquiera puede sanarse tomando los remedios adecuados.

Todo el mundo reclamaba que Casanello actuara, que no demorara las diligencias con los Báez y con los que aparecían en el video de “la Rosadita”. Pues bien, cuando eso sucede, la sociedad cree que es por lo de Macri. No tenemos cura. Estamos muy mal desde el punto de vista psíquico y es urgente que en algún momento se corte este clima de sospecha permanente y sepamos separar la paja del trigo.

Vamos a decirlo con todas las letras: si la sociedad no es capaz de distinguir que la gente que integra el nuevo gobierno es “mejor gente” que la que integraba el gobierno anterior, vamos a andar mal. En efecto, el gobierno anterior estaba integrado por individuos de muy baja calidad moral. El cinismo y, muchas veces, el delito directo era el mundo en el que se movían.

Venían construyendo ese imperio del robo desde Santa Cruz en donde diseñaron un esquema de rapiña sistemática del Tesoro Público.

De otro modo no se entiende cómo dos personajes dedicados toda la vida a la función pública tengan fortunas declaradas (por supuesto nadie conoce la no declarada) de millones y millones de pesos. Todo el mundo sabe cómo Oyarbide sobreseyó a los Kirchner en una causa por enriquecimiento ilícito, en un trámite express avalado tan solo con el dictamen contable del propio auditor de los acusados y que el fiscal de la causa dejó correr el plazo de apelación justo el día que secuestraron a su hijo.

Tampoco nadie puede explicar el buen pasar de otros integrantes de aquel gobierno a quienes tampoco se le conocen actividades privadas exitosas como De Vido, Fernández, Zanini, Boudou, Jaime, Alicia Kirchner, y tantos otros que viven como millonarios y nunca trabajaron en otra cosa que no sea a sueldo del erario público.

Por lo tanto la sociedad debe archivar sus escrúpulos contra “la gente que viene de las empresas” (típico señalamiento al gobierno de Macri) porque ésta gente (los Frigerio, los Cabrera, los Prat Gay, los Aranguren, los Ibarra, y también los Carrió, los Aguad, los Triacca) son cívicamente mejores que los Kirchner, los De Vido, los Fernández, los Zanini, los Boudou. Hay que decirlo así, porque si no, por ser políticamente correctos, siempre vamos a andar con vocabularios atajados en un punto en donde hay que ser claros: los países terminan definiéndose, en general, por el tipo de material humano que tienen y, en particular, por el tipo de material humano que tienen en el gobierno.

Es entendible que quien la está pasando mal desconfíe de quien tiene plata. Y más en un país donde muchos -empezando por gente como la del gobierno anterior- no pueden explicar lo que tienen. Pero debemos hacer un esfuerzo de confianza y creer en esta gente.

Una de las cosas prácticas que podríamos empezar a hacer sería, por ejemplo, no pensar que detuvieron a Báez para “tapar” lo de Macri. Ahí tenemos un ejemplo concreto de qué podemos hacer para empezar a cambiar.

Ahora sí, si estos tipos se llegan a mandar una ¡¡el peso de la desilusión nacional (además, claro está, de las sanciones que les correspondan por la aplicación de la ley) que llevarán de por vida sobre sus hombros será monumental!! Y allí sí que tendremos todo el derecho de recordárselo cada minuto de su vida como un taladro tormentoso.

Pero mientras tanto, por favor, no le hagamos el juego a quienes nos robaron, a quienes se quedaron con millones y millones de dólares que la sociedad generó con su trabajo esforzado y honesto.

En segundo lugar, la detención de Lázaro, disparó una discusión legal sobre si podría acogerse o  no a algún beneficio legal en el caso de que brinde información que permita profundizar la investigación. En ese sentido la cuestión es mucho más clara que aquellas que incluyen aspectos inasibles como las simpatías o las antipatías, que son, muchas veces, inexplicables.

La modificación a la ley antilavado, que fue sancionada para que el país fuera retirado de la “lista gris” del GAFI, expresamente prevé que las disposiciones que establece la ley contra delitos terroristas respecto de personas que brinden información que hagan al esclarecimiento del caso a cambio de beneficios en su situación procesal, es aplicable a los delitos contemplados en esa ley, es decir, el lavado de dinero.

El juez Casanello detuvo a Báez bajo el argumento de que podría fugarse y evadir la investigación en la que está imputado justamente por ese delito, de modo que no hay dudas de que el socio de Kirchner puede hablar, aportar datos que profundicen la investigación y con ello obtener beneficios procesales a cambio. No hace falta, en su caso, dictar una “ley del arrepentido” específica. Esa ley sí sería necesaria si el delito investigado no fuera el lavado de dinero sino una causa por corrupción, como podría ser, por ejemplo, el amañamiento de una licitación para favorecer a personas determinadas. En ese caso sí la legislación actual no contempla la figura del arrepentido y sería necesaria su sanción.

Ayer muchos calificaban al día como histórico. Puede ser. Depende de nosotros. Si empastamos lo que ocurrió en un afán estúpido de “compensación”, como si no pudiéramos tomar partido por algo sin, al mismo tiempo, dejar sentado que “tampoco endosamos lo que está pasando ahora”, es posible que parte de los beneficios de que los corruptos caigan se pierdan. ¿Por qué? Pues por la sencilla razón de que si nuestra furia contra la corrupción es compensada con nuestra furia contra “los que tienen plata” (como los Macri, los Prat Gay, los Cabrera o los Frigerio) es posible que perdamos la oportunidad de aprovechar, por una vez en la vida, los beneficios de tener en el gobierno a gente que no necesita robarnos para hacerse rica.