Alperovich, el perseguido

El senador por Tucumán José Alperovich fue acusado por una sobrina segunda suya (que trabajaba en el bloque de senadores peronistas por Tucumán) por abuso y violación reiterada. Desde Miami, donde está haciendo compras con su mujer, dijo que al regresar al país iba a aclarar “lo sucedido”.

De estos tres renglones de relato de los hechos surgen en cascada una serie de comentarios.

En primer lugar, parece que el nombramiento de familiares en los lugares administrativos de los legisladores, a sueldo de toda la sociedad, es una costumbre feudal que la Argentina no puede sacarse de encima.

Con todo, esa circunstancia es la menor en todo este dislate.

Alperovich hizo sus declaraciones por Twitter desde Miami, una ciudad que encarna una especie de Meca de confort, consumo, glamour y capitalismo que los Nac & Pop dicen aborrecer. ¿Qué hacía Alperovich allí? De compras con su mujer, como antes anduvo a lomo de camello por los riquísimos desiertos de Dubai, otro paraíso socialista, o por los paisajes esteños adonde llegaba a bordo del avión sanitario de la provincia dejando en tierra a chicos que, mientras tanto, se morían (literalmente).

Muy bien sigamos con esta especie de pirámide ascendente de despropósitos. 

Alperovich dijo que al volver, explicaría “lo sucedido”. Es decir, no niega que algo haya sucedido. Dice que él va a dar su versión de los hechos.

A su vez, no he escuchado la voz de la señora Fernández solidarizándose con la sobrina del gobernador por ser objeto de violencia de género y de violación. El colectivo de actrices, que alquiló teatros para denunciar otros casos, en este se limitó a emitir un “comunicado” que no sé quién leyó o siquiera si tuvo una difusión acorde.

Seguramente Alperovich se declarará un “perseguido político”, una nueva víctima del “Lawfare”, según explica, en su último libro, el solemne para nada Rafael Bielsa. Dicho esto entre paréntesis, por qué no se pregunta el ex canciller de Kirchner por qué los indeseables practicantes del “Lawfare” se han olvidado de molestar judicialmente a líderes progresistas y populares como Pepe Mujica, Ricardo Lagos, Tabaré Vázquez o Michelle Bachelet. ¿No será que ellos están tranquilos, a pesar de ser “progresistas”, porque no robaron? ¿No será que los que Bielsa considera “líderes populares perseguidos por los capitalistas”, son ladrones? ¿Por qué no integran la lista de Bielsa los ex presidentes peruanos investigados también por corrupción (Pedro Pablo Kuczynski, Ollanta Humala y Alejandro Toledo)? ¿Será porque no son del “palo” y en ese caso la investigación es «correcta»? En fin, no hay que olvidar quién escribió el libro.

Pero volviendo a Alperovich, ¿por qué su trato es diferente a lo que ha ocurrido en otros casos del mismo grado de salvajada? ¿Será que las salvajadas son más o menos salvajes según quien las cometa?

Por las redes anda dando vueltas un video del Comandante Chávez -sí, sí, el inventor del socialismo del siglo XXI- pidiendo a los gritos que le tiren gas a quienes corten una ruta o una avenida, prendan fuego a lo que sea o siquiera amaguen tocar a un policía. ¿Qué diría el conjunto Nac & Pop de esto? ¿Cuál sería la reacción de los Grabois, Del Caño, Baradel, Moyano, Micheli, Pitrola, solo por citar a algunos que se creen “dueños de la calle”? ¿Estarían de acuerdo con el Comandante? ¿O “su” gas es popular y el de Piñera o Macri, capitalista?

¿Será que el pene de Alperovich es Nac & Pop y por eso está santificado y al margen de cometer violación y el de los demás es un salvaje instrumento de la dominación yanqui?

El senado tiene la oportunidad de expedirse de modo concluyente frente a este caso. La señora Fernández debería estar sugiriendo en su carácter de futura presidente del cuerpo el desafuero inmediato de Alperovich. ¿O será que piensa que el tucumano podría vengarse convenciendo a otros para que la desafueren a ella también por los múltiples delitos que cometió?

Tal vez Fernández pueda consultar al ex canciller de su marido, para ver qué conejo puede sacar de su galera poética para encuadrar a Alperovich en una figura compatible con la de la pobre victima que es perseguida por los gorilas que quieren hundir a un defensor del pueblo como él.

Después de todo es algo parecido a lo que le ocurrió a ella, ¿no? Fernández, junto a su familia, se cansó de violar el Tesoro Público y el bolsillo de los argentinos, pero ahora, por obra del “Lawfare” nos venimos a enterar que no, que era sólo una pobre víctima perseguida por las poderosas corporaciones que la odian por amar al pueblo.

Estoy seguro que, aunque en el Derecho Penal no rige la analogía, los cráneos del populismo se las ingeniarán para convencer a todo el mundo de que en su caso sí es aplicable y que en realidad a Alperovich hay que pedirle perdón.