A veces hay que dar un paso atrás para dar dos para adelante

Quienes me conocen no necesitan que les aclare que soy un liberal de la Constitución. Un alberdiano para más datos. Por eso estoy en contra de cualquier intervención del Estado en la economía y en la vida privada de los ciudadanos.

El tema es que el país es culturalmente peronista y las batallas culturales se ganan con astucia. ¡Qué lo diga Gramsci, si no! De ese modo el peronismo cambió el sentido común medio de la sociedad a mediados del siglo pasado y nos hundió. Hay que revertir ese camino. Pero hay que ser vivo para hacerlo, hay que saber dar rodeos, siempre con el objetivo en mente (volver a los valores de la Constitución) pero con táctica y estrategia.

En estos momentos en que las cosas están dadas para que la demagogia peronista explote (incluso con derivaciones graves y violentas) es donde hay que ser más inteligente y más estratega.

No hay dudas que si no se toman medidas inteligentes el gobierno entrará en serios inconvenientes. El argentino es muy “veleta” y le han ocurrido muchas cosas ya con su dinero como para que no esté con la guardia alta. Una sola chispa puede encender una corrida bancaria (que los peronistas están esperando como el pan) y de allí al helicóptero hay solo unos pasos.

De modo que hay que ser precavidos aquí y cuidar a la gente que puede plegarse a la demagogia de algunos violentos que lo único que quieren es recuperar el poder para no ir a la cárcel.

El terreno de la lucha es por esa gente. A esa gente hay que bajarle los impuestos, hacerle más sencillo el acceso a la comida, sacarle la angustia de la alimentación y, en lo posible, del empleo.

En economías y culturas libres (las de la Constitución) no hace falta hacer esto porque la bonanza que genera la libertad impide directamente que estos problemas primarios de escasez, pobreza y miseria aparezcan. Pero en una economía y en una cultura peronizadas y sazonadas -por si faltara algo- con un poco de troskokirchnerismo violento y desesperado por no ir preso, el gobierno debe ser vivo y salir al cruce de la conquista de ese sector debilitado y por ende propenso a creer las fantasías de los desesperados y de los violentos.

Desde que el presidente anunció con todo criterio el levantamiento de las retenciones agropecuarias en diciembre de 2015, el tipo de cambio se apreció casi el 160%. Volver a establecer esas retenciones excepcionalmente, le pueden reportar al gobierno una recaudación extra de $250 mil millones de pesos, sin tocar un solo impuesto más.

Reordenar el mercado de la carne para posibilitar la venta por cortes y no por media res, puede contribuir a generar un mercado barato de cortes populares y concentrar el mercado de los cortes caros en la exportación.

Como saben, participo bastante seguido del panel de Intratables y allí me ha tocado compartir el programa muchas veces con  Néstor Segovia, el impresentable metrodelegado de la línea C. ¿Cuál ha sido la queja más recurrente de Segovia en ese programa desde que lo conozco? No poder hacer más un asado. Parece mentira pero el argentino termina decidiendo su vida a partir de si puede hacer un asado o no o si puede ver futbol gratis por TV. Así somos de “populistas”. Y no hablo de los gobiernos. Hablo de nosotros.

Muy bien. Si vos te encontrás con esa realidad, lo que tenés que hacer es lidiar inteligentemente con ella, sin perder de vista tu objetivo final que es el de que toda esa gente vuelva a tener el sentido común de la Constitución.

El campo ha contribuido históricamente a la recuperación del país. Muy bien este es un momento para que si se habla de equilibrar los números vía los “ingresos” sea ese sector -que tuvo un aumento del 160% en el tipo de cambio- el que tenga que hacer un esfuerzo adicional. Ya lo sé: “una vez más”, me dirán con todo derecho. Y si… lamentablemente, una vez más.

Con 250 mil millones de pesos extra se sobrecumplirían las metas del acuerdo con el Fondo y el nivel de desconfianza caería sustancialmente. Al caer el nivel de desconfianza se frenaría la devaluación del peso y con ello el peligro de un retiro masivo de fondos de los bancos.

Resulta obvio que, mientras el país tenga como opciones políticas a algo más o menos racional, por un lado, y, por el otro, al populismo radicalizado, no será viable. De modo que nuestra única opción es que la alternativa “más o menos racional” no se caiga, porque si se cae estamos fritos.

Y los primeros que van a freírse son los muchachos “del campo” a quienes esa gente les tiene un odio particular, más allá de sus planes conocidos de robarse todo otra vez.

De nuevo, es posible que cuando esto esté delante de sus ojos estas medidas ya se hayan tomado.

Si es así, con toda la pesadumbre del mundo, diré que era lo que había que hacer. A partir de allí debe gestarse un programa serio de reducción de impuestos a la clase media, a las pymes y a los alimentos en base a una reducción proyectada pero firme de la participación del Estado en la economía. Más ciudadanos y menos Estado. Es la única alternativa para que la sociedad deje de estar asfixiada y de vivir estrangulada.

Pero para alcanzar ese fin hay que ser temporalmente contradictorio y buscar fondos donde los hay para estabilizar la situación y evitar que los conspiradores de siempre hagan triunfar nuevamente al populismo.

Los llamados “mercados” (que en el fondo somos todos nosotros) no reinstalaremos la confianza si no vemos que el gobierno dispone del dinero. El tenerlo ahora es algo urgente y lo urgente lo resuelven los que tienen capacidad para resolverlo. Ni por las tapas se le puede ocurrir al presidente aumentarle los impuestos a la clase media, a las pymes y a los que pueden ser presa de los “vivos del saqueo”. Esa gente es su base electoral. Debe protegerla para que la opción “racional” tenga una chance de retrotraer los valores culturales medios de la sociedad a aquellos que son compatibles con la Constitución.