A propósito del sistema de salud

En las últimas horas se conocieron algunos detalles de lo que le han cobrado a un ciudadano argentino en Bolivia por atenderse en un centro hospitalario allí: tuvo que pagar hasta el papel higiénico que usó… Parecería que los regímenes chavistas tienen una cuestión con ese insumo.

De todos modos, el ejemplo sirvió para poner de nuevo en el tapete la tan mentada cuestión de la reciprocidad en el trato de los ciudadanos de la “patria grande” -como les gusta decir a los demagogos cuando se habla de América Latina-.

El tema es que, en la región, parecería ser que los únicos “recíprocos” (por no decir otra cosa) somos nosotros. Aquí cualquiera viene y por más compleja que sea su situación médica se lo atiene gratis (es decir, con el dinero que pagan los buenudos argentinos) sin preguntarle ni el nombre.

En el resto de los países de Latinoamérica, a los argentinos les piden un seguro médico y si no… a pagar se ha dicho. Ni hablar en Europa o en EEUU en donde si no existieran los servicios asistenciales de viajero, no se podría viajar por el mero riesgo de que ocurra algo.

Pero la Argentina es la gran obra social del Universo, total, los buenudos argentinos solventan un sistema de salud quebrado y que necesita de la existencia de un esquema privado paralelo que vale fortunas y que los que quieren estar bien atendidos en caso de necesidad, tienen que pagar porque si no, el día que les pasa algo, seguro que para ellos sí ni gasas hay en el hospital público.

Todo este esquema, respecto del cual podríamos hacer un duplicado con carbónico para la educación y el uso indiscriminado de nuestras universidades, no resiste el menor análisis.

Para colmo la cuestión no es difícil de resolver: no haría falta más que un Excel como el boliviano en donde el hospital describe los items de gasto y -en lugar de hacércelo pagar al visitante- lo gira al Ministerio de Relaciones Exteriores que a su vez lo incorporará a una “balanza de pagos bilateral de la salud y la educación” con los países de que se trate.

Se trata de una cuenta que podría llevar un estudiante de primer año de contabilidad: se atendieron tantos extranjeros en el país que costaron tanto, cada uno de esos gastos van a la cuenta corriente del país que corresponda que, como ya dijimos, a los argentinos de por sí les cobran en persona o a través del seguro médico que ese argentino paga.

Se trata de un tema que pone sobre la mesa la incapacidad que tiene el país para enfrentar un problema y resolverlo. Si bien como dijimos tantas veces, la solución de fondo de los problemas nacionales debería provenir de un cambio profundo en la forma que el país tiene de operar (lo que no puede lograrse sino con un cambio completo de la legislación, porque es la ley la que indica cómo los países funcionan) al menos, si creemos que debemos encarar los problemas de a uno, pues hagámoslo de una vez. Y este parece ser un caso típico en donde los obstáculos  para que se haga algo parecerían no existir.

A ver: ¿qué es lo que impide que con esto se haga algo ya, ahora mismo? ¿Qué es lo que traba tomar esta cuestión y resolverla a partir de mañana?

Al país llegan incluso “tours” médicos que traen pacientes con cirugías programadas que los buenudos argentinos pagamos de nuestro bolsillo. Se ha llegado a saber de casos en que extranjeros han venido aquí a hacerse cirugías plásticas a costa de los contribuyentes. Mientras los bolivianos –que serán revolucionarios bolivarianos pero que no son idiotas- nos cobran hasta el papel higiénico. Resulta francamente sorprendente que este tema siga vivito y coleando desde hace décadas.

Y que conste que no se trata de un tema de xenofobia o de subirnos a una ola nacionalista repugnante como la que parece soplar en muchos países del mundo hoy. No: se trata de un tema de estricta justicia y, volvemos a repetir, reciprocidad.

La Argentina del revolucionismo kirchnerista estableció visas de ingreso para los turistas de EEUU, Australia y Canadá, porque esos países no exigen visa a nosotros. Resulta que allí no había xenofobia sino estricta reciprocidad. Pero cuando le querés cobrar el alcohol a un extranjero en un hospital, son un hijo de Bolsonaro. No es así, las cosas no son así.

En mi caso soy partidario de la mayor apertura del país hacia el mundo. La única vez en que la Argentina fue un país digno fue cuando le abrió sus puertas al mundo y se mezcló con él. Pero esto que discutimos aquí no es una cuestión de multiculturalismo. Esta es una cuestión de plata; de insumos que cuestan y que si no los paga el país cuyos ciudadanos los consumen, lo tenemos que pagar nosotros, que no andamos, precisamente para esos trotes.

Todo aquel que malinterprete esto como una cuestión de xenofobia o de negación a la integración multicultural no entiende nada o bien no es honesto intelectualmente. Repito: solo se trata de quien paga los insumos que se usan. ¿Y por qué si cuando voy a otro país me los cobran yo no los puedo cobrar a los que vienen aquí? Es tan sencillo y (aparentemente) tan complicado como eso.