A propósito de los rumores de dolarización

En medio de esta continua intranquilidad, se pronunciaron por primera vez las palabras mágicas: dolarización de la economía.

Efectivamente creo que la adopción de una moneda por parte de un país que no tiene moneda sería una experiencia que obligaría “de prepo” a una serie de ajustes que parecería que el país no quiere afrontar de otro modo.

Pero lamentablemente cualquier intento es ese sentido está destinado al fracaso por una simple y sencilla razón: la estructura peronista y populista de leyes laborales que tenemos.

Mientras el país siga preso de la extorsión sindical apoyada en el derecho positivo de la legislación laboral, todo intento de dotar de racionalidad a la economía va a fracasar, incluido el de adoptar una moneda extranjera confiable para derrotar la inflación, bajar las tasas y dotar de estabilidad las previsiones de negocios de las empresas.

Con esta base de legislación laboral si se adoptara una moneda en serio la productividad del país debería empardar de alguna manera la productividad del país emisor de la moneda adoptada.

Cualquier desequilibrio en ese sentido haría estallar el experimento con una tasa de desempleo altísima y una conflictividad social sin par.

Fue el gran problema de la Convertibilidad. Ese mecanismo no fracasó por lo que técnicamente implicaba sino por el agujero fiscal inmanejable del peronismo en el gobierno que, más allá de los discursos, seguía inflando un gasto insoportable que el corset convertible no resistió.

Ese agujero fiscal está motivado en gran medida por la inflexibilidad de las leyes laborales. Es más en materia de empleo público el delirio llegó tan lejos como para incluir en la reforma de 1957 de la Constitución (de clara influencia peronista) la llamada “estabilidad del empleado público” como un derecho constitucional del artículo 14 “nuevo”.

Si el país no tiene la flexibilidad suficiente para ajustar su productividad y la planta de los empleados del Estado, es inútil intentar experimentar con una moneda en serio.

Lamentablemente para países que no hacen sus ajustes por la racionalidad de los mismos, el mecanismo de la devaluación actúa como una válvula de escape para aliviar presiones. Ese atajo sería imposible en un escenario de dolarización.

Es lo mismo que acontece con varios países del segundo anillo de desarrollo europeo que se han incorporado a la Unión y a la moneda común, el Euro. Son varios los que han tenido que hacer un esfuerzo de constricción enorme para poder mantenerse en el mercado común y en la unión monetaria.

Y la Argentina y los gobiernos que hemos tenido hasta ahora no parecen dispuestos a arremeter contra toda esa estructura sindical/legal que se haya en la raíz de la decadencia del país.

Lo que a su vez hay por detrás de esa entente es una mezcla de mafia y miedo que mientras no se deshaga nos mantendrá atados a sus vaivenes.

La mafia es evidente detrás de cada organización sindical. No creo que haya una que se salve. Desde “secretarios generales” eternos y multimillonarios hasta procedimientos de barras bravas para apretar a todo aquel que se les oponga, hay toda una pléyade de “costumbres” que se han hecho carne en la sociedad y que ésta ya toma como normal. Nada de eso es compatible con una eventual dolarización de la economía.

Por otro lado existe un espíritu que lamentablemente el peronismo le ha inoculado a esta sociedad que es el miedo, el miedo a perder el trabajo, el miedo a cambiar, el miedo a emprender, el miedo a la aventura, en fin, el miedo a la vida.

Lo que ocurre es que ha camuflado ese miedo detrás de maneras y procedimientos bravucones dignos de patoteros de cuarta (pero siempre en barra, no de a uno) que hacen aparecer a muchos argentinos como “valientes” y hasta como violentos.

Pero no son valientes. Todo lo contrario. Son cobardes. Tienen miedo al futuro, tienen miedo a perder lo que tienen y nunca apuestan a arriesgar para avanzar. Prefieren su precariedad conocida y familiar a la posibilidad del progreso.

Con esa pusilanimidad, tampoco es posible la dolarización porque para dolarizar, un pueblo debe adoptar de alguna manera los valores de la sociedad que emite legalmente los dólares. Y la sociedad argentina está muy lejos de estar sociológicamente convencida de que con SUS valores nunca va a progresar.