A la cabeza de la tilinguería

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Casi nunca en la historia de estas columnas los comentarios estuvieron centrados en una persona privada y, mucho menos, en sus dichos. Siempre lo que hemos expresado aquí se ha referido a las conductas, dichos o comportamientos de personas que ejercieron o ejercen algún tipo de poder en la Argentina porque forman parte del gobierno o de la estructura pública del Estado, de la política, de la oposición o de la administración.

Pero el de hoy va a ser un comentario excepcional. No en el sentido de su calidad, desde ya, sino en el sentido original de la palabra “excepcional”, esto es, será una columna con un contenido no habitual porque centrará su atención precisamente en los dichos de una persona privada, que no ejerce el poder y que está muy lejos de la práctica habitual de la política, más allá, claro está, que podría argumentarse que toda la actuación social y civil de un ciudadano es “política”, incluidas las ideas de estos mismos comentarios.

La Sra Beatriz Sarlo debe haber comprado todos los números de la rifa en donde el premio mayor es la cucarda de la tilinguería nacional. El tilingo es aquel que asume posturas que cree que “le quedan bien” porque es “cool” opinar o aparecer de tal o cual modo en la vida social o en los medios. Sarlo es una especie de esterotipo del tilingo. El tilingo quiere ser como estéticamente cree que debe ser.

En un reportaje que concedió ayer al programa Código Político que conducen Julio Blank y Eduardo Van der Kooy por TN prácticamente no dejó nada por hacer en el terreno de la tilinguería.

Por empezar ese tono jactancioso, ubicándose en lo que seguramente a su juicio es un escalón superior de la cultura que mira por encima del hombro a los demás, a quienes considera inferiores desde el punto de vista del saber y del conocimiento.

Su manera de decir y de expresarse tiene todos los ingredientes del tilingo típico. En ese tono “bianudo” e impostado dijo “Macri me resulta aburrido. Mortal, para usar una palabra suya”. La verdad es que, hasta ahora en que la luminosa palabra de Sarlo viene a entregarle claridad a lo que estaba en en la oscuridad, no sabía que para ser un buen presidente o un buen administrador de los fondos de todos había que ser “divertido”.

Es más, el mundo ha conocido a muchos personajes que, seguramente a juicio de Sarlo, podían ser “divertídisimos” y no han sido otra cosa más que lacras que han hundido a sus pueblos en la miseria.

En el mismo sentido se refirió a Rajoy, el presidente del gobierno español, a quien consideró “aburrido de escuchar” como si lo que la gente eligiera para que la administre fueran juglares y poetas y no gestores de la cosa pública, sean ellos simpáticos o antipáticos.

Sarlo condenó que los funcionarios públicos escogidos por el Presidente para su gabinete y demás dependencias del Estado no tengan formación política sino que sean gerentes. “Tenemos que señalar aquí que los países a los cuales les admiramos su política tienen ministros y funcionarios con una carrera política, que se forman en universidades y escuelas de gobierno. Fijémonos en Francia o Inglaterra. Susana Malcorra -la canciller argentina-, podría darles unas lecciones de lo que pasa con los ministros en otros lugares del mundo”, dijo Sarlo en referencia a los empresarios escogidos por el macrismo para dirigir diferentes dependencias estatales.

“Aquí no se permiten las carreras políticas, como en otros países. No es que hay gente en Inglaterra que pasó de la Esso a un ministerio y cuando se aburrió volvió a ser CEO”, añadió.

La verdad es que frente a manifestaciones como estas uno no sabe si se está hablando en serio o en broma. ¿Cómo puede exigirse la utilización de procedimientos que la propia persona que los reclama admite que no existen en el país?, ¿cómo puede pedirse que la política llene sus cargos con políticos salidos de escuelas públicas de administración cuando uno mismo admite que no existen en la Argentina las escuelas públicas de administración?

Y luego está, por supuesto, la tilinguería típica de aplicarle un palo a lo que ella llama “gerentes” como si esa gente perteneciera a una rama subalterna de la cultura que no merecen siquiera su consideración. Fue muy sintomático cuando luego agregó respecto del mismo tema: “No conozco gerentes. No hay motivo para conocerlos”. ¡Claro, seguramente Sarlo pensará que ninguno de esos laburantes de escritorio están a su altura intelectual! Pues bien, Sra Sarlo, si piensa así y es coherente con lo que dice, debería ir deshaciéndose de su vestuario, de sus enseres domésticos, de sus dispositivos electrónicos -en donde seguramente despliega la inmensidad de su intelecto-, de su automóvil y prácticamente de todos los elementos de confort que la rodean porque -en lo que probablemente sea para usted una lamentable información- todos han sido el producto de “gerentes”. Gerentes que los inventaron, que los diseñaron, que los produjeron y que los comercializaron.

Sarlo reúne en su persona todos los tics de los que sienten esa especie de desdén seudointelectual por la practicidad y lo expresa de un modo arrogante como dando a entender que no hay dudas que ella -y los de su clase- constituyen una especie de casta desigual y superior que no está dispuesta a bajar a la altura terrenal de los “gerentes”.

Está a años luz de comprender que su propia existencia y su propia actividad sería imposible (y en gran medida está garantizada) por todos aquellos a los que ella trata como inferiores.

Resulta francamente repugnante ese esterotipo. Toda su mímica es repulsiva, como si quisiera marcar una distancia entre el resto del mundo y ella misma.

Sarlo debería bajar varios escalones en su escalera de egolatría y reconocer que la principal tarea de un gobierno consiste en una labor de gestión. Que ese trabajo podrá resultarle a ella “mortal” o “aburrido” pero que es preferible que sea hecho por personas que tienen noción de lo que es haber pagado una quincena en fecha antes de que sea protagonizado por personajes épicos que podrán resultarle a Sarlo muy divertidos pero que, mientras ella se divierte juzgándoles desde sus sesudos ángulos sociológicos, la gente se muere de hambre porque la administración de los recursos públicos es un desastre.

Sarlo podrá traer ejemplos ingleses y franceses sobre la existencia de escuelas de administración (de todos modos inaplicables en la Argentina porque ya dijimos que dichos institutos no existen en el país) y otros podrán inundarla de ejemplos de países líderes del mundo en donde muchos de los puestos públicos de relevancia son llenados por lo que ella despectivamente llamaría “gerentes”. Más de la mitad de las municipalidades norteamericanas no son administradas por el alcalde que gana las elecciones, por ejemplo, sino por gerentes profesionales contratados.  Quizás para Sarlo eso sea aburridísimo, pero Dios me libre de verla a ella siquiera pisando uno de esos pueblos y mucho menos disfrutando de las bondades de su eficiencia.

Personas como Sarlo son necesarias para el desarrollo intelectual de un país. Lo que está demás es la tilinguería y la jactancia. Sarlo no tiene ningún derecho a 20 días de la asunción un gobierno a establecer patrones de críticas sobre la generalísima apreciación de que sus funcionarios, incluido el presidente, son “gerentes aburridos”. La Argentina, Sra Sarlo, ha tenido demasiados personajes borrachos de bronce e interesantísimos desde el punto de vista fenomenológico, que, sin embargo, desdeñaron la simple tarea de la administración responsable de los recursos.

Seguramente a usted toda esa banda de impresentables le habrá resultado más interesante para describir y analizar. Pero mientras usted se divertía realizando sus análisis, millones de personas carecían de los elementos mínimos para vivir porque la falta de profesionalismo en la administración y la corrupción rapaz habían hecho desaparecer los recursos públicos.

Bienvenido el aburrimiento, Sarlo, si es que de él surge el orden y la sanidad en el manejo de lo que nos pertenece a todos.


  • Oscar Mary

    Carlos: anoche yo también me sorprendí con esos comentarios. Coincido con tu apreciación. Puedo dar testimonio de dos de los temas que exponés. He visto venirse abajo a empresas de primer nivel cuando se privilegió a los “divertidos” pero inexpertos por sobre los “aburridos” pero eficientes. Estoy trabajando en una ciudad de Texas con 128,000 habitantes, dirigida por un alcalde y 7 concejales pero administrada por un “city manager” profesional. No sé si es divertido o aburrido, pero la ciudad está impecable y recientemente fue incluida en la lista de las 25 ciudades más seguras de USA: la policía y los bomberos forman parte del organigrama de la administración de la ciudad publicado en el sitio web de la ciudad. Ah, y si imaginás que quién está al tope de la pirámide es el alcalde, te equivocaste: dice “The People”. Creo que tenemos un largo camino para recorrer pero por suerte estamos dando los primeros pasos. Abrazos.

  • Dockmaster

    Charly: no te preocupes por Sarlo, no existe y además es fabuladora; te cuento por que.
    Sarlo escribió un libro que trata de la vida de una maestra llamada Rosa del Río -de principio del siglo XX- al estilo de “Soy Roca” pero de cuarta. El asunto es que Sarlo dice que Rosa del Río estudió magisterio en una escuela del centro, esto es: el Normal 1 o el 9, en av. Córdoba y Ayacucho -el 1- o Callao y Lavalle -el 9-. Pasa que yo estudié en el N1 y trabajé en el archivo histórico del mismo y, ¡No existe ninguna Rosa del Río en las actas de alumnos egresados!; de ningún año. Esto da que Rosita del Río haya estudiado en el Normal 9; donde tampoco aparece. Muchos de los profesores del N1 y el N9 son los mismos y la buscaron, y no está. Es decir: Rosa del Río ¿existió? Porque Julio Argentino Roca, de “Soy Roca” sí.
    Habría que preguntarle a Sarlo -así al pasar- ¿dónde decís que estudió Rosa del Río?
    En síntesis: Sarlo miente.

  • Richard Coates

    Seguro que le resulta “divertidísimo” el intendente de Caucete en San Juan quien nombró a toda su familia en el gabinete …. cuanto mejor tener tu hija de 19 años y tu hijo de 18 años gestionando la municipalidad que un maldito “gerente” con capacitación y experiencia de gestionar!