A propósito de “The Mapuche Nation”

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Aparece en el decálogo que Lenin legó a sus guerrilleros hace más de 100 años. No es nuevo. Y quienes lo queremos ver, lo vemos. De tan claro es burdo.

“Necesitamos un muerto” decía el propagador de la peste más dañina y mortal que ha conocido el Universo, el comunismo. El muerto los habilita a la rebelión, a romper todo, a ir a “arrancarle” (como decía Marx) sus posesiones a “la burguesía”, a acusar al otro de asesino.

Daba pena ayer ver a Estela de Carlotto, con una cara de circunstancia que ni ella se creía, hablar del “desaparecido de Macri”. Parecía encantada con la situación: “finalmente lo tenemos” decía claramente su semblante.

No me extrañaría que Santiago Maldonado esté bien guardado por una de sus propias organizaciones mapuche/anarquistas. Una organización –la mapuche- muy curiosa porque, disfrazada de pueblo originario, tiene sede en el número 6 de Lodge Street en Bristol, Gran Bretaña, bajo el nombre de “The Mapuche Nation”.

Yo me pregunto ¿hay algo peor que esta gente?, ¿hay algo peor que un conjunto de forajidos que a cuchillazo limpio entran en la Casa de Chubut, destruyendo todo a su paso y luego se manifiesta de manera también violenta enfrente del Congreso?

Si hay algo peor. Claro que hay algo peor. Y me refiero a los “Estela de Carlotto” a los “Horacio Verbitzky” (el doble agente de los años de plomo), a los “Cristina Fernández” lista siempre para empinar el pico y hablar sandeces.

No hay nada más lejos del gobierno de Cambiemos que el hecho de desaparecer personas y resulta francamente bajo esconder a alguien para generar un  hecho político. Y lo digo así, sin pelos en la lengua, porque la corrección política de este país me hartó.

El gobierno debería estar haciendo inteligencia de todos estos grupos. Porque la inteligencia debe utilizarse para prevenir hechos que pongan en peligro la seguridad de los argentinos. Y en realidad nadie sabe qué se proponen en última instancia estos sectores. Si nos guiamos por sus dichos, como mínimo, The Mapuche Nation, plantea su escisión de la Argentina algo expresamente prohibido por la Constitución. No sabemos qué están dispuestos a hacer para lograr ese objetivo.

Tampoco sabemos quién los financia. Como no sabíamos –hasta hace muy poco- que a Barrios de Pie y al Movimiento Evita los financiaba el chavismo.

El “Operativo América” diseñado en La Habana a comienzos de los ’60 no se ha dado por vencido.

Aún mantiene en un rinconcito de su corazón la esperanza de someter a toda América Latina al comunismo castrista. Esa debería ser materia de investigación por los organismos de inteligencia, que para eso mantenemos con nuestros impuestos.

Se trata de cuestiones muy sensibles que, en general, la corrección política deja avanzar -precisamente por corrección política- y que, cuando decide actuar, es tarde.

Está muy bien que la ministra de seguridad diga que no van a permitir la instalación de una ‘Mapuche Nation’ (repito, no lo digo irónicamente: ellos se hacen llamar así en Inglaterra) en medio de la Argentina. Pero este es un tema que estalló ahora como consecuencia de la ínsita violencia de sus propios integrantes.

Pero nadie sabe a ciencia cierta qué están tramando decenas de grupos violentos que lo que menos quieren es paz, democracia y desarrollo para la Argentina. Sencillamente porque la paz, la democracia y el desarrollo no son su negocio. En paz, democracia y desarrollo deberían ir a laburar

y eso es lo que no quieren. Ellos son los dueños del “cuanto peor, mejor”, del “salgamos a hacer quilombo”. Es para lo único que sirven. Como bien lo dice Del Caño, en uno de los spots que las empresas privadas de radio y televisión le pagan: “Aunque no les guste, nosotros lo vamos a seguir haciendo”. ¿Haciendo qué? Quilombo, lo único que conocen.

Es un reto a la sociedad sana. Es un reto que idiotas útiles que la van de intelectuales o de políticos resentidos apoyan y difunden. Son los mercaderes de los derechos humanos saliendo a denunciar una “desaparición” con cara de circunstancia. Era una obviedad que pagaba dos pesos.

Nadie debería tomar estos hechos como cuestiones menores. El Occidente liberal -del que algún vestigio aún queda en la Argentina- es generalmente bien estúpido frente a estos profesionales de la manipulación. Habría que aplicar contra ellos una especie de tolerancia cero: tolerancia cero al careteo, tolerancia cero a la mentira, tolerancia cero a la manipulación, tolerancia cero a los inventos, tolerancia cero a la violencia, tolerancia cero a la (aunque sea) incipiente formación de grupos revolucionarios contarios a la paz, a la libertad, al desarrollo y a la Constitución.

El caso de Santiago Maldonado debe ser desenmascarado como lo que es: una fachada falsa para construir un muñeco de dictadura donde lo que hay es un gobierno legítimo, democrático y pacífico elegido por el pueblo en unas elecciones libres que, justamente ellos y porque perdieron, nunca pudieron terminar de tragar.